DE VALVERDÍN A VALVERDE (León), ida y vuelta, o como retroceder 50 años…

De una buena jornada de pesca en el río Curueño a reivindicar el abandono desde Braña Caballo a Valdeteja pasando por la Collada de Urbiezo

Tres parajes únicos en León donde sólo promocionan la Cueva de Valporquero y se olvidan de las comunicaciones

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Con El Mazo Dando lo dedicamos a la desidia de la Administración a la que corresponda y que no será otra que la Diputación Provincial de León o la Junta de Castilla y León, por tratarse de carreteras de montaña que atraviesan tres valles únicos en la geografía leonesa marcados por tres ríos: Bernesga, Torío y Curueño.

Buscando en mapas antiguos he podido comprobar que sólo existía trazado cartográfico entre el valle del Bernesga y el del Torío. Curioso ¿? Vamos, para llegar al valle del Curueño había que transitar por caminos de montaña entre el puerto de Cármenes, Collada de Urbiezo y Valdeteja, donde el paraje es idílico y la carretera UNA MIERDA PINCHADA EN UN PALO.

Ahora que estamos en verano es cuando más se ven las carencias pero, ¿qué será de las gentes que habitan sus pueblos en invierno?

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Esto no debe preocupar a las administraciones pertinentes porque como SON CUATRO VOTOS, ¿Quién se va a acordar de ellos? Ni siquiera cuando esos cuatro votos puedan cambiar algo y no sería la primera vez que cuatro votos “valen su peso en oro”.

El caso es que me he ido a pescar al río Curueño y, residiendo en Gijón (Asturias), lo más común es ir por el puerto Pajares, en la N-624 hasta Villamanin y de allí. Cruzando Braña Caballo, que así la conocían y la conocen los lugareños, pasar por la collada de Cármenes (LE-312), hasta el valle del río Torío. En este tramo, la carretera se encuentra decente quizás porque en Cármenes está el puesto de la Guardia Civil de la zona pero, desde Cármenes a Valdeteja, eso es otro cantar.

Bajando en la misma dirección (LE-315) que el río Torío descarga sus aguas hacia las hoces, además de las señalizaciones de carretera, vemos señalización de cuevas de Valporquero y eso pertenece a la Diputación Provincial.

Antes de cruzar el río Valverdín, afluente del Torío por su margen izquierda, existe un desvío de carretera que indica a Valdeteja. Cogiendo ésta carretera, de la que no he visto denominación específica como en las carreteas anteriores, nos adentramos en TERRENO COMANCHE. Se nota ya el abandono con el asfaltado de tramo. La primera población que nos encontramos por una carretera sinuosa y estrecha, además de MAL ASFALTADA que esto es un decir porque, quizás no se asfalta desde que “Franco era cabo primero”, cruzamos dicha población VALVERDÍN, localidad que da nombre al río o arroyo que cede aguas al Torío, como apuntábamos. Después, más poblaciones: Pedrosa, Lavandera y Genicera, hasta llega a la Collada de Urbiezo, donde “el tiempo se ha detenido”, lamentablemente, para las comodidades del siglo XXI, aunque se había detenido mucho antes, porque hace años que, por lo menos un par de veces al año circulo por su COCHAMBROSA carretera para ir a pescar a Tolibia o Valdepiélago y siempre me la he encontrado igual. Una veces con “furacos” en la carretera, que dicen por Asturias, agujeros que hay que sortear para no pinchar o romper el coche, y otras con LUNARES en el exiguo asfaltado remendado y más remendado.

El caso es que entre VALVERDÍN Y VALVERDE, además de un paraíso entre montañas con un verdor que “hiere” la vista por su hermosura, hay un camino “realizado a burro” que no ha cambiado su trazado, ni su asfaltado con el paso de “muchos burros” al cabo de muchos años. Curiosamente, desde VALVERDE hasta el cruce de la carretera que baja hacía La Vecilla (LE-321), está recién asfaltada y es una maravilla después de pasar un infierno. El acondicionamiento del tramo Valverde-Valdeteja, se realizó el pasado año y así lo pude comprobar en las ocasiones que transité por allí. Iluso de mí que creí que la Diputación, o la Junta que no conozco cuál de éstas administraciones es la responsable de ésta carretera, aunque creo que Diputación porque no he indagado creí, apunto, que éste año correspondería al tramo Valverde-Valverdín hasta el cruce cerca de la Almuzara.

Y me pregunto, qué harán los habitantes de éstos pueblos en invierno?
No entiendo nada pero es LAMENTABLE que una de las zonas más bonitas de la montaña leonesa esté ABANDONADA por la administración y sólo se promocione las cuevas de Valpoquero que sí pero, los demás parajes naturales, también, son de Dios y de los leoneses.

