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16 julio, 2020

EL MANUSCRITO DE ASTORGA

Texto y fotos: Eduardo García Carmona y otros.

“En nombre de Dios y de Nuestra Señora. Este es un libro de adereçar y adobar plumas para pescar truchas en algunos meses del año y en particular Henero y Hebrero y Março y Abril y Mayo hasta San Juan.

Va sacado y aprobado por libros de pescadores de mucha hesperiencia y conprobado por Lorenço Garçia, pescador, veçino desta ciudad de Astorga y sacado por mano de Joan de Bergara, suyo es el dicho libro y comiença en la manera siguiente a la buelta desta oja. Fecho en este año de 1624″.

Así comienza el Manuscrito de Astorga. Documento por demás excepcional y que contiene información más antigua sobre el arte de pescar truchas con moscas. Libro maravilloso, donde los haya, y que tiene una historia fantástica y a la vez triste.

Contiene el manuscrito de Astorga una descripción sobre la preparación y empleo estacional de treinta y tres tipos de “moscas”. Se trata, al fin y al cabo, de imitar insectos que pueblan nuestros ríos y con este engaño, dar con el salmónido en la cesta esperanzada del paciente y a la vez inquieto pescador. 

Siempre se dijo que Juan de Bergara no fue pescador, sino mero escribano que nos legó los saberes de los pescadores de la época. Y más concretamente los de D. Lorenzo García, quien debió ser hombre experimentado y gran conocedor de los ríos.
De todos los insectos y de la forma de cebarse de las truchas, les citaré algunos de estos engaños. Por ejemplo el negrisco, realizado con plumas de tonalidad negruzca. En febrero y marzo… “llevan los negriscos más claros”.

Y así los describe Juan de Bergara. “La pluma de enmedio ha de ser de çarapico real y si no de ganga y a falta de pita ciega de las que tiene debajo del ala; y a falta de estas, sirven de cuco y de codorniz, digo de gachas, tienenlas debajo del ala, pero son mejores las primeras.
Créanme que no me he olvidado de las plumas de los gallos. Pero éstas de Juan Bergara estaban hechas, al menos de las plumas de los siguientes plumíferos: de gallo, de perdiz, de chotacabras, de cuco y de codorniz. De estas aves utilizaban las plumas de debajo de las alas.

Por el mes de marzo, D. Lorenzo García o D. Juan de Bergara sacaron estas experiencias:
“Este mes es bonísimo de la pesca vara, por ser primavera y sopla el çefiro y favonio ban las aguas más calientes”…”En este mes an de ser los negriscos más claros y el cuerpo más berde y los pardos por consiguiente más conchados con dos plumas crudas y una madura en medio”.

El Manuscrito de Astorga de 1624, es un documento que ha servido de base para la construcción de toda una ciencia, en torno a la gran protagonista de nuestra primavera. De la primavera de nuestros ríos: la trucha.

El Manuscrito de Astorga de 1624, sobre el arte de adobar plumas para pescar truchas, tenía una historia fantástica y triste. Misteriosamente ha aparecido el original del Manuscrito en una galería londinense.
Un empedernido pescador francés, D. Luis Carrere, buen amigo del leonés Jesús Pariente, verdadero artífice de que el Manuscrito exista, fue quien en primer lugar valoró la importancia del manuscrito.

Parece ser que un sacerdote de Boñar D. Felipe Sánchez, apareció por Madrid con una porción de documentos antiguos relativos a la pesca y entre ellos la relación de moscas leonesas. En ese momento Mr. Carrère había conectado con las truchas leonesas, con los gallos leoneses y con los documentos que comportaban toda una tradición del arte de la pesca. Lo que le lleva a publicar en 1957 su libro Técnicas Modernas de la mosca artificial.
La amistad del leonés Jesús Pariente, con el francés, se fraguó a través de cartas. Este le mandó su libro reeditado en París en l.957, escrito en francés y que contenía la trascripción del Manuscrito de Astorga de 1.624 y el Manuscrito de Luis

Peña de 1.825, escrito en castellano y traducido al francés. Su dedicatoria, según reza en una carta, que me envió, contando cosas del Manuscrito de Astorga, decía: “Para D. Jesús Pariente Díez, generalísimo de los pescadores de León, que practica el arte mosquero en los ríos del paraíso leonés. Este testimonio de fraternidad deportiva, salpicado con una pizca de envidia. ¡Quién tuviera vuestros ríos!.Febrero de 1.959″.

