A las 19,30 horas, a diario, aparecen las manchas de aceite o gasóleo
De
ser lo mejor de Asturias a convertirse en “cloaca” y con pocos peces

Pese
a todo, los salmones remontan hasta el puente de Triana

Plásticos,
latas, botellas, hierros y todo tipo de porquerías te pueden encontrar vadeando
el río y, especialmente, en sus orillas

Y
todos los días sobre las 19,30 el río aparece con manchas de aceite o gasolina

¿Dónde
está guardería y el Se
prona?

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Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
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No
había pescado el coto de Infiesto aunque sí, lo había hecho en aguas del río
Piloña zona libre y el coto de Villamayor y, ciertamente tengo que decir y lo
digo, que es LAMENTABLE el estado en el que se encuentra este tramo acotado que
fue la envidia de todos cuando era tramo acotado sin muerte durante 20 años.

Asomarse
desde el puente de Triana era llevar la vista hacia el río y el pozo que se
forma en sus pilastras y rocas para gozar viendo muchos peces: truchas, reos y
salmones. Ahora, desde que ha vuelto a ser tramo CON MUERTE es un auténtico
desastre. Cada vez hay menos peces y es mayor la basura que se encuentra en sus
márgenes y dentro del propio caudal.

Desde
el puente Triana hacia abajo he recorrido el tramo cuatro veces, metiéndome en
el cuerpo entre piedras y asfalto once kilómetros. He visto de todo: hierros,
letreros, plásticos, latas, botellas y todo tipo de porquerías y basuras y para
más Inri, a eso de las 19,30, cuando ya me recogía y observando desde el mismo
puente,

compruebo que el río comienza a mancharse de aceite, gasóleo o
gasolina. Varios de “los mirones” que vigilaban las andanzas de los salmoneros
desde la roca pegada al puente me apuntaron que es “la rutina de todos los días
y a la misma hora”.


Incrédulo
de mí no daba fe a lo que me apuntaban y otro confirmaba lo mismo e, incluso,
sabía más o menos de dónde venía la mancha. Es una vergüenza.

¿Qué
hace el SEPRONA y la guardería de pesca?

O
son ciegos, o no nada más que aparecen para pedir los permisos a los pescadores.

¿Y
los servicios de limpieza del ayuntamiento de Infiesto? Hay zonas de recreo
bajando escaleras instaladas al efecto pero no ves a nadie por allí a no ser a
los pescadores. Seguro que los niños no bajan por miedo a cualquier cosa,
especialmente infecciones. Me explico.

Vadeando
el río de “puente a puente” hasta tres distintos, he podido comprobar cómo LAS
AGUAS FECALES de varios edificios vierten al río Piloña. Es inaudito que en
pleno siglo XXI aún estemos casi como en el Medievo. Las cañerías vierten todas
las aguas fecales e incluso se pueden observar no a pie de río, si no en las
alturas con el sonido que producen al caer.

Pisando
el río se puede comprobar la “babilla” existente entre las rocas y piedras que
está colmatando la vida acuática, donde se debe producir el alimento y equilibrio
natural para peces y otros animales que se nutren del agua.
Por
favor, ayuntamiento de Piloña, guardería de Medio Natural del Principado y
Seprona, actúen cuanto antes y salvemos al río Piloña y, especialmente, este
tramo que fue “buque insignia” de la pesca en Asturias.

UNA
JORNADA DE PESCA CON DOS AMIGOS

Con
mis compañeros Javier y Aitor salimos a pescar el coto más solicitado del
Principado para pescar trucha, además de reos y salmones. Si, si, los salmones
han vuelto al Piloña y este año se llevan precintados cuatro. Doy fe de haber
visto unos cuantos más que los pescados sólo en la jornada de ayer y, eso que
fui a pescar truchas pero, el mirador del puente de Triana es excelente,
convirtiéndose en el “termómetro” de todo lo que entra en este tramo acotado.

