De
la Borbolla al El Bocal

Una
maravilla natural, con aguas filtradas del Cares, hasta su “muerte” en el
Cantábrico

Sus
aguas limpias, claras y únicas han sido perseguidas por las piscifactorías

Su
tramo acotado es pobre en población de peces para lo que fue y podría ser y terminamos pescando en lo libre del Cares

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Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
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Ha
sido una de mis mayores decepciones en pesca de los últimos años. Esperaba más
de un río que, cuando lo conocí hace dos años, me enamoró.

El
Río Purón es un río más que singular: NACE A BORBOTONES.
En
la falda de la montaña a los pies de la sierra de la Borbolla. Su agua,
cristalina como nunca había visto, es tan abundante en tan corto recorrido que
parece increíble. Nada más brotar de las peñas se convierte en río y la primera
de cambio pude ver

una enorme trucha que tras divisarnos se coló por las
ranuras de una roca en medio del caudal de agua. Es un paraíso natural digno de
ser visto, contado y alabado.


Un
poco más debajo de su nacimiento nos encontramos con los restos de lo que fue
una piscifactoría y menos mal que está abandonada desde un buen montón de años
y acercarse hasta el nacimiento el río Purón no es nada fácil, aunque, tampoco
muy complicado con un todo terreno.

En
mi primera jornada de pesca en el río Purón, casi a los pies de la población
del mismo nombre, allá por 2015, quedé enganchado a este río que sirvió de
frontera entre las tribus cántabras de los Selenos y Orgonomescos. Río hermoso
y difícil de pescar con poco caudal y la transparencia de sus aguas.

En
aquella ocasión, en compañía de “mis dos Benis”, Lozano y Sánchez, pasamos una
gran jornada de amistad, no tanto de pesca efectiva pues las pintonas, aunque
salieron, fueron pocas y de tamaños pequeños. Eso sí, con unas libreas
espléndidas de colorido y belleza.

LLEGÓ
EL DÍA DE PESCAR SU COTO

Sólo
esperaba tener la “diosa fortuna” conmigo, y el sorteo de los cotos de trucha
del Principado para 2016 me deparó un buen número. Con Javier y Aitor,
pescadores con muerte, decidí ir a pescar el Purón e Infiesto, aunque sin
muerte, pude elegir de lo mejorcito: El Condado, Villamayor, Santillán…

Eran
tantas las ilusiones de ir al coto del río Purón que, después de haberlo
pescado, la desilusión fue total. No lo volveré coger, seguro.
La
entrada, por el punto kilométrico 296 de la carretera general a Santander,
N-634, es sinuosa, estrecha y complicada para un coche normal. Se trata de una
caleya en bajada pronunciada que está semi-escondida por el ramaje y como no
sepas donde está es complicado encontrarla.

Tras
la bajada inicial, transcurre la pista junto al río en un sombrío natural que
en pleno verano será una delicia pero como la semana anterior estuvo lloviendo
con ganas, casi nos atascamos con 
el coche por la blandura de la tierra y
pradera. Pese a todo, aquello es “acojonantemente” bello, digno de disfrutar.

Vimos
el río y, pese a bajar algo alto, se veía espléndido.
Con
todas las ganas del mundo montamos nuestras cañas y nos enfundamos las botas,
Aitor y Javi, y el vadeador yo.
Había
prisa, así que mientras yo terminaba, ellos se adelantaron a pescar a ninfa con
caña larga, de las que utilizan para “formiga”. Con mi nueve pies de seca, que

utilizo para ninfa, igualmente, me dirigí sendero abajo hasta encontrarles. El
primero en la entrada de un pozo hermoso. El segundo, un poco más abajo. Ni
uno, ni otro, habían tocado nada en sus primeros lances.


Una
vez superados, llegué a la zona del puente sobre el río Purón, puente de madera
que sirve de paso a los amantes del Camino de Santiago, por

la ruta Cantábrica
que por lo visto son muchos. La tabla que está por encima de dicho puente, con
unas corrientes preciosas que caen a unas rocas bajo el mismo puente, no me
depararon sorpresa, aunque sí muchos “mirones” con caras de satisfacción ante
tanta belleza natural. Los caminantes hacia Santiago de Compostela quedaban
prendados de lo que veían.