El Manuscrito se salvó de la hoguera por escasos milímetros. El Manuscrito había estado en la Biblioteca de D. Julio del Campo, donde acude ante su heredera Jesús Pariente, en cuyo domicilio encuentran por fin, tras larga búsqueda, tan preciado documento.

Transcribo para ustedes la referencia de la Revista Tierras de León de octubre de 1965, cuyo autor era Jesús Pariente Díez. El Manuscrito de Astorga ya había sido adquirido por la Diputación de León en el año 1959. En la citada publicación se reproducía una traducción del Manuscrito.

Y dice el articulista… “Hechas estas breves referencias históricas, la Federación Leonesa de Pesca, que no regateó esfuerzo para la localización y adquisición del Manuscrito de Astorga, tiene la satisfacción de darlo a conocer a los pescadores españoles, en su versión original y por fotocopia obtenida como cortesía de la Diputación de León, que tuvo el acierto de adquirir y regalar el Manuscrito de Astorga a su Excelencia el Jefe del Estado con motivo de su visita a esta ciudad el día 11 de julio de 1964”.

Si mal no recuerdo, los bienes del “extinto”, formaron parte de una Fundación de cuyo nombre ni quiero acordarme. Tengo noticia de que su presidente o, quizá administrador era un despedido cardiólogo, presunto especialista de trasplantes del corazón quien “trasplantó” el manuscrito a una galería londinense.

Tanto peca el que mata como el que tira por la pata. ¿Quién estará legitimado para disponer tan alegremente y por intereses innombrables de nuestro patrimonio?. Creo que aquellas generosas autoridades… ¿generosas?… son tan responsables como el ínclito “marquesito”.
Es imposible. Nos tenemos que rebelar contra tantos desmanes cometidos en nuestra comunidad.

Hay que hacer referencia de una publicación en el año 1984 de una versión en español, francés e inglés, patrocinada por el cónsul general de Dinamarca en Madrid, Dr. Kirkegard. Es una edición con numeración reducida y de cierto interés que, autorizó el propio presidente de la Federación Leonesa de Pesca, Jesús Pariente, por ser gratuita.


En








resumen, el Manuscrito de Astorga, de Juan de Bergara, es el primer catálogo conocido en el mundo, que clasifica y nomina 33 modelos de moscas artificiales para la pesca de la trucha. Fue el leonés Jesús Pariente Díez, en su calidad de Presidente de la Federación Leonesa de Pesca, quien consiguió hacerse con él, tomó fotografías e hizo una trascripción paleográfica, que publicó y salvó en 1.966.

Donde el Manuscrito de Astorga ha salido mejor parado fue en el libro “ 50 años de historia a la orilla del río” del propio Jesús Pariente, conocedor y amante como nadie de esta joya única, legado que lo es para todos los pescadores. Libro que con una dedicatoria muy especial, guardo en mi biblioteca particular. Gracias Jesús, y que Dios te tenga en su gloria. 

EL MANUSCRITO LUIS PEÑA (1.832)

Después del Manuscrito de Astorga y hasta 1.825 aparecieron otros manifiestos escritos por pescadores españoles. Fueron condensados juntamente con el Manuscrito de Astorga, en otro escrito de mayor interés, bajo la signatura de “Luis Peña de León”, 41 moscas distintas son minuciosamente descritas y clasificadas con la mayor precisión por Mr. Carrére.


