Valdepiélago.



Un coto “sin muerte”
donde el Curueño cobra identidad

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona.
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No cabe la menor duda que cuando las legiones romanas determinaron abrirse camino hacia Asturias por Valdepiélago surcando las aguas del Curueño, pensarían, también, en la gran riqueza truchera que tienen sus aguas. Había que transportar mercancías y riquezas mineras, especialmente el oro, hasta Asturias. El camino a seguir a través de la montaña, lo indicaba este gran río Curueño, río de las mil y una sinfonías policromáticas que surgen de sus aguas y su paisaje.
Si los romanos eligieron Valdepiélago fue por algo. Es la entrada natural hacia la montaña y punto de unión entre todos los pueblos y aldeas del alto Curueño y la localidad más importante de la zona, La Vecilla.
Los alrededores de Valdepiélago respiran vestigios romanos. La historia así lo cuenta. Valdepiélago, junto con la Vecilla y Tolibia, fue vía importante de las comunicaciones romanas entre León y Asturias. Los productos extraídos en la tierra leonesa, oro y plata, se pasearon durante muchos años por la calzada romana que, paralelamente al río Curueño, todavía se puede localizar. El dificultoso paso natural se volvió artificial, labrado por los leoneses de antaño con sudor y vidas dejadas en las rocas de sus montañas, hasta convertir el trazado sinuoso y peligroso, en vía accesible hacia tierras astures y cántabras. Entre las almenas naturales de este paraje natural, seguro, que son miles las historias de la época y siempre como protagonistas, los romanos y el río Curueño. Este0 es el denominador común, incluso en nuestros días, de esta comarca maravillosa compuesta por el alto y bajo Curueño, lugares de lo más importante en la provincia leonesa en cuanto a la trucha y su pesca se refiere, sin olvidarnos de esos gallos únicos en el mundo, que dan fama a León, por la aplicación maravillosa de sus plumas para la confección de moscas para la pesca deportiva.
En Valdepiélago se respira aire fresco de la montaña mezclado con el olor a brezo, o hierba recién cortada. En Valdepiélago también se huele a trucha. Trucha fina, brava y con un colorido especial, que sólo tiene la del Curueño.
En Valdepiélago el despertar del día se convierte en canción. Qué tendrán estas tierras para desbordar tanta belleza.
No cabe la menor duda, que el terreno que se pisa es también un terreno único. Algo tiene el subsuelo de la comarca para que aquí se críen los mejores pollos y gallos de pluma para la pesca de la trucha. Los gallos crían una textura especial en su pluma, que cuando se les saca de la zona van perdiendo y degenerando. Son varios los criadores que dejan en plena libertad a sus gallos, para remozándose en sus praderías y con el aire y agua de la montaña, ofrecer su mejor plumaje, pleno de colorido, brillantez y calidad, que llegan a confundirse con la belleza natural del paisaje de la zona.
Valdepiélago es también un importante coto truchero con recodos y rincones repletos de buen sabor a trucha, con caídas y corrientes, donde el Curueño pone el colorido de sus aguas, convirtiéndolo en sinfonía de colores y policromía. Los azules se convierten en verdes, lo transparente en espejo… y es que las aguas del Curueño son puras canción.
Las “frezas” son sensacionales y el futuro aguarda con ilusión al río y al pescador, mientras se respete la naturaleza y no se pudra por la contaminación que cada día va a más. Si las muchas cuadras que tienen los pueblos no vierten el estiércol al río. Si en cada localidad funcionasen o se pusiesen depuradoras de aguas residuales, el río Curueño en pocos años se habrá regenerado de forma tal, que sería un auténtico vivero de truchas. Todavía se está a tiempo para impedir males mayores y conseguir que esto sea una realidad palpable.