Cuando
y estaba pescando bajo el mismo puente, desde lo alto me observaba Aitor.
Viendo que no tocaba pez y me estaba aburriendo de tanto lance a ninfa, decidí
subir por la parte contraria por donde había entrado. Al llegar al puente veo
un cartel en el que reza: “máximo 20 personas”, así como un letrero de Coto
Truchero Purón.

Nos
quedamos observando el paisaje, el río y los peregrinos, con quienes charlamos
en ocasiones deseándoles buen camino.
Al
poco llega Javier y se pone a pescar las mismas corrientes que había pescado yo
y de repente, su caña se comienza a doblar con tirones que denotaban una buena
pieza. En honor  la verdad, se trataba de
un gran pez que le

dio un juego increíble, con mucha emoción pues, ni siquiera
Aitor ni yo podíamos saber si se trataba de de un reo o una trucha, porque
estaba debajo del mismo puente y lo veíamos. Poco a poco, Javi consiguió
subirlo y llevarlo a la orilla. 

El pez era de más de un kilo pero, no era ni trucha ni
reo, era UN MUIL. Lo disfrutó a tope Javi, y una vez en la sacadera, lo soltó
otra vez al agua.

Al
poco rato, y en la misma tabla, mientras le veíamos pescar, consiguió su
primera trucha y, curiosamente de piscifactoría. Después sacó la segunda, ya de
río y con hermosa librea. Eso nos animó a Aitor y a mí que bajamos de nuevo al
río, metros por debajo del puente, en unas caídas preciosas pero, en esto,
llegó el guarda que muy atento se dispuso a dia
logar con los tres tras pedirnos
la documentación.

Por
él pudimos saber que nos encontrábamos en el mejor tramo de pesca aunque,
tampoco nos dio muchos ánimos. Por él nos enteramos de que el tramo acotado no
es muy grande, sobre kilómetro y medio, que va desde el puente del ferrocarril
hasta la desembocadura en el mar. Nos contó que hubo, antiguamente, una central
eléctrica y dos piscifactorías, la del nacimiento que ya conocía y otra de
producción que hay por encima de donde nos encontrábamos, junto a la nacional
634. Había otra, más antigua con balsas de tierra, prácticamente desaparecida
en su totalidad.

Mientras
yo pescaba el inicio de la corriente, él pescaba la parte más baja con caída a
un pozo. Siento un chapoteo, miro y era Aitor que había trabado un  buen ejemplar. Era una buena trucha que no
quiso saber nada de la sacadera una vez conocido el dolor del anzuelo y se quedó
para criar. Yo, un simple tirón.

Ahora
les puedo contar que bajamos pescando las zonas conocidas como La Espuma, Los
Terreros, Prau Largo, La Encina y La Piedra. Estos dos últimos yo solito,
porque Aitor se quedó más arriba y, pese a que la mar había bajado y me
dejaba, no quise proseguir hasta la parte final, conocida como Los Anguleros y
el Bocal, donde dicen que se pueden pescar buenas especies marinas, truchas
mariegas y reos, dicen que incluso salmones, aunque eso seguro fue hace un
montón de años.

Aburridos
de no tocar pez y, de vuelta al puente de madera, Javier se encontraba como
nosotros, más o menos, y decidimos marchar a comer a Panes y llamar a mi amigo
Ángel Luis Aceituno, un extremeño de Jarandilla de La Vera, que se encuentra
una semana pescando en el Cares y el Deva.

Así
nos fuimos hasta Panes, comimos muy bien y nos dispusimos a pescar en el río
Cares, en la zona de El Seu, curiosamente con mucho caudal y casi imposible de
vadear, incluso en la orilla, pero eso es “otro cantar”.

En
definitiva, pésima jornada de pesca en el Coto del río Purón pasando de la
alegría en la llegada, a la tristeza y aburrimiento de la partida por no tocar
escama. Otra vez será, aunque no se, si volveré al Purón a pescar.


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