No fue el mejor día de pesca en su coto, en Villamanín pero, tampoco de los malos porque “alguna trucha fue saliendo”…

Lo peor fue ver el Hotel Santa Rosa abandonado y…

…llegaron los recuerdos.

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Es normal que tenga querencia hacia el río Bernesga por muchos motivos pero, especialmente, porque en uno de sus afluentes, el río Casares, conseguí mi primera “pintona” cuando tenía 10 años y a tenedor cuando estaba en el campamento de verano “Rey Pelayo”, en Cabornera. Qué tiempos aquellos. Allí, también, aprendí a nadar y, de manera temprana, a vivir la vida, a convivir con muchos niños más llegados desde Asturias. En plena naturaleza conseguí captar la realidad de la vida y como defenderme en ella.

Son añoranzas muy positivas y por ello, el río Bernesga siempre estará en mí. Ese río que nace pobre de carga pero chispeante, nace en el límite de la provincia de León con Asturias, en el puerto de Pajares, a una altura próxima a los 2.000 metros.

Aún lo recuerdo en mi infancia como un río especialmente limpio y de aguas cristalinas. Ahora todo ha cambiado. Parece que fue ayer, pero han pasado casi 60 años. Los excesos de los furtivos, la presión de los pescadores de caña, la contaminación y la enfermedad de la Saprolegnia, han podido más que la sabiduría de la naturaleza y le ocurre lo mismo que a otros tantos cursos fluviales de la geografía leonesa.

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Efectivamente, con la entrada de la Ley de Pesca hace casi 6 años, parece que todo ha cambiado. Eso es, parece.
Han crecido las pequeñas truchas que había o se han desarrollado más al estar más tranquilas con la pesca “sin muerte” o captura y suelta. Eso creía yo con el Bernesga cuando hace dos años lo pesqué y me asombró con la captura de unos peces grandes y hermosos que me dieron un gran juego pero, no. Este año he vuelto y no ha sido igual.

Cierto es que “nunca pescaremos dos veces igual” pero, o no crecen las truchas del Bernesga o se llevan las grandes, que todo puede ser porque se trata de un coto tradicional y se pesca con muerte la mayor parte de la semana.

El Bernesga, al igual que otros muchos ríos, se ha ido deteriorando tanto, que los más antiguos del lugar ya ni lo conocen. Pese a todo, en el tramo que va desde Villanueva de la Tercia hasta el Puente de la Gotera, la trucha común tiene un mejor refugio para su desarrollo. Aguas abajo de La Gotera, la situación de privilegio desaparece y la trucha paga las consecuencias de la falta de concienciación ciudadana.

El río presenta muy buenas cualidades para la reproducción en su zona alta. Se encuentra en un paraje ideal y precioso. Las montañas, con sus rocas blanquecinas, saludan al Bernesga. Las salgueras, alisos y choperas, besan las finas aguas de este río de montaña. La carretera hacia Asturias dibuja, casi a la perfección, el discurrir de las aguas serpenteando entre rocas. Al fondo está el Pajares y rodeando todo el tramo acotado, las últimas ondulaciones montañosas antes de llegar al llano. Por medio y como escudo, La Gotera, donde la roca de la montaña está labrada por el agua que choca contra ella, después de muchos años y gracias a la desaparición del embalse allí existente.

Los mejores tramos de pesca se encuentran en la zona alta, a la altura del restaurante y panadería próximos a la carretera general, entre Villamanín y Villanueva de la Tercia. Aquí el río es muy estrecho y se hace difícil pescar, por lo que se aconseja hacerlo a cucharilla o mosquito ahogado pero con tres mosquitos, máximo. Existe mucha maleza en las orillas y se hace difícil caminar. Es la zona del coto menos castigada por los pescadores y debido a ello, una garantía de pesca. La trucha no es muy grande, pero se consiguen fácilmente los cupos a poco que se quieran dar las pintonas y se trabaje el río.
Unos 500 metros antes de llegar al puente de Ventosilla, el pescador se encontrará con una zona idónea para pescar a mosquito ahogado, con muy buenas tablas de aguas vivas, pero a la vez también remansadas. Aquí, la trucha es más pequeña pero tira fuerte. La trucha del Bernesga es muy brava.

