Del embalse de Riaño al el Porma o del Yordas a Pardomino

Pesca en dos cotos: Pesquera, en aguas del Esla y Cerezales, en aguas del Porma

Visita a la “catedral de la Montaña” en plenas tierras de Alión

Y al refugio de Valdeguida, a 1259 metros de altitud, para deleitarnos junto a dos buenos amantes de la naturaleza: Gelo y Quiades a la luz de una LUNA DE LOBOS encantadoramente bella

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Pasar unos días de asueto en plena montaña leonesa, en Felechas, con Boñar en un lado, Sabero y Cistierna por el otro, es estar en la gloria y más pensando en que hemos coincidido con los días más tórridos del verano leonés.

Hemos disfrutado de la naturaleza en plena montaña, con rutas de senderismo únicas, con jornadas de pesca en dos grandes cotos leoneses: Pesquera y Cerezales y visita a dos buenos amigos en su “refugio” de alta montaña, Valdeguida, a 1.259 metros de altitud, dentro de un paraje único donde la “luna de lobos” iluminaba montaña y pradería, haciendo que la roca caliza de sus laderas se convirtiese en monumento natural incomparable dentro de una paz y tranquilidad penetrante para los sentidos que hizo retrotraerme en el tiempo a mis años de niñez vividos entre Sotillos, Olleros de Sabero y Veneros, pues en las tres localidades viví con mis padres hasta los 9 años.

A todo ello, hay que unir el marco incomparable de nuestro centro de operaciones, FELECHAS, localidad a caballo entre Sabero y Boñar y donde, Luis Alberto “Chingli”, tiene su casa, con las mayores comodidades, que dispuso para José Luis Méndez y para mí, con la mayor gratitud de amistad que nos une desde hace años.

CINCO JORNADAS INOLVIDABLES DE AMISTAD, PESCA Y SENDERISMO

PRIMERA JORNADA: POR TIERRAS DE ALIÓN, LOIS, LIEGOS, RIAÑO

Las acciones o decisiones improvisadas no siempre salen bien pero, en esta ocasión, ha salido a “pedir de boca” pues, a posteriori, podemos añadir que cada una de las cinco jornadas pasadas por aquellos lares, además de diferentes, ha sido sensacionales y vividas a tope.
En la primera jornada, la ruta elegida fue la localidad de Lois para ver la catedral de la montaña que conozco bastante bien porque en los años 80, o sea hace más de 30 años, ya visitaba cuando acampaba en el viejo Riaño y posteriormente en Las Salas. De mis anteriores visitas di buena cuenta en mis informaciones par Diario de León, entonces, y en mi libro Dónde y Cómo Pescar en León, así como en Paseando por las Ondas. Historias de aquella radio en provincias, donde hacía un repaso de mi niñez por Olleros de Sabero y como estaba destinado a “la radio” con una historias muy interesante.

Llegar a Lois, tras pasar la ermita de la Virgen del Roblo, cuyo santuario dejamos a mano derecha y a la izquierda el río Salamón, que baja desde la montaña en tierras de Alión, es llegar a un paraíso entre montañas, con calles de encanto especial pueblo importante que lo fue allá por el siglo XVIII, cuando la localidad fue referente cultural con su cátedra de latín, donde alumnos aventajados llevaron sus conocimientos por todo el mundo. Apellidos como Valbuena, Castañón, Acebedo, Reyero…figuran en la nómina de un seminario que dio fama a Lois y a León.

Tras beber de sus fuentes y visitar el exterior e interior de la catedral de la montaña, obra del arquitecto, Fabián de las Cabezas, nos dirigimos por el sendero que sale a Liegos e indica una distancia de 10,5 kilómetros. Nos parecía buena ruta para estirar piernas en la primera jornada.
A poco más de dos kilómetros de Lois, Chingli, comprobando el buen estado de la pista, prefiere ir a por el coche, que habíamos dejado en Lois, mientras que José y yo, caminábamos rumbo a Liegos, mientras tanto.

Casi a mitad de recorrido, nos recogió con el vehículo cuando estábamos observando junto al camino un madroño repleto de frutos y llegamos, en la bajada a Liegos, a una pradería donde observamos varios coches aparcados. Decidimos acercarnos y, tras comprobar que existía y zona o ruta de senderismo, sin saber dónde iríamos, nos pudimos a realizarla, con la mochila y agua suficiente.

