“TOLIBIA, esa maravilla del río Curueño”
En mi libro publicado DÓNDE Y CÓMO PESCAR EN LEÓN, escribía:

Terminé de “enamorarme” locamente de este paraíso entre montañas, cuando lo pesqué, por primera vez, hace un montón de años, más de 30.

En los frezaderos de Tolibia he visto tantas truchas y de tamaños tan variados escarbando en las piedras que no sé dónde se meten después, que parece que no hay ninguna

Tolibia, año tras año, temporada tras temporada, es uno de los favoritos de los aficionados

Chingli, Valentín padre, José Luis y Beni.
Y para el buen yantar, los pescadores lo encuentra a pie de río: Venta de El Aldeano, con Valentín, Miguel y cía… 

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Texto: Eduardo García Carmona. Fotos: J.L. Méndez y L.A. Díaz
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No hace muchas fechas, a primeros de Julio, he estado pescando en el Curueño alto, por encima de Tolibia, pero este coto y su Venta de El Aldeano, fueron el lugar de reunión de cuantos acudimos al Encuentro de Pesca Sostenible y Turismo Rural, que organizado por el Grupo Ninfa Calidad, estaba avalado por el GAL Montaña de Riaño.
Todos mis recuerdos se hicieron presentes al ver las cristalinas aguas de este maravilloso río Curueño que, además de truchas, tiene una magia especial para quien lo mira, que se convierte en “un duende entre montañas”.
Mis compañeros de cuadrilla de pesca, y amigos de siempre, en León y Asturias, acudieron este fin de semana a pescarlo, llevándome con ellos en el pensamiento, bueno, no solo a mí, si no, también, a Ismael José Rodríguez “Maelín el de Santa Olaja”, que un poco “pachucho” tuvo que conformarse, como yo, con lo que le contasen.
José Luis Méndez, Luis Alberto Díaz y Benigno Perfecto Sánchez, se lo pasaron de maravilla pescando, comiendo y acordándose de sus compañeros que, para eso existe Internet y con el Whatsap las fotografías te llegan en el momento con su mensaje.
Chingli, Valentín hijo y padre y José Luis.
Durante el día las pintonas no quisieron comer pero ellos sí. Se metieron para el cuerpo una tremenda “pitanza” en la Venta del Aldeano, parientes de Luis Alberto “Chingli”. Que si cabrito, que si patatín, que si patatán…hasta llegar a unos postres exquisitos, como lo demás. Hoy por hoy, La Venta del Aldeano, tiene una gran cocina casera de la montaña leonesa, que muy pocos pueden igualar, porque a la calidad de las viandas y su preparación, hay que unir precio, servicio y amabilidad. UN DIEZ LE PONEN DE NOTA MIS AMIGOS, a la que yo, conociéndo sus fogones me apunto.
A la caída de la tarde, y tras un buen descanso, mis tres amigos salieron al río a pescar y se encontraron con un Curueño generoso. Eso sí, con mucha trucha pequeña pero, también con ejemplares de auténtica calidad para un río de montaña y aguas transparentes. Una delicia. Disfrutaron que es lo importante.
El río bajaba bien de caudal, un poco mermado pero bueno para pescar al sereno de la mañana o al atardecer, ya que las aguas estaban transparentes.
Aunque ahora repasaremos lo que es el coto de Tolibia, las fotografías, aportadas por José Luis Méndez y Luis Alberto Díaz, lo dicen todo.

EL COTO

El tramo acotado de Tolibia, año tras año, temporada tras temporada, es uno de los favoritos de los pescadores que gustan de practicar su afición en este coto, pero también de los muchos furtivos “veraniegos” que atraídos por la belleza y el encanto que tiene la mayor parte de la montaña leonesa, acuden a pasar el fin de semana en esta zona, o simplemente a disfrutar el domingo y de paso “arrasarlo” todo. Son tantos los visitantes y tan poca la vigilancia, sobre todo de madrugada o al atardecer, que la pesca a mano, con lejía o lo que haga falta está a la orden del día. Pese a ello, el río Curueño es muy sabio.

Les puedo asegurar que terminé de “enamorarme” locamente de este paraíso entre montañas, cuando lo pesqué, por primera vez, hace un montón de años. Han sido tantas las veces que he pescado, o simplemente paseado por estos parajes que todo lo que se pueda contar es poco, para lo maravilloso que es. Además, en plena freza, pude disfrutar viendo a la hermosa trucha del Curueño retozar en un mar de tranquilidad y aguas claras, “danzando” el rito especial de la procreación. ¡Qué maravilla!

