El pescador manchego coincidió con José Carlos Rodríguez en un Campeonato de España, en 2004, en Cantabria 

Allí le conoció, le admiró pescando a “perdigón” por primera vez en su vida, y aprendió a pescar con aquel “invento” 

Le regaló su primer “perdigón” y aún lo conserva como “una joya”

Fotos y texto: Eduardo García Carmona y M.A. Rubio

A raíz de publicar hace unos años un artículo sobre el “nacimiento del perdigón”, arte al que comenzó pescando e inventando su confección, JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ, pescador asturiano que fue campeón de España, en PesCarmona hemos recibido otro de un pescador que tuvo “la suerte” de conocerle en competición. Se trata de Miguel Ángel Rubio Martínez, de quien les ofrecemos, al completo, el artículo que escribe al respecto.

UNA DE ROMANOS…. 

Mi nombre es Miguel Ángel, “el de Cuenca” o Castilla la Mancha  que, a buen seguro, seré más conocido por cualquiera de estos sobrenombres que por mi currículum deportivo, jajaja…

Así y todo, esto no implica que en el mismo figure que haya estado participando en CAMPEONATOS DE ESPAÑA desde el año 2003 en adelante, incluso llegando a estar en ALTA COMPETICIÓN NACIONAL. Aquí, a continuación, es cuando habría que poner catorce o quince emoticonos con cara de asombro pero, aunque parezca una perogrullada, desde el principio de los tiempos, el asistir a estos CAMPEONATOS, al margen de soñar con conseguir algún tipo de clasificación decente, siempre, siempre, lo he visto como la mejor escuela posible de pescadores y he tratado de exprimir y aprovechar cada segundo que me han brindado los competidores para aprender todo lo que para mí es un mundo por descubrir.

 

EXPERIENCIA CON JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ, “EL ASTURIANO” 

Bien, hecha esta pequeña presentación, el tema que me ocupa es relatar mi experiencia particular en el Campeonato de España celebrado en Cantabria en el año 2.004, en los acotados de Cabuérniga y Bárcena Mayor, y escenificado en la persona de, José Carlos Rodríguez, para muchos de nosotros “el Asturiano”. 

Tres días antes de la hora “H”, el río baja espectacular y hay truchas a “casco porro”. Contaban, unos días antes del campeonato, que habían estado pescando los “nosequienes” y habían sacado entre 10.000 y 10.500 truchas. ¡Una pasada…!

El día antes de comenzar la competición llovió lo impredecible.

Llega el momento de la verdad y, tras un deshielo inminente de parte de la nieve que todavía quedaba en la montaña, el caudal ha subido notablemente y el agua esta para enfriar botellines de cerveza en quince minutos. Como siempre, resignación.

Bueno, pues “a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”. ¡¡¡A los tramos !!!

Tras llegar mi primer cero en la manga inicial, me quedo en el tramo a controlar al siguiente pescador a quien no conozco. Aparece un hombre de mediana edad y, al entrar en el tramo, tropieza en el agua y monta un cisco elegante. Comentario mental: “vaya, me ha tocado el jabalí de turno”.

Tras dos horas de pesca, perdón él de pesca yo de control, y sacar todas, repito, todas las truchas que vimos comer OCHO, me encontraba como si me hubieran estado dando palos con una estera vieja y, “el colega” fresco como una lechuga. Felicitaciones y nos despedimos.

Abreviando. Por avatares del destino, en este caso en claro beneficio hacia mi persona, de cuatro mangas celebradas, me tocó controlarle en en tres ocasiones, lo que me brindó la posibilidad de establecer una pequeña, aunque duradera amistad. Huelga decir que, cada minuto con una persona de ese carisma deportivo y personal, se puede transformar en toda una experiencia con enseñanzas que, a día de hoy, transmito a aquellos noveles competidores de los que me toca aprender, con frases lapidarias como “yo no quiero que me regales nada, ahora no me quites”, o tan gráficas como “es que los pescadores de la meseta estáis acostumbrados a que las truchas tiren de vuestras ninfas, aquí NO”, y lo más sorprendente, nosotros solíamos ir a los CAMPEONATOS, al menos, con cajas, a razón de espacio tiempo, donde poder ubicarlas, es decir más cargados que un burro, mientras que, aquí el amigo “Jabalí”, se permitía el lujo de pescar con una caja de foam de 15×15, para secas, y otra similar para ninfas. ¿He dicho ninfas? Aquí viene el meollo de la cuestión, las ninfas.