Aunque las pendientes eran pronunciadas, nunca pudimos imaginar que, después de llegar a una pequeña explanada verde, con un cordel en forma de cierre, nos meteríamos en pendientes del 18 y 20% como dicen en el argot ciclista. Eso sí, serpenteando la montaña que los “burros” son muy listos. Pese a todo y serpenteando, el resuello nos faltaba por momentos ante la dificultad que entrañaba.

Por medio, unas tablillas indicaban el camino, Pico Burin-Yordas.

Llegamos a una fuente con el agua más fría que he bebido en mi vida, y eso que saciado mi sed en muchas, repusimos fuerzas para trepar hacia el tramo final de la cumbre a la que “olíamos” constantemente.
En nuestro entorno, un hayedo espléndido y con árboles de muchos años, incluso centenarios. Una maravilla. Aves rapaces en el cielo, pájaros e insectos de toda índole, como la vegetación. Naturaleza viva y espléndida en un día radiante de sol del que estábamos refugiados merced al hayedo cerrado que nos cubría los costados.

Llegar al alto fue “tocar cielo”. El marcapasos del móvil marcaba casi cuatro kilómetros de ascensión y 143 pisos subidos pero, la pradera que teníamos nos ofrecía belleza a raudales al cobijo de alguna roca vigilante. Por medio caballos en libertad que trotaban por la misma y, enfrente EL EMBALSE DE RIAÑO a un paso, como se puede ver en las fotos. Una pasada.

La bajada, por supuesto, fue mejor, a ratos, porque era muy pronunciada y al final, el premio: nuestro coche y la comida que nos metimos “para el cuerpo” al mejor estilo leonés con embutidos de la tierra.

Llegamos a Liegos y paramos en su puente para ver el río Esla y lo que es el coto de Acebedo. Baja escaso de caudal pero muy bien para la época del año en la que estamos, casi al final de Agosto. Vimos truchas y, especialmente, bogas en abundancia y nos dispusimos a llegar a Riaño para, relajadamente, tomar un café en una terraza. Así lo hicimos.
Después, visita turística al museo y por sus calles y observar, desde la otra vertiente, dónde habíamos subido, fotografías que les ofrecemos en las dos vertientes.

De vuelta, Chingli nos llevó a conocer a un amigo, MARCOS, que tiene casa en un pueblo próximo a Felechas, Vozmediano. Allí estaba esperándonos para jugar una partida al mus, porque antes le había avisado por teléfono.

Tras unos aperitivos y cervezas, José Luis y yo dimos buena cuenta de nuestro “dominio” con las cartas y, pese a perder la primera partida por 3-1, la segunda le dimos la vuelta al marcador por el mismo marcador y en el desempate, la victoria cayó de nuestro lado por un rotundo 0-3. Después, la esposa de Marcos, nos deleitó con unos chorizos a la sidra que estaban riquísimos. Unos grandes anfitriones. Gracias familia.
Una gran jornada.

SEGUNDA JORNADA: COTO DE PESQUERA

Con las piernas relajadas después de dormir a pierna suelta gracias al cansancio de la primera jornada, nos dispusimos a acudir a pescar al coto de Pesquera, en aguas del río que alimenta el pantano de Riaño, el Esla, aunque aguas por debajo del mismo al que vimos muy alto de caudal.
A la expedición se unió, Juan Fernández Manso, “Juanito” un gran pescador de mosca y amigo quien, ante nuestro desánimo por la cantidad de caudal que llevaba el río, nos apuntó que “tranquilos” porque por debajo de Modino las cosas cambiarían. Así fue porque caudal de Esla era más bien exigió, en comparación con los visto anteriormente, ofreciendo alguna zona para el lanzado, a unos, y zonas de ocas, para otros.
Acudimos a la zona del pinar de Vidanes y, tras sortear varios caminos, aparcamos cerca del lugar donde el pastor deja el rebaño de ovejas.
José Luis y Chingli, que pescaban a leonesa y cucharilla, respectivamente, subirían río arriba. Juan y yo, a seca, nos dirigimos a la zona final cerca del puerto.
Disfrutamos perdiendo peces, que no sacando pero, disfrutamos. A pesar de ser un coto con muerte, mis anzuelos son sin muerte y, ni siquiera tengo cesta. O sea, acudimos a pescar, no a llevar.
Por la mañana, a cada pieza perdida, y fueron bastantes en mi caso, hubo lamentos y algún juramento gordo, dependiendo del tamaño de la pieza. El caso es que se me cebaban bien pero, pinchaba bastante mal. Había que meter la mosca entre islas de “ocas” y se nota al dar el tirón para pinchar al pez. Otras veces, la falta de tiento o las prisas por sacar buenos ejemplares, hacían perder la pieza.
En la jornada de tarde los mejores ejemplares se dieron a la caída del sol y el sereno, donde Juan, especialmente, consiguió buenas capturas. Una mosca carne clara, montada en el 18, fue la que mejor se portó durante toda la jornada.
Los compañeros de lance tuvieron suerte dispar. Mientras Chingli pescó bien a cucharilla EDU, del doble cero, José Luis pinchó pocas a la leonesa. Lo cierto es que el río con poco caudal y demasiadas ocas no acompañaba para este arte de pesca.
Otra gran jornada y vuelta para Felechas, tras despedirnos de Juan que volvía para León.

