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25 octubre, 2020

Adiós a La Tapera y vuelta a Coyhaique…

La expedición leonesa vuelve al “campamento base”: Las cabañas de Don Edilio

Cuatro jornadas en “el cielo de Los Andes” frontera con Argentina

Con experiencias, sensaciones y capturas extraordinarias en el río Cisnes y Lago Solís que finalizó con “la corderada” de Don Aníbal

Fotos y texto: Eduardo García Carmona y expedición

¡Adiós Tapera, adiós…!

Han sido cuatro jornadas inolvidables para los seis componentes de la expedición leonesa a La Patagonia chilena y, personalmente para quien esto escribe, una vuelta al pasado de hace un año. Parece que he vuelto a estar allí pescando y gozando con ellos. Gracias amigos.

La nostalgia es nostalgia y la realidad es que mientras escribo las crónicas en España, en Gijón, donde resido, la mente se me va por los cielos asturianos hasta La Patagonia donde he estado en tres ocasiones pero, que si pudiera volvería cada temporada. ¿Quién no?

El caso es que la aventura de La Tapera ya es historia y la expedición vuelve al “campamento base”, a las Cabañas de Don Edilio, a seis kilómetros de Coyhaique, lugar donde aún deberán estar unos días para continuar gozando de la pesca y las maravillas que ofrece Chile.

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LA DESPEDIDA EN LA TAPERA

Don Aníbal y su esposa Wirma, como siempre, no han querido dejar pasar la ocasión de celebrar la estancia de los leoneses sin ofrecerle su “especial asado”: un cordero a la estaca que me recuerda a los del “Prau Llagüezos”, en la cumbre del Aramo.

Los comensales dieron buena cuenta del apetito y se “saltaron la dieta” sin restricciones. El que menos, casi revienta porque la historia de la cena tiene como recorrido el patio de la estancia de doña Wirma. Un patio donde nuestros compañeros de pesca dejaban a diario colgados los vadeadores y las botas, para secar. Una zona de la estancia donde las gallinas y conejos viven a sus anchas y donde nuestros leoneses hambrientos quitaron el hambre y la sed de la última jornada de pesca en el río Cisnes, que como las anteriores, fueron de más de CIEN CAPTURAS POR CAÑA. La leche.

Antes del cordero a la estaca, dieron buena cuenta del chorizo criollo, de chuletas y otras viandas para ir haciendo boca mientras se asaba el cordero. No faltó el buen vino de Chile.

Entre copa va y viene, las aventuras vividas en las cuatro jornadas disfrutadas en La Tapera, no faltaron pese al cansancio. Para combatir esto último, nada mejor que un buen trago de vino en vaso o en la bota de Patricio y Mauricio.

La alegría fue total y “el tricóptero de Molleda” volvió a ser el rey de los cuatro días de pesca. Todos gozaron de lo lindo en el río y en el recuerdo de las jornadas y todas las moscas presentadas ofrecieron el “mejor bocado para las pintonas patagonas” pero, según José Luis, el “trico de Molleda” tiene algo especial. Como conocedor de la mosca, con la que gocé la temporada anterior, he de decir que el secreto está en “los gallos de León” y en los artistas que lo confeccionan, sin olvidar a los del lance. Son unos fenómenos con la caña.

La fiesta duró hasta altas horas de la noche y el Pisco no faltó. Algunos “fueron a gatas” para la cama. A otros, les costó subir la estrecha escalera hasta las habitaciones y casi no encuentran la cama.

Disfrutaron a tope, que de eso se trataba, y al día siguiente, algunos con ardores de estómago y la “cabeza volada” volvieron para Coyhaique.
Les seguiremos contando según se vayan produciendo noticias pero, LO MEJOR es que todos están bien. Perdón, mejor que bien aunque echaron en falta la cobertura de Internet.

¡Hay la civilización…!

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