Las truchas, entre Enero y Febrero, se agrupan por cientos  en las tablas. Suelen estar tranquilas, “en su salsa”, sin veraneantes, ni pescadores que las molesten. Escarban en las piedras y se refriegan en ellas. Rápidamente, el macho acude al lugar para impregnar con su líquido de la vida, lo que la hembra deposita sobre el lecho del río. Esto se repite una y otra vez. Es la “sinfonía de la vida” plagada de  luces. Contarlo es bello pero, lo verdaderamente hermoso es estar allí  y tener la gran oportunidad de admirar lo que muchos están degradando con su falta de concienciación.

En los frezaderos son tantas las truchas y de tamaños tan variados, que a no ser por las explicaciones de la guardería, bien se podría decir que acababan de colocarlas a todas juntas para  impresionarnos. Es tanta la población de truchas y tan bueno su tamaño, que de no haberlas visto, todavía estaría dudando. El Curueño está muy castigado en verano pero su curso tiene tantas defensas que la trucha, agazapada, suele salir a comer  de madrugada y al atardecer. Durante el día parece que no hay truchas.

Preciosa librea de la trucha del Curueño.

El Curueño, en este tramo de Tolibia, es un auténtico vergel piscícola, en cuanto a los salmónidos se refiere. La contaminación, aunque cada vez es mayor,  es mínima todavía, comparada con la de otras zonas y ríos.

LOCALIZACIÓN

El río Curueño es el principal afluente que tiene el Porma. Nace en un lugar maravilloso llamado puerto de Vegarada y discurre, en sus primeros metros, como un hilo de agua limpia y fresca que sacia la sed de los muchos visitantes de esta zona, límite con Asturias.
Poco a poco el Curueño va ganando caudal para convertirse en un riachuelo torrentoso y  poco caudaloso, en los primeros kilómetros, para ir abriéndose hueco entre las montañas y hacerse pescable en las Hoces Valdelugueros.
Tiene una longitud, aproximada, desde su nacimiento hasta la desembocadura en el río Porma, en Ambasaguas, de 50 kilómetros.
Las mejores zonas trucheras  se encuentran una vez pasada la localidad de Tolibia de Abajo hasta la Vecilla.

LÍMITES Y ACCESOS

El acotado de Tolibia tiene su límite superior en el pozo conocido como “El Ciego”, aguas arriba del kilómetro 14 de la carretera de La Vecilla a Casomera. El límite inferior se encuentra donde deja sus aguas el arroyo de Valdeteja, próximo al puente de Los Corrales. La longitud aproximada de este tramo acotado es de 6 kilómetros. La anchura media del cauce no sobrepasa los 15 metros.
La distancia, desde León capital, es de 50 kilómetros, siendo la principal vía de acceso la carretera de León a La Vecilla, Nocedo de Curueño, hasta Tolibia. También se puede acudir por la carretera de León hasta Puente Villarente y desde aquí hasta Ambasaguas para coger la carretera que, atravesando toda La Cándana, llega hasta La Vecilla y después hasta Tolibia.

MEJORES ZONAS DE PESCA

El coto, prácticamente en toda su extensión, es muy bueno para la práctica de la pesca en la modalidad de lance y mosca seca. Es cómodo de pescar y no existe mucha vegetación en sus orillas. Existen zonas determinadas que, bien por su mayor número de piezas extraídas o por sus mejores condiciones para la pesca, son las favoritas de los pescadores que acuden al coto de Tolibia.
Chingli y Beni.
En su zona alta, en el mismo comienzo del coto, se encuentra el pozo de “El ciego”, donde existen  cantidad de ejemplares  de buen tamaño, con una entrada y salida del pozo muy bueno para el lance. Después del puente, y hasta La Venta de San Pedro, antiguamente así se conocía este lugar, después Venta de la Zorra y ahora La Venta del Aldeano, las tablas se suceden, ofreciendo multitud de oportunidades a los aficionados entre rocas, caídas y pozos. Después, llegan zonas donde el río se encajona entre las rocas para abrirse y ofrecer espacios idóneos para lanzar. Tramos donde el río se ensancha, ofreciendo el Curueño su vientre repleto de rocas. Pescar aguas arriba bailando la saltona ofrece plenas garantías. Lugares donde el agua se remansa formando grandes tabladas con aguas profundas, ideales para la pesca a mosca seca.
Todo en familia.
El Curueño recibe el caudal de dos arroyos: Arintero y Villarias, aguas arriba de “puente Mesmino”. Este es uno de los lugares favoritos de los pescadores. Desde esta zona y hasta el pozo de Las Brujas, aguas abajo de la Venta, el río vuelve a ofrecer muchas oportunidades al pescador.
Aquí, en esta zona fue donde gozaron Chingli, José Luis y Beni y donde la mayoría de las fotografías fueron realizadas.
Espero que hayan disfrutado leyendo, tanto como yo escribiendo y recordando.
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