Tolibia y Valdepiélago son dos de los mejores tramos para pescar a esta modalidad en León

Montañas, con sinfonía de colores en paisajes idílicos, harán de la jornada de pesca una delicia

Abundancia de truchas en cantidad y tamaño y el SEPRONA cerca vigilando a los furtivos

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Me “enamoré locamente” de este paraíso entre montañas, cuando lo pesqué, por primera vez, hace un montón de años, más de 40, y  es que nos estamos haciendo “mayores”.

Les puedo asegurar que terminé de “enamorarme” locamente de este paraíso entre montañas, por muchos motivos pero, especialmente por sus “pintonas, sus paisajes, sus aguas…

Han sido tantas las veces que he pescado, o simplemente paseado por estos parajes que todo lo que se pueda contar es nada para lo maravilloso que es. Por si fuese poco, en plena freza pude disfrutar viendo a la hermosa trucha del Curueño retozar en un mar de tranquilidad y aguas claras, “danzando” el rito especial de la procreación. ¡Qué maravilla y qué cantidad de truchas!

En los frezaderos de Valdepiélago y Tolibia he visto tantas las truchas y de tamaños tan variados, escarbando en las piedras, que no podía da crédito a lo que estaba viendo. En la “danza de la vida”, rápidamente, el macho acude a depositar el semen al lugar donde la hembra deposita sus huevos, para impregnar con su líquido de la vida, lo que la hembra deja sobre el lecho del río. Esto se repite una y otra vez. Es la “sinfonía de la vida” plagada de  luces y colores.

Y en mis últimas jornadas de pesca, por fin he visto al SEPRONA vigilante en Valdepiélago y Tolibia, algo que me congratula porque son los meses de verano los que más furtivos presentan, especialmente, los fines de semana. Sin darme cuenta, los tenía vigilándome desde hacía un buen rato hasta que se acercó uno de ellos y me solicitó ver las moscas con las que pescaba. Tras comprobar mi cuerda de pesca a la leonesa, entablamos conversación. Me parece una gran labor la que hacen a favor de la naturaleza. El trato y educación fue exquisito.

LOS ROMANOS

No cabe la menor duda que cuando las legiones romanas determinaron abrirse camino hacia Asturias por Valdepiélago, surcando las aguas del Curueño, quedarían enamorados del paisaje que marcan sus aguas limpias y la gran riqueza truchera que tiene. Había que transportar mercancías y riquezas mineras, especialmente el oro, hasta  Asturias. El camino a seguir a través de la montaña, lo indicaba este gran río Curueño, río de las mil y una sinfonías multicolores de agua, montaña, arboleda y praderas.

Si los romanos eligieron Valdepiélago fue por algo. Es la entrada natural hacia la montaña y punto de unión entre todos los pueblos y aldeas del alto Curueño y la localidad más importante de la zona, La Vecilla.

Los alrededores de Valdepiélago respiran vestigios romanos. La historia así lo cuenta. Valdepiélago, junto con la Vecilla y Tolibia, fueron vía importante de las comunicaciones romanas entre León y Asturias. Los productos extraídos en la tierra leonesa, oro y plata, se pasearon durante muchos años por la calzada romana que, paralelamente al río Curueño, todavía se puede localizar. El dificultoso paso natural se volvió artificial, labrado por los leoneses de antaño con sudor y vidas dejadas en las rocas de sus montañas, hasta convertir el trazado sinuoso y peligroso, en vía accesible hacia tierras astures y cántabras.

Entre las almenas naturales de este paraje natural, seguro, que son miles las historias de la época y siempre como protagonistas, los romanos y el río Curueño. Este es el denominador común, incluso en nuestros días, de esta comarca maravillosa compuesta por el alto y bajo Curueño, lugares de lo más importante en la provincia leonesa en cuanto a la trucha y su pesca se refiere, sin olvidarnos de esos gallos únicos en el mundo, que dan fama a León, por la aplicación maravillosa de sus plumas para la confección de moscas para la pesca deportiva, aunque cada vez menos debido a los productos artificiales que se emplean para confeccionar moscas secas.