TERCERA JORNADA: FELECHAS, VOZMEDIANO, GRANDOSO, PARDOMINO

Otro día de sol brillante y buena temperatura. Quizás el día más caluroso.
Partimos desde Felechas a Vozmediano para, a la salidad de la localidad dejar el vehículo y coger la senda hacia el alto de Grandoso y Pardomino.
El río cantarín y con abundante caudal nos saluda al comienzo del camino. Por el sendero nos comenzamos a tropezar con fauna autóctona de la zona, desde helechos, tomillo, servales, robles…
Los guindales son abundantes, así como los pajarillos que nos acompañan gran parte del trayecto.
A un lado del camino, dejamos otro que sale a la derecha. Se trata de la ruta de “los maquis” aquellos españoles, la mayoría de la zona, que perseguidos en tiempos de guerra se refugiaron en los montes. De la historia de éstos, dio buena cuenta el escritor leonés, Julio Llamazares en su LUNA DE LOBOS, libro del que se hizo una película con escenarios naturales donde vivieron los “maquis”. Las cuevas, allí están.

Nosotros caminamos por la otra vertiente y lo primero que nos encontramos es una señal de tráfico “tiroteada” por cazadores, en cuya zona baja se puede leer: PISTA CORTADA. Eso no fue todo porque metros más arriba nos encontramos otra que pone: ZONA DE RESERVA BOSQUE DE PARDOMINO, ANUNCIÁNDONOS EL ACCESO RESTRINGIDO. Increíble.
Teniendo un bien natural como son los montes, con pistas adecuadas para el senderismo, se nos prohíbe circular con coches y motos, que es lo más normal que se prohíba pero, también HACER SENDERISMO a pie. Inaudito.

¿Quién será el “cabeza pensante” que mandó colocar estos carteles para prohibir algo tan sano como es el caminar por las laderas de la nuestras montañas?

Después se pretende asentar poblaciones en territorios que van despoblando con el paso de los años y donde su población se envejece a pasos agigantados sin visos de regeneración.
Si en lugar de prohibir diesen facilidades para crear turismo y que empresas de ésta índole se establezcan en los pueblos de alrededor, esos montes, con sus cuevas de maquis, con vegetación agreste y buenas rutas para realizar senderismo con vistas únicas desde donde se puede ver Boñar, el Alto de La Camperona, etc. podría ser el reducto para fijar población en los pueblos que antes vivían de la minería de la zona y el campo y que ahora, sólo ofrecen envejecimiento y poca población que ha abandonado sus casas para irse a la ciudad. En fin, políticos tenemos pero es una vergüenza.

Sin que nadie nos “multase” por circular por las pistas, llegamos al alto de Grandoso y de allí, tras cumplir con el reportaje fotográfico, acudimos por otra pista hacia el alto de Pardomino. Los parajes son únicos y se lo recomendamos, pese a la prohibición. Sólo faltaba eso. Lo que no está prohibido es colocar una antena metálica que rompe con el paisaje pero, eso es uno de los pagos a la civilización.
Desde el alto, pudimos divisar la hermosura de ésta tierra leonesa con sus grandes montañas llegando a otear el pantano de Vegamián, o del Porma, incluso viendo el Museo de la Fauna Salvaje y, comprobando donde habíamos estado en la primera jornada de senderismo, que con la buena luz del día, casi divisábamos hasta las aguas del pantano de Riaño.

