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6 agosto, 2020

Coto del Bernesga (Villamanín-León), delicia entre mil fuentes…

Un río sin fuente de nacimiento pero con muchas y buenas truchas

Recoge las primeras aguas de las nieves de Valgrande-Pajares y se hace mayor al llegar a La Pola de Gordón con el río Casares

Hemos pescado éste fin de semana el coto y aunque corte de caudal, las pintonas se entregaron a los engaños

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Desde Asturias hacia León y, tras pasar el puerto de Pajares, Benito Lozano, Beni Sánchez y quien esto escribe, no dejamos de mirar “el hilo de agua” con el que discurre este jovenzuelo Bernesga que recoge las aguas de las escorrentías de la estación invernal de Valgrande-Pajares y los arroyos que por mor de la nieve se van formando en la zona. Es el Bernesga un “río sin fuente” de nacimiento pero con señorío de varias noblezas que se pueden ver en las casonas que se apostan en su orillas o cercanías.

Arroyos de Valgrande que llevan nombres como Dulcepeña y Rocapeñas. Ríos y riachuelos como Los Barrios, Camplongo, Tonín, Fontún…aunque se hace mayor cuando recibe la aportación del río de Rodiezmo, ya en Villamanin y, sobre todo, con el Casares en La Pola de Gordón.

Nos encontramos una localidad, Villamanín,  con mucho bullicio tras la pandemia y el confinamiento sufrido y el punto de encuentro para el café matinal, como siempre, Casa Ezequiel que desde que salió a saludar a la orilla de la carretera al viandante motorizado, no ha dejado de llevarse la clientela. Eso, y sus instalaciones y condiciones para el buen yantar, hacen el resto y “la voz” se corre cada día más.


Casa Ezequiel ya no es aquel establecimiento que conocí en el núcleo urbano de Villamanín, donde nació el próspero negocio de embutidos y restauración, parada obligada para Ana María Fernández y yo, cuando para La Voz de León realizábamos, en los años 80 del pasado siglo, programas de fiestas locales y entrevistábamos a hosteleros, lugareños, visitantes y autoridades, Casa Ezequiel ahora es el “santo y seña” de la zona y punto de encuentro de miles y miles de personas.,

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AL RÍO Y A PESCAR

No las teníamos odas con nosotros por el escaso caudal con el que circulaba el río pero, el Bernesga siempre que ha dado alegrías.
Ha sido un río emblema para mí en el que siempre he confiado y he realizado grandes pescas y siempre a finales de Junio o primeros de Julio, cuando menos caudal tiene. Sabiendo pescarlo aguas arriba, sin meter demasiado ruido, caminando despacio y teniendo la suerte de que no se meta otro pescador por delante, “la pescata” está asegurada.

Los tres pescadores que acudíamos desde Asturias, más José Luis, que llegaría a la comida, desde León, nos dividimos el río en tres zonas: Ventosilla, la parte más cómoda para Beni Sánchez que, además de estar metido en años, tiene poca movilidad funcional y hay que dejarle las mejores zonas para transitar. El puente de la Gotera, donde llegamos Lozano y yo, eligiendo Benito pescar la zona del puente de traviesas y quedándome dónde la antigua presa.

Montamos los aparejos y partimos para nuestras zonas de pesca. Afortunadamente, cuando salía hacia el río, llegaba otro pescador. Le dije que me pondría a pescar en la zona del túnel El Tueiro, dejándole el mejor tramo a él no por amabilidad, sino porque me gusta poco la zona por complicada y los muchos vericuetos y pozones que existen en la roca calidad que acompaña el discurrir del agua. Parece que le gustó y a la vuelta le vi pescando el tramo a seca pero con cesta.Benito y yo, no nos volvimos a ver hasta la hora fijada las 15,30 para recoger a Beni e ir a comer con José Luis a Ezequiel donde habíamos reservado la mesa.

Las primeras varadas me sirvieron para ir cambiando moscas en mi cuerda. Siempre la monto sobre la línea y con el nudo fácil de Tagarro para poder ir cambiando las moscas sin perder opciones y tiempo. Comencé con la Infalible de Granizo, de ahogada; un salmonín claro, de semi ahogado; la negra del manuscrito como la denomino particularmente, y otro salmón claro, en pardo de bailarín. Sólo levante una trucha y pequeña, unos 18 cms. a la Infalible, que la dejé por si acaso. Como Benito me había preparado una mosca lila muy clarita, la puse en lugar del salmonín. Quité la negra y coloqué el salmonín indio en su lugar y de bailarina, una saltona común. A la tercera varada, en una corriente que se forma antes de entrar en un parado, bajo los puentes de la carretera, ¡zás…! Llegó el primer truchón de la jornada, un ejemplar que por lo ocupaba en la sacadera andaría por los 50 cms. Tras dura pelea, la conseguí meter en la sacadera pero no sin antes liarse toda la cuerda en el cuerpo.