El
día se presentaba excelente para pescar, con cielo nublado, buena temperatura y
un caudal bueno para la práctica de la pesca cualquier modalidad.
Mientras
Javier se quedó ocupando la peña que está pegada al puente para intentar pescar
salmón, Aitor y yo, nos dispusimos a pescar a ninfa bajando hasta el tercer
puente, aguas debajo de Triana.

Desde
hace más de 15 años practico la pesca sin muerte o el captura y suelta y,
aunque mis compañeros no lo hacen así, aunque el coto elegido es con muerte,
ellos sabían que yo soltaría los peces una vez capturados. Mis anzuelos tampoco
llevan arponcillo.

No
porque yo pesque de esa forma voy a dejar de salir con mis amigos, aunque ellos
se lleven los peces para casa. Ahí radica la verdadera amistad, reconociendo
diferencias, admitiéndolas y, demostrando que aunque yo también me podría
llevar los peces para casa, no lo hago. No se me ocurre REPROCHAR como

hacen “los
puristas” que ya me gustaría haberlos visto pescar antes de ser practicar l
captura y suelta. Seguro que algunos fueron los mayores furtivos de sus zonas y
el que diga que no, que lo demuestre.


Dicho
esto y respetando a los demás, lo importante es CONVENCER a los que pescan con
muerte que el pesca está mejor en el agua criando futuras generaciones.

No veo
explicación en un misionero que pretenda convertir al cristianismo a un
cristiano, deberá intentarlo con los que no lo son, ¿o no?

De
eso se trata de concienciar, no de criticar por criticar porque mientras pesque
legalmente, nadie les puede decir nada.

El
caso es que viendo lo que vemos por el río a uno se le quitan las ganas de todo
porque la contaminación sí que es un peligro alarmante, y pocos hacen algo.
El
caso es que  con todo esto se me olvida
contar la pesca.
Me
ha agradado la zona y el río a primera vista. Me ha desagradado una vez he
pisado la orilla por el desastre ecológico que realizan algunos con enviar al
río todo tipo de porquerías.

En
lo que a pesca se refiere, a ninfa con una gasolina y un morado realizo mis
primeros lances en una corriente que sale del último puente en Infiesto. Mi
compañero Aitor, hace lo mismo con otras ninfas distintas. Ninguno de los dos conseguimos notar picada en los primeros compases.

Decido
cambiar las dos ninfas. Pongo al final una ninfa negra con brinca plata y por
encima, una blanca transparente que hago con hilo de silicona, a la que le he
puesto un collar rojo.  La primera de
cambio entra la primera “pintona”, no muy grande, en la ninfa blanca. Tras
devolverla al agua, vuelvo a lanzar en la corriente entre las pilastras del puente
y me entra a la ninfa negra una hermosa trucha próxima a los 30 centímetros que
luchaba con bravura hasta que logré meterla en la sacadera, no sin trabajo
porque se metía en la corriente. Mi compañero, ni tocarlas.

Después
de un buen rato sin tener ninguna picada más, y ya por encima del primer puente,
compruebo que hay truchas cebándose y, aunque es muy temprano, sobre las 10,30
horas, decido cambiar la bobina de ninfa y poner la cola de rata que es lo  que más me gusta y emociona.

Tras
los primeros lances no consigo tocar pieza y parece que, con mi presencia en
mitad del río se han esfumado. Veo que poco más arriba continúan comiendo.
Decido cambiar la mosca y poner una mosca color óxido que siempre me da buen
resultado. Nada más terminar de colocarla, desde la orilla me pide el permiso
el agente de medio ambiente. Me dice que es temprano para pescar a seca y

que
donde llevo la cesta, extrañado de que esté pescando sin muerte. Nos
despedimos y continué pescando. Mi compañero se había marchado a un tramo
superior minutos antes, para aprovechar otras corrientes mientras yo pescaba a
seca.


