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31 mayo, 2020

Confieso que, en pleno recogimiento del “Coronavirus”, he salido a pescar…

Ha sido una jornada feliz, plena de recuerdos y buenas truchas

Me he vuelto a encontrar con el río Esla, en Las Salas, aunque un río distinto al de mis años “triunfales”

He pescado con “mis juanes” y he comido en el Restaurante Bar Las Pintas

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

No, no dejo de pensar en la trucha, en el río y es que la temporada se tenía que haber abierto éste pasado sábado…
No, no dejo de pensar en pescar, en estar con los amigos…
Y es que tengo ganas de pesca y de estar en León, tengo nostalgia…
No, no dejo de pensar en ti río Bernesga donde, en mi niñez, en aquellos días de campamento, aprendí a nadar y pescar, aunque fuese a tenedor.
Quien lo iba a decir hoy, Eduardo, me dice mi conciencia, si te has hecho más ecologista que ellos.
El caso, es que tampoco dejo de pensar en ti río Esla, mi primer río conocido en León, donde con cinco años llegué a Olleros de Sabero, con un padre que no sabía lo que era trabajar en la oscuridad de la mina, en la profundidad de la tierra y vivió varios años como “un topo”.
¡Qué tiempos y que recuerdos de niñez!
Se nota que me estoy haciendo mayor pero, me da lo mismo.
Mi recuerdo es tan intenso que huelo a hierba recién segada, huelo a río, a trucha, a mies; siento vida en un pueblo, Las Salas, que hoy está como parado en el tiempo por la despoblación.
Jooo que poético me estoy poniendo.

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El caso es que tanto tira la “cabra al monte” que lo mío es venir a León, salir al río a pescar, y si es por donde recorrí mis años más jóvenes, si es por la montaña, mejor que mejor.
Así se me ocurrió un día ir a pescar a Las Salas con mi amigo Juan, uno de los cotos de pesca que más he disfrutado, antes de cerrar la compuerta del pantano. Vamos, cuando el Esla era Esla.

Curioso, tengo muchas historias de pesca con JUANES: Juan Fernández Manso, Juan Moreno Tascón pero esta es con un Juan distinto, un Juan que, además de pescador, era y mi vecino en San Andrés del Rabanedo, que trabaja en La Vidriera y al que cariñosamente le llaman “Lagarto Juancho”.

Cuando se enteró de que yo, cada año acudía al Esla, a Las Salas, con mi amigo, Juan Moreno, a lo que llamábamos “la semana del Padre”, una semana lejos de casa, en tienda de campaña y al lado del río Esla, me insinuó que a él le gustaría vivir esa aventura…y la vivimos.

Como ya habían cerrado la compuerta de Remolina o Riaño, preparamos el viaje para acudir al camping de Boca de Huérgano. Allí acampamos durante una semana.
Por medio, varios días de pesca en las zonas libres del río Yuso, a excepción de una jornada en la que teníamos juntos el coto de Boca de Huérgano, y otra donde él pescaría La Salas, mientras yo tendría que conformarme con ir a lo libre, por encima del puente de Las Salas y que conocía como la palma de la mano cuando el Esla no estaba controlado por pantano y nos bañábamos en “El Escudiello” entre las rocas sacando alguna trucha en la mano, cuando nos zambullíamos.

Era otro Esla, profundo y repleto de agua como en los inviernos antiguos. Era el Esla con letreros anunciando la peligrosidad de las corrientes, debido a las variaciones de caudal.
Encargamos la comida en el Bar Restaurante Las Pintas, de Serafín y Enedina y donde Manuela era el alma, la alegría…

Quedamos a las cuatro de la tarde para ir a comer.

A las tres y poco más estaba yo en Las Pintas tomándome un vino. Mi compañero llegó casi a las cinco de la tarde.

¿Qué tal Juan?
Fatal. Lo he intentado de todas las formas y nada.

¿Y tú, Eduardo?
¡Hombre, alguna ha caído!

No jodas tío, si me he encontrado a otros pescadores en el coto y todos estaban como yo.

Pues yo, muy bien…
Anda no te tires faroles…
Si te digo que he traído diez truchas y todas de buena talla, ¿qué?
¡Anda, no me vaciles!