Tras la alegría y tener que volver a confeccionar toda la cuerda, en lugar de la saltona común que dio por poner un oro viejo de saltarín y la verdad es que fue efectivo al igual que la mosca lila de Benito. En los cincuenta metros siguiente desde la salida de debajo de los puentes sobre la carretera, donde el túnel El Tueiro, saqué otras cinco truchas de menor porte pero todas superiores a los 30 centímetros. Las mayores continuaban saliendo a la ahogada, La Infalible. Las más pequeñas, al lila pero como éstas truchas del Bernesga tiran tanto, perdí una mosca, quizás por no estar bien atada, y la otra, por “burro” forzando y se la llevó otra buena trucha que debió confundirse porque al Lila, como apuntaba, estaban saliendo la pequeñas. Como no tenía más puse la Carmonina y volvió a ser mi mosca. Poco antes de llegar a una zona del Bernesga que se mete en un par de cuevas en la roca, por debajo de la misma carretera, amarré un buen ejemplar a la Carmonina. Allí, en la parte izquierda sale una fuente que dejar en las piedras del río el color del hierro oxidado como se muestra en la fotografía. Así están de fuertes estas truchas…jajaja.

Para poder sortear la zona de aguas parada, intenté bordear por la margen izquierda el río. No encontraba camino y la maleza y las hierbas me cubrían y no soy tan bajo, 1,74 de altura. Como pude llegué a la zona por encima del parado, teniendo que jugármela para poder bajar el río porque la orilla estaba a una altura considerable y como se notó que por allí no había pasado “ni el Tato”. Cada lance era sacar truchas que, aunque no muy grandes me hicieron entretenerme un montón de tiempo hasta que ¡zás…! Otro truchón en un pequeño pozo profundo que formaba tras la caída de una pequeña corriente. A la entrada del pozo me sumergió la cuerda con tanta dureza que sabía que era tan grande o mayor que la primera de El Tueiro. Efectivamente, así era porque la vi asomar pero la pintona tiraba hacia el pozo con ganas y se me enredó en un tronco que colgaba en la parte final del pozo. Pese a ello, notaba la trucha moverse y eso que pesco con anzuelos sin arponcillo. Intenté forzar para destrabar la mosca o moscas que se habían enganchado al tronco y lo único que adelanté fue romper el puntero y la trucha.

Así terminé mi jornada de pesca en el coto de Bernesga.

UNA AVENTURA PARA SALIR A LA CARRETERA

Intenté salir hacia la carretera para ir al coche pero, entre la hora, ya eran las 15 horas y habíamos quedo a las 15,30 en Ventosilla, y las dificultades orográficas porque salir del río que estaba resultando imposible por la altura y cortados del río a subir a la orilla y encontrar un camino abierto, decidí subir río arriba hasta encontrar mejor zona. La encontré pero la hora se me echaba encima y salir a la carretera para llegar a donde tenía el coche en la carretera antigua, tampoco era fácil por los desniveles. Recordé una caseta que había más abajo y una entrada desde la carretera y allá que bajé para poder salir.

Por fin lo logré no sin antes meterme una sudada para el cuerpo de órdago, con un calor ambiente y sol de justicia en lo alto, más el sofoco por lo tarde que se hacía y me gusta ser cumplidor, no como otros.
Cuando llegué a mi coche, allí estaban José Lui y Beni Sánchez esperándome. Me cambié mientras le contaba ésta historia y llamó Benito Lozano por teléfono preguntando que dónde estaba Beni, que no estaba en Ventosilla. José Luis y Beni, salieron con el coche del primero hacia Ventosilla porque la comida estaba reservada para las 16 horas, mientras me quedé cambiando.

Después, nos metimos una jarra de vino con gaseosa para el cuerpo, mientras llegaba la ensalada de la casa y el cabrito guisado de Casa Ezequiel. Nos pusimos “morados”.
¡Ahhh…! De postre, tarta de queso de la casa para dos un helados para otros dos. La tarta estaba deliciosa como el café con hielo.

Por la tarde acudimos a conocer la nueva fuente construida en Ventosilla, según se cruza el puente a mano izquierda por el camino al campamento, inmortalizamos el momento y

Benito Lozano se dedicó a pescar algún ejemplar más a ninfa. Como siempre, se le hizo tarde y nos hizo esperar a los demás. La hora para éste hombre pescando y, en honor a la verdad que lo hizo, no tiene horario o pierde la noción del tiempo…jajaja.

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