En Valdepiélago y Tolibia se respira aire fresco de la montaña mezclado con el olor a brezo, o hierba recién cortada. En Valdepiélago y Tolibia también se huele a trucha. Trucha fina, brava y con un colorido especial, que sólo tiene la del Curueño. En Valdepiélago y Tolibia, el despertar del día se convierte en canción. ¡Qué tendrán estas tierras para desbordar tanta belleza!

Agua, truchas, gallos de León y el Manuscrito de Astorga se juntan en estos lares de la montaña leonesa para deleitar al pescador más exigente con la PESCA A LA LEONESA porque aquí y, especialmente en Valdepiélago, este arte tan nuestro, la pesca a la leonesa, que atesoraron pescadores como Juan de Bergara, Lorenzo García y Luis Peña y que se ha transmitido de generación en generación, al igual que sus moscas confeccionadas con las plumas únicas de los gallos de la zona, se ha convertido en el PARAISO de éste arte. La Junta de Castilla y León ha acertado en la Normativa de 2017 en dedicarlo, EXCLUSIVAMENTE, a la Pesca a La Leonesa pese a los detractores, que también los hay.

Personalmente, soy un enamorado del río Curueño y como he escrito hace unas fechas en PesCarmona, esta temporada me está “devolviendo a las jornadas maravillosas de hace 20 o 30 años” con grandes jornadas de pesca sin muerte y gozando de buenos ejemplares, como antiguamente, y lo RECALCO pese a que “algún listillo de la zona” diga lo contrario, que está en su derecho, aunque sin insultar. Para él tiene.

Por cierto, entre los amigos ayer, en Tolibia estaba pescando Agustín “Gus”, y en El Sierra me encontré con una muy grata presencia la de CARLOS J. “Pescate”, gran persona, mejor pescador y montador de moscas, ciclista amante de la naturaleza y natural de Montuerto y, aunque se encuentra trabajando en Castellón, siempre que puede vuelve a “casa” y a pescar en su Curueño. 

EL COTO DE VALDEPIÉLAGO

Este tramo acotado se encuentra entre las localidades de Nocedo de Curueño y Renedo. Presenta unas características idóneas para la práctica de la pesca de la trucha en todas sus modalidades aún que, esta temporada de momento y esperando que dure muchos años más, sólo se puede pescar a LA LEONESA o  mosquito y SIN MUERTE.

Se encuentra a unos 40 kilómetros de León, con buena red de comunicaciones, tanto por carretera como en tren.

La anchura media del curso fluvial es de 15 a 20 metros, aunque existen zonas donde el Curueño angosta tanto, que no llega a los 5 metros, cerrándose sobre las rocas calizas y formando pozos profundos, donde nuestra singular “pintona” encuentra un refugio sin par.

El límite superior del coto, se encuentra en la localidad de Nocedo, justo en el puente, mientras el inferior está localizado 250 metros aguas abajo del puente del ferrocarril León-Mataporquera. Existe un “vedado” total desde el puente de Nocedo de Curueño aguas arriba.

ZONAS DE PESCA

No cabe la menor duda, que no es lo mismo pescar a principio de temporada, que al final, aunque si el pescador gozará tanto en el mes de Abril como en Julio o Agosto. Los aficionados prefieren Junio por que es en este mes cuando el río presenta mejores condiciones para pescar pero lo he pescador bien siempre, incluso en Agosto.

La totalidad de los 4.000 metros de zona acotada son muy aprovechables tanto al comienzo de temporada, pese al mayor caudal de sus aguas, que en la época estival.

Las mejores zonas de pesca se encuentran al comienzo del coto, en Nocedo de Curueño, justo aguas abajo del puente donde se inicia el tramo acotado. Los pescadores se encontrarán con un lugar idóneo para pescar a mosquito ahogado o “leonesa”. Las muchas rocas que existen en su curso son un cobijo importante para la trucha. Cuando las aguas bajan y quedan al descubierto, el tramo se convierte en excelente, especialmente para pescar al sereno.