El pescador y escritor francés se refiere aquí, a la profusión de copias parciales, o totales que tenían los montadores de mosquitos, que ampliaban con alguno de su propia cosecha, y que se han ido incrementando hasta los mosquitos que se confeccionan hoy en día.
Entre estos montadores se encontraban el cura de Boñar, Felipe Sánchez y el de Riaño, Máximo García Ortiz. El Manuscrito de Luis de Peña fue escrito en castellano y se componía de 41 moscas para la pesca de la trucha.

El bueno de Luis Peña, allá por el año l.832, debió contemplar las truchas como aquellos que piensan que nunca habrán de acabarse. Quiere esto decir que en aquella época no existía veda, o al menos se podía pescar en los meses de Enero y Febrero, algo que se tiene por inútil al día de hoy al estar la veda cerrada.
Peña, daba consejo a los pescadores en su manuscrito y aplicaba a cada mes un tipo de mosca diferente. Por ejemplo, para Enero y Febrero, apunta que en estos meses y hasta la una o las dos de la tarde, bajan al río y se ponen sobre las aguas dos especies de mosquitos, unos muy negros y finos, otros algo mayores de color pardo; ambas especies comen la trucha en primavera. Para su distinción llamaré, negrisco crudo, a la primera, y a la segunda, pardo crudo, y principiando a manifestar el modo de imitar estos mosquitos diré que el primero, negrisco crudo, necesita una pluma muy negra y fina. De ella se escogen los pelos que sean precisos para formar dos alas cortas en un anzuelo pequeño y fino. El cuerpo se forma de cáñamo crudo, sin brinca.
El segundo, pardo crudo, necesita pluma de gallo de la ribera de Boñar, con manchas casi negras sobre un campo blanco y azul. El anzuelo debe ser pequeño y fino.

Entre Boñar y La Vecilla, Campohermoso, Aviados, La Mata, La Matica y Valdepiélago, encontramos la tonalidad parda que apunta Luis Peña.

Y sin salirnos de esa zona, La Cándana, es cuna de los gallos denominados “indios”, que producen una pluma plateada que no ha logrado producirse fuera de esa zona, a orillas del río Curueño.
Pescadores franceses quisieron llevarse gallos leoneses para Francia para cruzarlos con los de raza “limousin”. No consiguieron su propósito.

Los gallos para la pesca de León, cuando salen de su zona pierden todas las cualidades en su pluma: tersura, brillantez… Esto es debido, según apuntan entendidos criadores, al clima, el agua y alguna cosa más, que hasta el momento nadie ha podido descifrar.

Las plumas con que se confeccionan los mosquitos para la pesca de la trucha, se arrancan al gallo de la región dorsal. Ahí sobre las plumas colgaderas está esa codiciada capa de plumas anchas y redondas, brillantes. Se comenta que la pela del gallo ha de efectuarse con la Luna en “cuarto menguante”. Una vez arrancada la misma, se ha de frotar o untar la zona de la pela, con aceite mezclado con ceniza.

Entre las plumas de gallos “indios”, Luis Peña señala varios tipos: negriscos, acerados, avellanado, rubión, plateado, palometa y sarrioso.
De los gallos “pardos”: corzuno, langareto, aconchado, sarrioso, flor de escoba, crudo, oscuro y encendido.

El Manuscrito de Luis Peña, a diferencia del de Juan de Bergara, ha demostrado que éste debía ser pescador y también montador de moscas. A tenor del estudio pormenorizado de las moscas que incluye en su Manuscrito, Luis Peña, aparte de gran observador de la naturaleza, era un minucioso estudioso de todo lo que rodeaba a la trucha y el río en la zona de Boñar. Quizás debido a esto, y al haber tenido en su poder durante años el Manuscrito de Astorga, lo amplió y conservó junto a aquél, como bien apunta en su libro “La pesca de la trucha en los ríos de León”, Jesús Pariente Díez.