Levanté
unas cuantas truchas pero mordían mal. A la mano sólo llevé otras dos más y no
de gran porte. Eso sí hermosas en sus libreas. En uno de los lances perdí mi
mosca óxido que le dejé clava en la boca a una pintona y decido poner una mosca
de mi estimado Juan Carmona Calambres. Se trata de una negra con brinca cobre,
de esas que el confecciona y que son muy

feas pero efectivas. Levanté unas
pocas pero a la mano no llevé ni una más. No mordían bien o era yo que estaba con poco tino.


Sobre el mediodía llego a Triana, donde había quedado con mis compañeros para
tomar un piscolabis. Mi sorpresa es que me encuentro que Javier había conseguido su salmón, un
añal hermoso y limpio de 2,130 kilogramos, según la báscula de El Portazgo. De
ganchero le había servido Aitor, aunque no sin bronca. Hasta dos veces dentro
de la sacadera y casi se va el salmón trabajo a ninfa.

Volví
a bajar donde había empezado antes y seguir pescando después del refresco
mientras Aitor probaría con la caña de salmón bajo las instrucciones de Javier.
Mi
pasada fue más de lo mismo, tocar a seca alguna trucha pero no volver a tocar
escama.

Sobre
la 13,45 llegué de nuevo al puente Triana donde había numeroso público viendo
pescar a mis compañeros. Observando desde lo alto veo, hasta CINCO VECES, como
le sube el salmón a la ninfa en su recorrido de subida pero cuando parece que
sí, es que no. Todavía hay una sexta ocasión y, encima, por partida doble
porque hasta dos salmones corrieron tras la ninfa pero sin tomarla definitivamente.
Decidimos
ir a comer y dejar descansar a los salmones y truchas.

BUENA
COMIDA EN LOS CAÑOS Y JORNADA DE TARDE

Comimos
cerca del puente de Triana en el Restaurante Los Caños, donde nos atendieron de
maravilla.
Tras
unas fotos con el salmón, que se lo dejamos al propietario para que sufriera
con el calor en el coche, decidimos volver a pescar.
Mientras
Javier y Aitor se ocupan de la peña junto al puente para intentarlo de nuevo
con el salmón, yo decido poner la ahogada, aunque a mí me gusta más llamarla
pesca a la leonesa.

Decido
pescar desde Triana al puente superior que hay buenas tabladas y están sin
tocar. No sé lo que ocurre pero, todas las truchas que toco se me sueltan. Es
cierto que estoy pescando con anzuelos sin arponcillo pero no es normal.
La
cuerda estaba formada por “una piloña” junto a la boya, o sea, un azulete;
después un salmón, un verde aceituna y una negra con brinca marrón. Termino de
pescar el tramo entre puentes sin llevarme un pez a la mano, aunque con tocadas
y enganches fuertes y, vuelvo donde mis compañeros. Javier había conseguido
cuatro truchas a hormiga pero Aitor no se había estrenado con el salmón.
Tampoco habían vuelvo a seguir la ninfa.

Vuelvo
donde había comenzado a pescar por la mañana y más de lo mismo. Algún tirón con
una trucha prendida que era buena y que se llevó mi mosca verde aceituna y un esguín
a la mano. Nada más.
Tampoco
mis compañeros y es que la climatología estaba cambiando y, aunque eran las
19,30 horas, no merecía la pena seguir más. Eso sí, Aitor continuaba
intentándolo a ninfa, aunque a las órdenes de otro amigo que se había acercado
a verlo, Andrés, y gran experto en la pesca de salmón.

Y
mientras observaba desde lo alto del puente, comenzó a llegar la mancha de
aceite, gasóleo o lo que sea.

Y
colorín colorado, la jornada se ha acabado. Ahora me quedan dos días en el Cares
en compañía de un extremeño, Tello, y un cántabro, Borja pero eso se lo contaré
otro día.
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