MI GRAN SORPRESA CONOCER ALGO NUEVO 

Mi gran sorpresa fue ver unas ninfas totalmente nuevas, carentes de cualquier elemento que le diese movimiento, pelo, pluma…etc., sencillamente consistían en unos anzuelos recubiertos con hilo llamativo, de color verde tirando a oro, su pequeña cabeza dorada y como colofón de la sencillez un toque de pinta uñas de color negro, a modo de saco alar, daba por finalizada la que para mí novedad que marcó un antes y un después de la pesca a ninfa. 

Bien, bien, bien…

A fecha de hoy, diríamos que con la cantidad de materiales disponibles: tinseles, barnices UV, plásticos de todas las transparencias y holografías, sería un PERDIGÓN más.

Un PERDIGÓN más, si no fuese porque era la primera vez que veía en competición, lo que hoy es imprescindible en cualquier caja de pescador decente que se preste.

Para continuar aquí con el amigo “Jabalí”, solo se le ocurre poner un bajo que rondaba tranquilamente las más de tres cañas de longitud, totalmente legal en aquel momento, lo que debido quizás a mi falta de decoro le pregunté: ¿No llevas un bajo demasiado largo?, es difícil así coger la picada, ¿no? A lo que él me contestó: “estáis muy mal acostumbrados los pescadores de la meseta, aquí las truchas no tiran de las ninfas”, lo que sin lugar a dudas también se podría considerar como un comienzo o inicio de la posterior pesca “al hilo”.

Como colofón, aunque esto parezca que se sale de madre, llega “el colega”, coge las tijeras y a una distancia prudencial de la ninfa, (el montaje que llevaba únicamente contemplaba una ninfa al final del bajo), pasa el hilo presionándolo contra el canto de las tijeras lo que forma una especie de pequeña madeja que, en definitiva y únicamente a mi posterior entender con el paso del tiempo, pudiese ser un señalizador en forma de muelle destartalado, pero que cumplía a las mil maravillas con su función de detectar la picada.

ASÍ CONOCÍ EL PERDIGÓN EN COMPETICIÓN 

Bueno, pues con este pequeño artículo lo único que pretendo es poder aportar  datos concretos y totalmente verídicos, en cuanto al momento en el que apareció, según mi experiencia, “El Perdigón” en competición, no pretendo ser juez y parte, sencillamente datar un poco los comienzos de esta magnífica ninfa,  “al César lo que es del César”.

Desconozco quien, ni como fue diseñada, eso deberían ser otros los que nos iluminen en esa faceta.   

A mí, lo que me corresponde, en este momento, es dar gracias a José Carlos Rodríguez “ El Asturiano”, y al destino que me puso en sus manos, ya que “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, y ese CAMPEONATO DE ESPAÑA me otorgó, posteriormente, CINCO de Castilla-La Mancha, seguidos, y otras posteriores clasificaciones memorables en mi humilde currículum deportivo gracias, no solo a la ninfa, sino a las intensas clases particulares que me brindó  aquel “Jabalí” que entró en el agua casi cayéndose, por lo que, a fecha de hoy, sigo y seguiré estándole tremendamente agradecido.

 Un grandísimo abrazo a ti, José Carlos, y suerte a todos aquellos que cada día hacéis más grande este deporte, cuidaros y ¡¡¡ buena pesca !!!.

 Aquí os dejo el que fue mi primer perdigón, regalo de José Carlos, y que no llego a mojarse, lo tengo guardado desde entonces como lo que es, “Una Joya”…

                          

​​Fdo.-Miguel A. Rubio Martínez.                                   

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Un comentario

  1. manuel fernandez salinas

    13 julio, 2017 en 10:27 pm

    buen articulo . me alegro que alguien sin tapujos cuente la verdad de como comenzo este tipo de pesca