La bajada hacia Vozmediano, casi mejor olvidarla.

Chingli, el experto en estas rutas que conoce muy bien por vivir algunos meses en Felechas y haberlos hecho en muchas ocasiones, como hacía mucho calor y había que acortar trayecto pues teníamos que hacer una paella con “cangrejos” que había pescado, Cándido, el suegro de José Luis, nos quiso meter por un atajo que, al final, se convirtió en “tortura”. Bajamos monte abajo entre espinos y matorrales bajos que nos pusieron las piernas “al rojo vivo” y las rodillas a prueba de todo. Afortunadamente, no tuvimos problemas mayores, ni tuvimos que ir al “garaje” a cambiar amortiguadores, aunque la bajada, en la zona de rocas, se me antojó peligrosa, por momentos, y demasiado larga.
Al final encontramos la salida y llegamos, por donde no estaba previsto, a la zona de la cuevas de “los maquis”, al lado contrario previsto inicialmente.
Nos refrescamos en el río antes de llegar a Vozmediano y colorín colorado, el paseo se había terminado y muy bien, pese a la bajada cruda sin sendero.

Ya en Felechas, José Luis se dispuso a cocinar la paella, a quien ayudé en lo más mínimos: pelar y trocear ajos y pimientos.
Mientras José Luis sufría los rigores de la cocina, nosotros nos refrescábamos “al ritmo de la manguera” que, aunque fría de inicio, después se convirtió en una delicia por la que pasamos Chingli y yo, y no conseguimos que el cocinero hiciese lo mismo.
La paella, especial de cangrejos estilo José Luis, impresionantemente rica. De diez y de la que dimos buena cuenta.

Por la tarde, Luis Alberto, nos llevó a un paraje único, el refugio de Valdeguida para saludar a sus amigos: Gelo y Quiades, a quien el país Vasco conocen, también por Melqui.
Lo que nos encontramos fue algo que no esperamos a casi 1.300 metros de altitud, entre rocas. Un reducto de paz y sosiego sólo roto por los ladridos del guardián, “Moisés”, que además ahuyentar a la fieras, asusta a quienes nos acercamos a aquellas construcción realizada en 1999, por ocho amigos socios.
Por cierto, lo primero que vimos fue a Gelo que comenzaba a cortar un jamón con una pinta espléndida. Gelo cortaba con maestría el jamón y, nosotros, dimos buena cuenta del plato cortado, acompañado de unas cervezas y manzanilla de “La Guita”. Una pasada. Quedamos en volver otro día a cenar.

CUARTA JORNADA: COTO DE CEREZALES Y VALDEGUIDA

Sin prisas, a media mañana, nos dirigimos hacia Boñar para tomar un café y comprar pan y empanada para la comida a pie de río, aunque teníamos embutido de León.
Después de saludar a varios amigos, entre otros a Filo y Barthe, nos dirigimos hasta el puente de Cerezales del Condado para comprobar como bajaba de agua el río Porma, comprobando que estaba muy alto. Bajamos hasta Vegas del Condado y las cosas que cambiaban. Decidimos quedarnos en la zona de la fuente y pescar, unos para abajo, hasta la piscifatoría y otro, en este caso yo, hacia arriba.

La jornada matinal hasta las 14 horas, no fue muy productiva. Mientras que yo toqué escama un par de veces y otra que se me fue, las tres a la misma mosca, la Charly, mis compañeros habían tenido menos fortuna porque salvo, Chingli que había conseguido una, José Luis, ni las tocó.
Comimos pronto para pescar después de las 15,30 porque éste río con caudal abundante y agua fría hace que las posturas salgan más tarde. Así fue.
Decidimos ir los tres juntos a la zona del puente de Vegas, por encima y por debajo, dejando el tramo final de la piscifactoría para la caída de la tarde, aunque deberíamos de dejar de pescar sobre las 19 horas, ya que habíamos quedado en el refugio a las 21 horas para cenar con Gelo, Quiades y José Varela, padre del primero a quien recogeríamos en Olleros.