MEJORES ZONAS DE PESCA

La mejor zona de pesca es la que va desde el puente de Ventosilla hasta la Gotera, pero a la vez, es la zona más castigada y donde mayor número de pescadores se pueden encontrar. Pese a la masificación se consiguen buenos ejemplares en las entradas y salidas de los pozos y en la zona muy escarpada y complicada de pescar donde se encontraba el pequeño embalse.

Las mejores tabladas, son las que van pegadas a la carretera general, aguas abajo del colector de Villamanín y hasta el mismo pozo de Calixto, pescador que dio nombre al mismo, porque siempre estaba allí pescando a cebo. Desde este pozo y a lo largo de toda la caída hasta la zona donde se encontraba el embalse del Tueiro, se practica mucho la pesca a cucharilla y mosquito ahogado con buenos resultados. Después, pasando las pequeñas hoces de la Gotera donde el río baja muy encajonado hasta Villasimpliz, la pesca ya no se hace tan cómoda, a causa de la maleza existente en las orillas que cierran el paso al pescador. Esta zona es a la que menos pescadores acuden a lo largo de toda la temporada. Abunda la trucha de buen tamaño.

Se aconseja la pesca siempre aguas arriba, especialmente a mosquito ahogado ya que el río suele bajar muy claro y al no ser muy ancho, ha de pescarse así para que la trucha no se esconda al vernos. No es conveniente pisar las orillas, ni patear el río.
Las eclosiones de mosquitos son muy buenas. La saltona común, tanto al sereno de la mañana como al atardecer, da muy buenos resultados en este río con la llegada del mes de Junio, aunque este año, a nosotros, mi cuadrilla, compuesta por José Luis Méndez, Benito Lozano y Benigno Sánchez, no se nos ha dado del todo bien. Otra vez será.

COMIDA EN EZEQUIEL Y LA AÑORANZA DEL SANTA ROSA

La comida en Ezequiel fue suculenta, aunque mejor añadir “exagerada”. La relación calidad-precio es para asustar porque en un menú de fin de semana pagar 13 euros por “barba”, es apuntar que el menú está con muy buen precio.

Lo que resulta increíble son las raciones que sirven. Pidas lo que pidas, siempre es para dos personas como mínimo. Se nos ocurrió pedir tres de cochinillo y tres de caldereta de cordero y casi tenemos “comida para todo el convento”. Si, si, seis raciones porque a la hora de comer se nos unieron: Cándido Robles, el suegro de José Luis y Luis Alberto Díaz “Chingli”, ambos con “buen saque” pero, ni así lo pudimos terminar. Eso sí, te lo guardan en un “tapper” y alguno tuvo comida para dos días, por lo menos.

Después, y antes de partir unos para Asturias, y otros para León, acudimos a pescar en la zona de Santa Rosa, aunque con el frío que hacía sólo nos “calzamos la botas” Benito y yo. No es menos cierto que estuve diez minutos en el río. Benito, se nos perdió más de una hora río arriba y para nada.

Mientras llegaba Benito, me dediqué a observar el “paso del tiempo” por el deshabitado HOTEL SANTA ROSA. Hice las fotos que pueden ver en el reportaje y lo cierto es que sentí, además de añoranza, pena, mucha pena de ver como algo que fue una “flor hostelera” para la zona de Villamanín, se ha convertido en un “nido okupa” aunque, ahora sólo okupas de pintadas. Debe de hacer mucho frío para que no se queden allí.

Y entre foto y foto, llegaron los recuerdos de la vida que existía en el lugar gracias al hotel.

Por mi mente pasaron los pasajes de cuando el Campeón de Europa de boxeo, ROBERTO CASTAÑÓN, que tuvo el título doce veces, se entrenada en la zona a las órdenes de Valbuena y Pombo. Corría como un gamo por los montes de Villamanín y La Tercia y “reposaba” en las cómodas camas del hotel Santa Rosa, degustando su rica cocina, aunque era especial para un campeón que se preparaba y menos sabrosa y suculenta que la que nos dieron a nosotros en Ezequiel. Qué tiempos.
Allí le realicé un reportaje amplio a Roberto que se emitió en Rne a nivel nacional.

Y tras la añoranza, volvimos para casa alegres, aunque disgustados por lo que les acabamos de contar. No es de extrañar la despoblación interior en España dejando morir lo poco bueno que tenemos. Habrá que “repoblar” las zonas despobladas pero, no destruyendo.

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