Aguas abajo de esta localidad, después de pasar las últimas casas del pueblo en la zona de la ermita, comienza otra espléndida tablona que en verano se llega a remansar prácticamente en su totalidad. Esta es  muy buena a principios de temporada. Unos 100 metros más adelante el río comienza una ligera caída y se ensancha. Aquí las piedras, de considerable tamaño, se ven en pleno invierno emergiendo de las aguas. Este tramo es “superior” en toda época para la práctica de la pesca.

Las truchas  son de buen tamaño y muy bravas, tomando bien el señuelo. Lo mejor es que, también, se ven muchas pequeñas cuando caminas por la orilla o las observas desde algún puente.

Después, el río comienza a dibujar “eses” pegándose a la carretera, discurriendo paralelo a esta casi hasta La Vecilla.

En la caída de “La Peñona”, cuando las aguas chocan contra la misma, el río se rompe en dos brazos. En la entrada se forma un pozo sensacional y la salida es muy buena para pescar. A continuación se encuentran unas tablas amplias, pegadas a la carretera, que son muy cómodas de pescar en la orilla opuesta, aunque el pescador antes de lograr la posición, deberá pasar un auténtico “calvario” con multitud de pinchazos y magulladuras propiciadas por la mucha maleza existente en la propia orilla. Merece la pena.

La entrada hasta esta zona se puede  realizar por el canal que está pegado a la roca, aunque en invierno hay que pasarlo con cuidado ya que las aguas son bastante profundas.

La localidad de Montuerto es la zona que eligen cientos de leoneses a la hora de pasar una buena jornada en el campo, donde existen unos espléndidos prados pegados al curso del río. Es zona favorita de los “domingueros” y aunque es muy buena para pescar, en la época estival el pescador se puede encontrar a un “enjambre” de personas bañándose en las aguas. Unos pocos metros más abajo, existen buenas zonas con caídas más rápidas. Es quizás de lo mejorcito para pescar. Después, hasta el puente romano de Valdepiélago, los recodos y tablas se suceden, aunque la maleza dificulta mucho más la labor del lance para el pescador.

Si las “pintonas” tienen un buen día para comer es normal que los pescadores  disfruten de la pesca como nunca, aunque también, dependiendo de la frialdad de las aguas y el caudal, se dan sorpresas menos agradables para los pescadores, pudiéndose llevar el “rosco” para su hogar. Pese a todo, trabajando bien el río, no es difícil conseguir disfrutar de este coto “sin muerte”.

Y al final de la jornada, se puede degustar la cocina de la zona en el Restaurante DE LA SIERRA, que regenta Avelino de la Sierra, conocido pescador de la zona que, también puede dar algún consejo.

TOLIBIA

El tramo acotado de Tolibia, año tras año, temporada tras temporada, es uno de los favoritos de los pescadores que gustan de practicar su afición pero, también de los muchos furtivos “veraniegos” que, atraídos por la belleza y el encanto que tiene la mayor parte de la montaña leonesa, acuden a pasar el fin de semana en esta zona, o simplemente a disfrutar el domingo y de paso “arrasarlo” todo. Son tantos los visitantes y tan poca la vigilancia, sobre todo de madrugada o al atardecer, que la pesca a mano, con lejía o lo que haga falta está a la orden del día. Pese a ello, el río Curueño es muy sabio.

El Curueño, en este tramo de Tolibia, es un auténtico vergel piscícola, a pesar de tratarse de un coto con muerte, excepto los viernes que es sin muerte. La contaminación, aunque cada vez es mayor,  es mínima todavía, comparada con la de otras zonas y ríos.

EL COTO 

El río Curueño baja del puerto de Vegarada y discurre, en sus primeros metros, como un hilo de agua limpia y fresca que sacia la sed de los muchos visitantes de esta zona límite con Asturias.