EL COTO

Este tramo acotado se encuentra entre las localidades de Nocedo de Curueño y Renedo. Presenta unas características idóneas para la práctica de la pesca de la trucha en todas sus modalidades: cucharilla, mosquito ahogado y mosca seca. La cucharilla ahora está prohibida al ser coto “sin muerte” todos los días hábiles de pesca.
Se encuentra a unos 40 kilómetros de León, con buena red de comunicaciones, tanto por carretera como en tren.
La anchura media del curso fluvial es de 15 a 20 metros, aunque existen zonas donde el Curueño angosta tanto, que no llega a los 5 metros, cerrándose sobre las rocas calizas y formando pozos profundos, donde nuestra singular “pintona” encuentra un refugio sin par.
El límite superior del coto, se encuentra en la localidad de Nocedo, justo en el puente, mientras el inferior está localizado 250 metros aguas abajo del puente del ferrocarril León-Mataporquera. Existe un “vedado” total desde el puente antiguo de Valdepiélago hasta el límite inferior.

MEJORES ZONAS DE PESCA

No cabe la menor duda, que no es lo mismo pescar a principio de temporada, que al final, aunque si el pescador es digno de llamárselo, gozará tanto en el mes de Marzo como en Junio, ocurre, que es en este último mes cuando el río presenta mejores condiciones para pescar.
La totalidad de los 4.000 metros de zona acotada son muy aprovechables tanto al comienzo de temporada, pese al mayor caudal de sus aguas, que en la época estival.
Las mejores zonas de pesca se encuentran al comienzo del coto, en Nocedo de Curueño, justo aguas abajo del puente donde se inicia el tramo acotado. Los pescadores se encontrarán con un lugar idóneo para pescar a mosquito ahogado. Las muchas rocas que existen en su curso son un cobijo importante para la trucha. Cuando las aguas bajan y quedan al descubierto, el tramo se convierte en excelente, especialmente para pescar al sereno.
Aguas abajo de esta localidad, después de pasar las últimas casas del pueblo en la zona de la ermita, comienza otra espléndida tablona que en verano se llega a remansar prácticamente en su totalidad. Esta es muy buena a principios de temporada para pluma y después para la mosca seca. Unos 100 metros más adelante el río comienza una ligera caída y se ensancha. Aquí las piedras, de considerable tamaño, se ven en pleno invierno emergiendo de las aguas. Este tramo es “superior” en toda época para la práctica de la pesca. Las truchas no son de gran tamaño, aunque las hay buenas, pero son bravas, muy bravas, y toman muy bien el señuelo. El río comienza a dibujar “eses” pegándose a la carretera, discurriendo paralelo a esta casi hasta La Vecilla.
En la caída de “La Peñona”, cuando las aguas chocan contra la misma, el río se rompe en dos brazos. En la entrada se forma un pozo sensacional y la salida es muy buena para pescar. A continuación se encuentran unas tablas amplias, pegadas a la carretera, que son muy cómodas de pescar en la orilla opuesta, aunque el pescador antes de lograr la posición, deberá pasar un auténtico “calvario” con multitud de pinchazos y magulladuras propiciadas por la mucha maleza existente en la propia orilla. Merece la pena. La entrada hasta esta zona se puede realizar por el canal para el riego que está pegado a la roca, aunque en invierno hay que pasarlo con cuidado ya que las aguas son bastante profundas.
Llegamos a la localidad de Montuerto, zona que eligen cientos de leoneses a la hora de pasar una buena jornada en el campo, donde existen unos espléndidos prados pegados al curso del río. Es zona favorita de los “domingueros” y aunque es muy buena para pescar, en la época estival el pescador se puede encontrar a un “enjambre” de personas bañándose en las aguas. Unos pocos metros mas adelante, existen buenas zonas con caídas más rápidas. Es quizás de lo mejorcito para pescar. Después, hasta el puente romano de Valdepiélago, los recodos y tablas se suceden, aunque la maleza dificulta mucho más la labor del lance para el pescador.
Si las “pintonas” tienen un buen día para comer es normal que los pescadores disfruten de la pesca como nunca, aunque también, dependiendo de la frialdad de las aguas y el caudal, se dan sorpresas menos agradables para los pescadores, pudiéndose llevar el “rosco” para su hogar. Pese a todo, trabajando bien el río, no es difícil conseguir disfrutar de este coto “sin muerte”.

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