LA JORNADA DE PESCA EN VALDEPIÉLAGO

Con el cabreo de la carretera en cuestión llegamos, por las hoces de Valdeteja y viendo al rio Curueño, hasta Nocedo (L-321). En el Bar Sierra, tenemos el punto de encuentro, aunque en ésta ocasión he viajado sólo sin mis compañeros habituales de pesca. Tengo mono de río y el Curueño es el mejor para quitárselo. Así que me cogí un coto sobrante y me decidí a ir a Valdepiélago. Nunca me falla.

El río bajaba precioso de agua y, como siempre “cantarín”, limpio y con una temperatura agradable. No corría viento que allí ya es un regalo.
Después de saludar a la esposa de Avelino de la Sierra, el pescador, amigo y quinto de El Bala, “Baladrón”, que fue quien me lo presentó en el año 89 o quizás en 90 para hacerle una entrevista y un reportaje televisivo del montaje de una mosca leonesa de pesca para el primer programa de TELEVISIÓN dedicado a la pesca, entonces, pues no existía ni JARA Y SEDAL, ni ningún otro programa dedicado al mundo de la pesca, sólo CAZA Y PESCA en la Televisión de León, aquella del cable que dirigía Florencio Carrera, decidí, además de encargar la comida para las 15,30 horas, quedarme en la zona a pescar. ¿Para qué ir más abajo a la zona de Montuerto, que dicen que es la mejor allí donde el camping?

Se trataba de pasar unas horas en contacto con la naturaleza y pescando, que es lo que me gusta y ese tramo es que suelo pescar casi siempre, así que bajé unos 200 metros río abajo, hasta llegar a la zona de la carretera, donde el Curueño choca con la roca y, desde allí ir pescando aguas arriba hasta Nocedo de Curueño.
Si primero me pongo a pescar, al primer lance me entra una truchita, aunque no la llevé a la mano porque se desprendió. Buen síntoma.

Después de algún lance más, me llevo tres “mini tuchas” a la mano y aparecen dos pescadores de Valladolid que venían pescando desde Montuerto y me había alcanzado. Uno lo hacía a seca, con tricóptero y el otro a ninfa.
Después de los saludos y comentarios, ellos tampoco habían sacado mucho más que yo y también pequeñas. Me preguntaron por donde podían salir a la carretera, indicándoles el lugar aunque les invité a pescar aguas arriba hasta Nocedo y que saliesen allí. Creí que así lo habían hecho pero más tarde comprobé que no.
Tardé en seguir pescando aguas arriba hacía el puente de Nocedo de Curueño, esperando que los dos pescadores pucelanos hubiesen pescado el tramo. No había prisa y me dediqué a observar el río. No había cebadas.
Después de casi una hora, decidí pescar y pude comprobar que no habían pasado los dos pucelanos porque, cada paso que daba y cada lance que hacía, alguna trucha subía a mis engaños. Al menos, si no pasaron, no lo pisaron, me decía para mis adentros. Y así fue.

Poco a poco llegaba la “hora de la verdad” y aunque llevaba unas pocas truchas a la mano, ninguna era de buen porte.
La hora de la verdad comenzó a las 14,15 horas y finalizó sobre las 15,30 horas pero, no porque las truchas no siguiesen comiendo arriba, que sí, sino porque había quedado en ir a comer a esa hora y, en el bar Sierra si no llegas a la hora, como mucho te puedes retrasar media hora más, hasta las 16 horas, después no te dan de comer. Normal. Como había hambre y sed, pese a pescar de manera excelente durante esa hora larga, dejé de pescar después de un “enredo” que me había organizado con mis mosquitos un buen ejemplar.

No se puede estar a todo, o lo que es lo mismo a pescar y hacer de reportero, por lo que entre caña, sacadera, y teléfono para inmortalizar el momento, el teléfono casi se lo traga el Curueño y la trucha se enroscó dentro de la sacadera en la cuerda a la leonesa que estaba utilizando para pescar que estaba compuesta por: saltona común, negro, carmonina y salmón. Lo mejor era recoger las moscas, salir del río e irme a comer, cosa que hice y disfruté.

Antes, también había disfrutado pescando y bien, en el Curueño, casi llegando al destino final en la tabla del pueblo, junto a las viviendas. Allí dejé de pescar por el lío y porque llevaba más de 20 ejemplares a la mano, entre pequeñas, medianas y un par de ellas hermosas. Creo que había disfrutado de una buena jornada de pesca y es que el Curueño, nunca me defrauda.

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