Poco a poco el Curueño va ganando caudal para convertirse en un riachuelo torrentoso y  poco caudaloso, en los primeros kilómetros, para ir abriéndose hueco entre las montañas y hacerse pescable en las Hoces Valdelugueros. Tiene una longitud, aproximada, desde su nacimiento hasta la desembocadura en el río Porma, en Ambasaguas, de 50 kilómetros.

El acotado de Tolibia tiene su límite superior en el pozo conocido como “El Ciego”, aguas arriba del kilómetro 14 de la carretera de La Vecilla a Casomera. El límite inferior se encuentra donde deja sus aguas el arroyo de Valdeteja, próximo al puente de Los Corrales. La longitud aproximada de este tramo acotado es de 6 kilómetros. La anchura media del cauce no sobrepasa los 15 metros.

La distancia, desde León capital, es de 50 kilómetros, siendo la principal vía de acceso la carretera de León a La Vecilla, Nocedo de Curueño, hasta Tolibia. También se puede acudir por la carretera de León hasta Puente Villarente y desde aquí hasta Ambasaguas para coger la carretera que, atravesando toda La Cándana, llega hasta La Vecilla y después hasta Tolibia.

ZONAS DE PESCA

El coto, prácticamente en toda su extensión, es muy bueno para la práctica de la pesca en la modalidad de lance y mosca seca. Es cómodo de pescar y no existe mucha vegetación en sus orillas. Existen zonas determinadas que, bien por su mayor número de piezas extraídas o por sus mejores condiciones para la pesca, son las favoritas de los pescadores que acuden al coto de Tolibia.

En su zona alta, en el mismo comienzo del coto, se encuentra el pozo de “El ciego”, donde existen  cantidad de ejemplares  de buen tamaño, con una entrada y salida del pozo muy bueno para el lance. Después del puente, y hasta La Venta del Aldeano, las tablas se suceden, ofreciendo multitud de oportunidades a los aficionados. Después llegan zonas donde el río se encajona entre las rocas para abrirse y ofrecer espacios idóneos para lanzar. Tramos donde el río se ensancha, ofreciendo el Curueño su vientre repleto de rocas. Pescar aguas arriba bailando la saltona ofrece plenas garantías. Lugares donde el agua se remansa formando grandes tabladas con aguas profundas, ideales para la pesca a mosca seca.

El Curueño recibe el caudal de dos arroyos: Arintero y Villarias, aguas arriba de “puente Mesmino”. Este es uno de los lugares favoritos de los pescadores. Desde esta zona y hasta el pozo de Las Brujas, aguas abajo de la Venta, el río vuelve a ofrecer muchas oportunidades al pescador. Lo peor de esta zona es que en verano son muchos los “domingueros” con sus familias. Algunos no respetan nada, mucho menos al pescador, haciendo la pesca poco menos que imposible por lo que pescar en verano, sábados, domingos y festivos se convierte en “aventura”.

De lo que no cabe duda es que desde que hizo la nueva Ley de Pesca en Castilla y León, todos los ríos de ésta provincia son una maravilla por su buenos peces en tamaño y cantidad y, a poco que el tiempo climático acompañe, la jornada de pesca se puede convertir en inolvidable.

En verano, lo más aconsejable es pescar al sereno, tanto de la mañana, como el del atardecer.

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2 Comentarios

  1. Eduardo Garcia Carmona

    24 julio, 2017 en 8:02 pm

    Luis, con las moscas leonesas o ahogadas, también, se puede pescar en Valdepiélago con caña de seca y cola de rata pero, CON LEONESAS O AHOGADAS.

  2. Luís

    24 julio, 2017 en 12:21 pm

    Declarar valdepielago exclusivamente para pesca a pluma es un error. Otra cosa,sería que solo dejasen pescar con moscas ahogadas leonesas, que no está mal que la gente empiece a usarlas con cola de rata o acabarán perdiéndose.