Así las cosas, llegamos a la tabla por encima del puente de Vegas y las pintonas se estaban cebando.
José Luis se aproximó a pescar a la caída de la presa. Chingli, unos 50 metros por debajo y yo, al lado contrario y próximo al puente.
Dale que te pego los tres y las truchas no entraban pese a cebarse con asiduidad. La mosca por encima de las cebadas y nada. Haciendo pruebas, decido poner un mosquito salmón claro, montado en un 16, y fue la consagración. Una, dos, tres… así hasta once o doce, aunque la mayor de unos 24 o 25 centímetros. Me cansé de dar voces a José Luis que pusiera éste mosquito y, aunque pocas, alguna cogió. Chingli, decidió cambiar la pluma por la cucharilla y se fue aguas abajo del puente unos 100 metros.
A las 18 horas, y con sólo 60 minutos más de pesca porque teníamos que marchar, decidimos pescar la zona más baja del coto, casi en el límite de la piscifactoría. Fue un total acierto porque los tres pescamos, aunque a mí se me escapasen más de una y de dos. Los ejemplares eran de buen tamaño y pescando sin muerte, al paso de la corriente, en una zona con un peñasco en medio del río, con laterales de agua rápida y profunda, se escapaban y quedaban para criar.
Así y todo, disfrutamos que era de lo que se trataba.

Terminamos la “faena” y vestidos de paisanos nos fuimos primero para Felechas, y tras recoger una caja de “Chuchos de Boñar”, dos litros de manzanilla casera, que guardaba celosamente Chingli, traída de Cádiz en sus vacaciones con la familia, nos dirigimos a Olleros a recoger a José Varela y de allí por una pista en muy mal estado, que no estaría mal que la arreglase el ayuntamiento de Sabero o la Junta Vecinal o a quien corresponda, llegamos al refugio de Valdeguida, con una tarde-noche espléndida.
Departimos antes de la cena comiendo jamón del “bueno que corta Gelo”, acompañado de la manzanilla, aunque otros prefirieron cerveza. Así pude enterarme de que el padre e Gelo, José Varela, había conocido a mis padres. “Cómo no voy a recodar al sevillano, si era la alegría en la mina. También a tu madre que era muy guapa”, fueron las palabras de Varela, un vigilante en la mina que, ahora con 82 años, se conserva como “un pincel”, fuerte y vital que parece un chaval.

Recordamos anécdotas de cuando había hasta 30 bares en la zona y del dinero que corría gracias a los mineros.
Pusimos nombres a algunos recuerdos: Naranjo, Barranco, El Mellao, Caliche, El Gallego…y entre anécdotas con nevadas, pérdida en la boca mina abandonada con medio pueblo en nuestra búsqueda, noches de Campanilleros en navidades, el aguinaldo, sepelio de doce mineros en la Herrera, la Semana Cultural de Olleros, en la que participé un año, y otras aventuras me enteré, porque tenía una foto en blanco y negro pasada a mi móvil, de que la primera comunión que siempre creí que había hecho en la iglesia de San Justo y Pastor, de Olleros, había sido en Sotillos. ¡Qué cosas tiene el destino…!
Cenamos bien, bebimos y disfrutamos de una amistad que, deseo, sea duradera, porque el año que viene me gustaría repetir, si es que se puede y Chingli nos acoge en Felechas.

Y como la canción de Sabina…¡y nos dieron las diez y la once, las doce y las una y dos…! Y con la luz de “una LUNA DE LOBOS” que alumbrada todo el paisaje de la montaña de Olleros, a 1.259 metros de altitud, nos despedimos del refugio y los amigos de Valdeguida. Antes, habíamos contemplado una hermosa puesta de sol de las que nunca se olvidan.
Hasta el año que viene. Ha sido un placer.

POSTDATA DE LA CRÓNICA

Todavía, al llegar a Felechas, nos dio tiempo para jugar la última partida de cartas al “tute cabrón”, algo que hicimos todas las noches desde que habíamos llegado. Quien perdía estaba obligado a pagar al día siguiente los cafés o el vino.
Entre los tres jugadores el que siempre ganó fue Chingli. A mi, me tocó pagar una vez pero, el “más cabrón”, según el juego, fue José Luis que perdió cuatro partidas.

Y el año que viene más.

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