El río Omaña con escaso caudal, muchas ovas y calor, no ofreció el mejor de sus “encantos”

Lo mejor, estar en buena compañía y disfrutar en plena naturaleza con un gran día de sol y calor, compartiendo mesa y mantel con amigo en el bar de los Hermanos Prieto que nos ofreció un buen menú

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Una jornada de pesca en el río Omaña,poco fructífera en capturas pero, con “repoker” en amistad.

Conocimos a dos pescadores vascos, de Vitoria, los hermanos ADRIÁN Y LUIS que estaban pescando, también, en El Castillo. Son unos enamorados de los ríos de León y, siempre que pueden, acuden a pescar en las aguas de alguno de ellos. Comimos en la misma mesa en el Bar Hermanos Prieto, de El Castillo, formando un grupo homogéneo en gustos y en viajes. Ellos, también, han estado pescando en La Patagonia chilena y hasta con los mismos guías que nosotros: Patricio, Mauricio y Cristian. Coincidimos en gustos de pesca teniendo como favorito el río Paloma, río de aguas limpias y cristalinas de color azul turquesa y abundancia de truchas arco iris y fario. La charla fui muy distendida y amena. Una agradable sobremesa y el reconocimiento a nuestra web que me hizo sentir “pequeño” por los halagos.

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Ir a pescar a El Castillo es una aventura más, si vas en el mes de Julio poco antes de que se cierre la temporada. Así ha ocurrido con el coto conseguido en el sorteo normal pero, menos mal que lo pesqué antes en La Semana Internacional de la Trucha y la suerte fue muy distinta. En Junio, el Omaña bajaba precioso para pescar y gozamos. Un mes y diez días después ha sido otro cantar. Entre cuatro pescadores, Benito Lozano, Beni Sánchez, José Luis Méndez y quien esto escribe, no más de una docena de truchas a la mano pescando a leonesa y seca “adaptada con bola”.
Quien más se llevó a la sacadera fue Lozano, siete, tres Méndez, al igual que yo y Beni, ni se estrenó. Eso sí, los cuatro tuvimos muchas subidas de truchas pequeñas y alguna de mejor tamaño pero, o se desenganchaban o solo daban el tirón.
Los dos pescadores vascos, Adrián y Luis, más o menos, como nosotros, aunque se quedaron a pescar por la tarde y al sereno. Les aconsejamos que subiesen a la zona alta del coto de El Castillo, zona por encima de las “cuadras de Manolo” que es el tramo que le añadió a éste coto, hasta la confluencia del río del Valle Gordo y el Omañón. Esta es la zona menos visitada por quienes tienen el coto y por lo tanto la menos pescada. Ellos, al día siguiente, tenían el coto de La Omañuela y dormían en Pandorado.
Quizás por la tarde les pudo sonreír la fortuna pero, nosotros, al poco tiempo de terminar de comer y relajarnos dando un paseo y recogiendo los frutos de unos guindales, nos marchamos para casa una vez que observando el río, viendo la falta de actividad de los peces entre el “mar de ocas” de su curso pensamos que no merecía la pena estar hasta tarde pues había que viajar hasta Gijón y Candás y, a pesar de que “los canalillos” que se forman suelen ser sensacionales para pescar a mosca seca, aunque sea a bola y, ni así. Probé fortuna sin vadeador y en zapatillas deportivas. Trabé dos en tres lances y pequeñas que, incluso, se desengancharon. Benito, que no se había quitado el vadeador ni para comer, también lo intentó con un poco más de fortuna “pinchando” más ejemplares, que no sacando a la mano. Por eso dejamos de pescar y nos marchamos sobre las 18 horas. Antes, mantuvimos una interesante charla con el guarda del coto, José “el Rubio” para unos y, más conocido por los pescadores como “Rambo”, al que se unió Fernando. Al poco rato, pasó el “incombustible” Paulino que se marchaba en su coche rojo hasta casa Resty en Pandorado. Se le ve fenomenal pese a los “noventa” o más que atesora.

Lo peor de la jornada fue comprobar que el río Omaña está con escaso caudal y debido a la falta de grandes avenidas de agua en el deshielo y las pocas lluvias, se han formado mares de “ocas u ovas”, como apuntábamos anteriormente, que dificultan la pesca, como no sea a seca. Una pena y aunque no había llevado la caña de seca, lo intenté por “activa y pasiva” por los canalillos que se forman entre las plantas acuícolas pero, las pintonas no estaban por la labor y decidimos no quedarnos a pescar a la caída de la tarde o al sereno. Otra vez será.
De todas formas, cuando durante toda la temporada se pesca con muerte en El Castillo, salvo los miércoles, esto se nota sobremanera en la población de truchas mayores de 24 centímetros a estas alturas de la temporada truchera. Las grandes se las llevan desde el inicio de temporada aquellos que pescan, especialmente a ninfa y perdigón, con muerte, porque es río muy bueno para este arte de pesca y se pueden llevar cuatro por pescador y día.
Así están las cosas y es lo que hay. Quizás merezca la pena pescar en las zonas libres, que suelen estar menos visitadas y encima no hay que pagar.