Llamé a Enedina y le pedí que pasase a mi amigo a la cocina y le enseñase la “pescata”.
Allí estaban escurriendo, en la pila del fregadero…limpias y frescas… recién pescadas y listas para pasar por la sartén.

Es curioso lo que es la pesca. Había seguido mi instinto. Había caminado por los senderos que transitaba cuando salía a pescar en “la semana del padre”. El río estaba distinto, lleno de caudal. A las orillas no podía meterme porque me hundía pero, también, porque la maleza no me dejaba entrar en la mayoría de las entradas de antes pero… allí, estaban mis tiradas favoritas. Allí estaba “El Escudiello”, aunque las rocas ya no sobresalían en mitad de la corriente, tapadas por la abundancia agua. Allí estaban mis rincones favoritos donde metía mis moscas y…si acertaba a dejarla en el remanso, estaban esperándome mis truchas.

Si, sí, utilicé mis tiradas en mis zonas conocidas y, aunque el río no era el mismo, mis amigas, “las pintonas”, estaban allí esperándome…
¡La fe mueve montañas…!

Esta historia, soñada en una tarde de “confinamiento del dichoso virus llamado “VID19” o Coronavirus, fue tan real como la vida misma y sólo el recuerdo de un fin de semana en el que teníamos que estar pescando que ha hecho recordar con tanto ímpetu como si hubiese sido ayer y ocurrió allá por 1986.

Y hoy, convertido al “captura y suelta” en materia de pesca, me arrepiento de haber pescado aquellas diez y otras, muchas otras, que podrían estar correteando entre las corrientes, en los remansos, en las tabladas de aguas lentas…bueno, tanto, tanto no…serían las nietas, o las biznietas, o …lo que fuesen pero si de algo estoy convencido es que serían muchas más, por eso ahora abogo por la pesca sin muerte, por “el captura y suelta”, por la pesca deportiva para que nuestros hijos y sus hijos, y los hijos de esos hijos…para que las generaciones futuras puedan conocer y disfrutar de la reina de nuestros ríos la “singular trucha común”.

ACLARACIONES A TENER EN CUENTA

El río Bernesga fue mi primer río de los “campamentos de la OJE”, donde aprendí a nadar y a pescar a “tenedor”.

Olleros de Sabero (León) era una localidad minera con mucha, mucha vida, gracias a familias llegadas de toda España con motivo del boom de la minería del carbón en la zona, donde viví mi niñez y mi padre casi se deja la vida en una de las minas más famosas, La Herrera.

Boca de Huérgano y su camping ahí continúan con su torre fortaleza que conocí prácticamente destruida, reconstruida hace unos años y un camping, hotel y restaurantes que ganan clientes con la llegada del buen tiempo.

El coto de Las Salas fue uno de los mejores cotos de León antes de que se cerrase la presa de Riaño.

El Escudiello era la zona de baños en el río Esla para los vecinos de Las Salas.

El Restaurante Bar Las Pintas en la actualidad está cerrado.

Enedina y Serafin, los propietarios, residen en Cistierna disfrutando de sus nietos y la jubilación.

Juan Moreno Tascón está jubilado y ya no sale a pescar que yo sepa. Juan Fernández Manso es un gran pescador competitivo, buen amigo y regenta una floristería con su apellido, en la calle Renueva de la capital leonesa. Juan “lagarto Juancho” está jubilado y no he vuelto a saber de él desde que me marché del barrio de La Anunciata.

La Vidriera Leonesa era la antigua fábrica de vidrio. Aún existe y funciona a pleno rendimiento con capital portugués.

El viaje a Boca de Huérgano y la estancia en el camping ocurrió realmente.

El río Esla y el Yuso continúan repletos de vida y acogiendo a los pescadores en plena temporada ofreciendo parajes sin par y lugares de pesca idílicos.

Eduardo, quien esto escribe, continúa pescando físicamente siempre que puede y si no, SOÑANDO, como hoy y en otras ocasiones.

Toda la historia es real sin sobredimensión y, aunque disfrutada en su momento, hoy la he vuelto a “gozar” en plena naturaleza y pescando en pleno confinamiento y es que, SOÑAR, señores, no cuesta dinero y hace disfrutar, sufrir…

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