Once
cormoranes planearon a lo largo de toda la jornada de pesca

Cierre
de la temporada de pesca 2015 en compañía del “jeque Marcos”, su progenitor y
otra buena gente

Pese
al frío reinante con “pintas” de nieve en la montaña hacia León, las truchas se
portaron

La
pesca a tándem todo un éxito pese al viento

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Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
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Lo
del titular no es baladí porque cada día que hemos acudido al lago de pesca,
hemos anotado más cormoranes. Ocho, once, nueve…y sin pudor a quienes estamos
religiosamente apostados a la orilla del lago, pagado nuestra cuota por el
lance intentando conseguir alguna captura para devolverla, después de gozarla,
y lleguen estos “pajarracos” y se claven en el agua para engullir trucha a
trucha, hasta colmar sus necesidades diarias. Ni se molestan pese a los gritos,
palmas o silbidos.

JORNADA
DE PESCA CON “EL JEQUE DE QATAR”

En
los últimos 10 días he visitado el lago de pesca de El Arenero de Tineo (Asturias)
en tres ocasiones. La primera. Con motivo del Open de Navidad que organizaba el
Club de Pescadores El Banzao. La segunda, para  el que más ganas tenia de participar en una
competición, y no

pudo por una indisposición, pudiese quitarse “el gusanillo”. La
tercera, porque como “el jeque Marcos” no había gozado suficiente con la
segunda jornada, tenía que haber una tercera y, ciertamente, disfrutó a tope.
Aún quedará una “despedida” antes de que parta, después de las vacaciones
navideñas, hacia tierras de Qatar.


El
día amaneció precioso, con un cielo espectacular, aunque la temperatura más “fresca”
que días anteriores. Según avanzábamos kilómetros desde Gijón, por la autovía
los paisajes se me antojaban de ensueño y algunos los he podido captar con la
cámara para deleite de los seguidores de PesCarmona.

De los 12º de salida, pasamos a los 7º, en Cornellana, donde paramos a tomar un café y
el pan para la comida. Según subíamos la Espina, la temperatura aumentaba
algunos grados hasta llegar a los 10º. Curioso. Una vez en el lago, con la
ráfagas de viento y la “pintas de nieve” en las montañas limítrofes con León,
la temperatura volvía a bajar. Las manos y las orejas se nos congelaban y más,
después de sacar los primeros ejemplares.

Como
“el jeque Marcos” no se contenía, él solito, se puso a pescar en el lago, junto
a otros dos “penitentes” que, también, debían tener prisa. Benito y yo, nos
dispusimos a tomar un cafetito caliente y un digestivo de anís de guindas de
Corias, para entrar en calor. La verdad s que entramos por dentro y por fuera pero,
sólo unos minutos.

Salimos
para montar las cañas a pie de lago y mientras “el jeque” no paraba de sacar
truchas. Diez, doce, catorce…Era lanzar la ninfa y saca trucha en la zona de La
Barca.

Con
los nervios en el cuerpo con tanto chapoteo de truchas, conseguimos montar
nuestros aparejos en tándem.

Benito
se puso a la altura de su hijo a pescar y no se encogió para nada. A trucha del
hijo, contestaba el padre. ¡Una gozada!
Quien
esto escribe, consiguió en el primer lance una trucha en la mosca seca, que era
un tricóptero pero que se veía

muy mal en el agua, por lo que me dispuse a
colocar otro con tonos más llamativos pro, tampoco. El rizado del agua me
estaba “comiendo los ojos”.


Le
pregunté a Benito que era lo puesto como mosca señalizadora, pues aunque a
distancia de donde estaban yo, sí la veía.

Me
acerqué y me dio una especie de boya diminuta, hecha de foam con color rojo
chillón y fue “mano de santo”. Cada lance, con una ninfa color hueso, me daba
trucha. Así estuve un buen rato hasta que la perdí. Me dio por poner una ninfita
verde con bufanda malva, y mal confeccionada, porque era la primera ninfa que
yo había realizado en mi vida y, me sorprendió dándome hasta 20 capturas
contadas pero, también, me la llevo una trucha.

Mientras
Marcos continuaba con su racha particular, no así Benito que cambió de lugar
pero ni las tocaba. Parece mentira.

Me
acerqué al “Jeque” que me mostró su caja de ninfas y al ver una de color
amarillo limón con cabeza verde, le dije: “esta para mí, que me gusta”. Tres
primeros lances, tres nuevas truchas. Hasta el propio Marcos cambió la que tenía
para poner otra como la mía resultando igual de efectiva.

En
dos horas de pesca estábamos cansados de tanta captura y, menos mal que se
dejaron de dar un buen  rato y decidimos
ir a tomar un cafetito que las manos estaban “tiesas” y las narices goteaban.

Tras
el refrigerio, más de lo mismo. No duele el brazo y la espalda de tanta
captura. Curiosamente lo cuatro y cinco pescadores que había próximos a nosotros,
no consiguieron muchas capturas, incluso uno al que observábamos frente por
frente, creo que ni se estrenó.

A
las 14 horas decidimos parar para comer y así lo hicimos Benito y yo, mientras
que Marcos no se cansaba, o es que no tiene límite.
Dimos
buena cuenta de la tortilla, chorizo, salchichón y un buen jamón de la dehesa
charra, todo ello regado por un buen vino ribera de Duero, en “la Juliana de
Carmona”, y casi no nos enteramos de que el Jeque había estado con nosotros
comiendo, porque fue visto y no visto, en diez minutos ya estaba otra vez
pescando. Este chico no se cansa.

La
tarde no fue igual para mí que estuve fallón y perdí muchas capturas pero fue
excelente para Benito que continuó la racha de la mañana para dejarnos mal a su
hijo y a mí. A Marcos, menos porque consiguió buenos ejemplares, aunque pocos.

Y
“colorín, colorado” esta historia se ha acabado, aunque con lo que no se
termina es con esos “ladrones de altos vuelos y plumaje negro”, más conocidos
por cormoranes que cada día que pasa son una “auténtica plaga”. Ahora que vengan
los ecologistas a decir que veden el

lago para que continúen alimentándose los
pajarracos, como quieren o pretenden que se haga en el río Caudal a la altura
de Mieres.


Este
país nuestro es una locura.
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