MÁS INFORMACIÓN DEL COTO DE EL CASTILLO

LO MEJOR PARA PESCAR, MOSQUITOS Y MOSCAS

ara gustos se hicieron colores y, para mí, estas son las zonas favoritas después de haber pescado en infinidad de ocasiones este tramo, a lo largo de muchos años.
Metidos en el acotado, en el mismo pueblo del que toma el nombre, una vez cruzado el pueblo, nos encontramos con una inmensa pradera donde en muchas ocasiones, si el tiempo climatológico acompaña, se preparan buenas comidas y meriendas al fuego de leña y si la climatología no es buena, en el refugio que siempre estará abierto para el aficionado y, además con leña para encender la chimenea y una gran mesa. En esa pradera, próxima a la casa de Paulino, el gran guarda jubilado, se encuentra el punto de partida de la mayoría de pescadores.
A partir del puente, por su parte superior, encontramos una excelente tabla, a la llamo la del arroyo de la serrería. Es una tabla amplia y fácil de pescar que tiene buena trucha que se cobijan baja las muchas ocas que existen en sus aguas. Las primeras varadas son, a buen seguro, en este tramo del coto y, según nos vaya en los primeros lances, sabremos cómo será la jornada, más o menos.
Unos tiran hacia la zona superior, otros del puente para abajo. Lo cierto es que todo el coto es bueno y el pescador lo puede caminar sin problemas, aunque dificultades encontrará.
En la parte superior hasta Vegarienza, las tabladas son continuas, con mucha arboleda a un lado y otro, que hacen que el pescador selecciones más el “lance” con la caña, demostrando su destreza, o moviendo con singular alegría la muñeca para meter los señuelos en el sitio preciso. Es foto diaria ver las cuerdas colgando en las ramas de los árboles.
La zona del “puerto” es muy buena. Es aquí donde se consiguen buenas capturas. Las aguas son remansadas y excelentes para mosca seca. Para el sereno es sensacional a mosquito ahogado, sobre todo el comienzo de la tablona donde las aguas llegan más vivas y comienzan a remansarse poco después.

Si elegimos pescar río abajo, partiendo del puente de El Castillo, próximo al mismo, encontramos otra inmensa tablona que tiene mucha trucha. Las ruinas del viejo Castillo, señorial que lo fue en otros tiempos, vigilan al pescador. Sus torres o torreones maltrechos, se clavan en el azul cielo. Esta tablada tiene zonas abiertas y anchas, también pozos profundos junto a las rocas del castillo. A continuación existen buenas corrientes de agua para la cucharilla, hasta llegar al recodo donde el río hace una “s” al chocar con la montaña. Es allí, donde unas fuentes de agua fría y cristalina, sacian la sed del cansado pescador. Desde este tramo hasta el final del coto son múltiples y muy llamativas las zonas donde el pescador puede probar suerte en el lance.

¿Y la trucha del Omaña?… ¡Ay que trucha tiene este río! Es brava como ninguna y cuando muerde el señuelo, que grata y reconfortante llega la tensión al pescador. La caña se cimbrea sin parar. Con tiento y talento pero sin prisa, se va recogiendo el sedal hasta que la captura llega a la sacadera. ¡Qué belleza… y qué pintas tiene la trucha del Omaña! Son rojas, rojas, como ninguna otra ¡Qué delicia!

El Castillo es uno de los mejores cotos de León de ahí que, a no ser que tengas buen número en el sorteo anual, te puedes quedar sin pescarlo. Tiene abundancia de trucha y de calidad. El paisaje que rodea la zona es maravilloso. Sus aguas son de las más limpias de la provincia. El fondo del río tiene muchas piedras que son cobijo de las “pintonas”. Desde el puente se las puede observar porque no son ajenas a las miradas.

Al río Omaña vierten sus aguas los arroyos de Vegarienza, Valduin, arroyo del Valle o río Santibañez, que antes toma las aguas del arroyo de Manzaneda, y aunque en invierno son “bravos”, en el estiaje bajan prácticamente secos y no aportan el agua que necesitaría éste río para que presentase su “mejor cara de pesca”.

Las artes de pesca recomendadas son ninfa y perdigón, seca y leonesa. Los mosquitos, salmones claros y fuertes, el negro manuscrito y negro pluma blanca u hormiga alada, un amarillo verdoso muy claro, sin olvidar la saltona común. En seca, un salmón claro en el nº 18 y un tricópero miel. Perdigones, los de siempre aunque, un rosina, el madera y la gasolina, nunca fallan.

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