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27 septiembre, 2020

En el Sella y el Narcea con Roberto Coll y Luís Meana…

Un gran recuerdo para días de “ENCIERRO por el Coronavirus”

Dos buenos pescadores y montadores de moscas, creadores de las “Palomino” y “el Pardón de Meana”

Por primera vez se pescaba en cotos parciales, el nuevo invento

Amistad y pocos reos, aunque abundaron esguines de salmón y truchas

Piedras, moras y avellanas de recuerdo en paisajes únicos

Texto: Eduardo García Carmona. Fotos: Beni Sánchez y E.G. Carmona

No, no es “oro todo lo que reluce” y más en éstos días de “tanto relax” debido al estado de alarma en España, por ello es bueno recordar mejores días.

Esta historia la debo contar “sin pelos en la lengua”, aunque con pasión de pescador. Las historias, con dos jornadas de pesca, ocurrieron en el año 2009, hace ya ONCE AÑOS y parece que fue ayer.

Me satisface sobremanera el haber podido pescar, en Asturias, con dos grandes de la confección de moscas, buenos pescadores y mejores personas: el valenciano, ROBERTO COLL y el madrileño, aunque asturiano de adopción y familia, LUIS MEANA.

Con la sinceridad que me caracteriza, debo confesar y confieso que ninguna de las dos jornadas fue buena en pesca, pero excelente en la amistad y conocimiento.

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EN VISPERA DE LA FIESTA DE LAS PIRAGUAS

La visita al Sella estaba prevista para el 8 de Agosto, víspera del Descenso del Sella, con el valenciano ROBERTO COLL ALCALDE, un enamorado de ésta tierra y la pesca. Las piraguas nos la jugaron en la carretera, que no en el río. Me refiero a la fiesta.

En el río elegimos pescar por encima de la localidad de Caño, a pocos kilómetros de Cangas de Onís, concretamente a la altura del pueblo de Miyares, en el Coto salmonero de Matagües, ese invento que han llamado, desde esta temporada, cotos parciales. Claro que no fuimos a pescar salmón, si no a pescar reos y truchas.
La jornada se inició unos metros antes del puente de Cangas de Onís. Había que saludar a Ramsés y Kiko, aunque sólo pudimos saludar al primero que era el único, de los dos regentes de la tienda de Pesca “El Gordo”, que se encontraba en el establecimiento trabajando. Un comercio dedicado a la pesca desde hace muchos años.

Después del saludo a Ramsés, salimos carretera adelante por la avenida de Castilla hasta llegar al destino señalado de antemano.
El día estaba nublado y parecía que llovería, pero no, no llovió, aunque algo chispeó.
Nada más salir al Sella, que baja hermoso de agua y colorido, Roberto se queda en un brazo del río y yo elijo un regato o brazo pequeño que salía de la arteria principal de agua. Dos primeros lances y dos reos. El comienzo no podía ser más prometedor. A mí me parecían truchas pero, aunque de poco más de 25 centímetros, eran reos. La mosca empleada era un pequeño tricóptero con cuerpo verde oliva, cerco rubión y tejadillo flor de escoba.
Roberto, no terminaba de estrenarse, pero yo no volví a sacar algo más, hasta pasada media hora. En ese momento lo que entraban eran pequeños esguines de salmón.
Por fin, Roberto, comenzó a estrenarse en el Sella. Un lance y un esguín. Él creía que era trucha. Otro lance y otro esguín de salmón. Así estuvo durante más de una hora sacando pequeños esguines y disfrutó de lo lindo tratándolos con mimo al devolverlo al agua. Su satisfacción era mayúscula por doble motivo: sacar pequeños salmones en el Sella y por estar rodeado de una naturaleza sin par, bella y hermosa, con montañas rodeándonos, nubes en lo alto, niebla en la montaña y un verdor único, el verdor de Asturias.
Tras conseguir varios de sus trofeos con su mosca favorita, su propia creación, un montaje especial llamado “Palomino”, con cuerpo color salmón y una especie de cola plástica quemada y conseguir ver algún reo de los de “campeonato”, pero saltando, decidimos salir del este río repleto de “trasgus y xianas”, de historias y leyendas.

Antes, Roberto Coll se llevó una pequeña piedra del río Sella, como recuerdo, para su colección. Si, sí, Roberto, colecciona piedras de todos los ríos que ha pescado en España y fuera de nuestro país. A este paso su esposa acabará lanzándoselas o a la cabeza o a la basura, es broma pero, creo que no le van a coger en casa.
Una buena merienda en un bar de carretera, en Caño y, tras dejarle en Cangas de Onís, donde pasaba unos días de vacaciones con su esposa, me dirigí para Perlora, donde estábamos, también, de vacaciones porque la residencia la tenía en Las Palmas de Gran Canaria. El verdadero problema fue cruzar Arriondas con las miles y miles de personas que se apostaban a un lado y otro de la carretera en tiendas de campaña o en coches y furgones, con la alegría de la fiesta dentro. La fiesta de las piraguas comenzaba a estar presente, pese a que la lluvia había hecho acto de presencia y calaba.

Después de varias horas de espera y desesperación por momentos, pude llegar “sano y salvo” a Perlora. Es lo que tiene salir a pescar al Sella en víspera der la Fiesta de Las Piraguas.

EN EL NARCEA CON LUIS MEANA Y SU PARDÓN

La jornada del día siguiente era con Luís Meana “y su pardón” en el río Narcea, por encima de Puente Quizanas, en el Zarro y el campo de fútbol de Cornellana, próximos al Monasterio de Corias, en los Kiwis y Marcel.
No conocía a Luís personalmente y la verdad es que es un encanto como persona.

Dos libros, el de LOS COTOS Y POZOS SALMONEROS DE ASTURIAS, del que Meana es autor y el de DÓNDE Y CÓMO PESCAR EN LEÓN, escrito por mí. Dos libros que nos intercambiamos y que nos han unido en la distancia larga y corta.
Todo comenzó en LA DISTANCIA LARGA, vía teléfono. Quedamos en Asturias para ir a pescar un día al río Nancea. El día elegido fue un 25 de Agosto.
LA DISTANCIA CORTA comenzó el día que nos conocimos en persona. Fue ese 25 de Agosto, a las ocho de la mañana, en el bar restaurante La Vega, próximo a la localidad de Peña Ullán, en dirección Soto del Barco a Pravia. Nos acompañaba mi buen amigo BENIGNO SÁNCHEZ, “Beni”, que fue el testigo de la jornada y fotógrafo.
Tras los saludos y un café, nos dirigimos a Puente Quinzanas para ver como bajaba el río Narcea. El estado no podía ser mejor con buen caudal, buena temperatura, sobre los 20º que llegó hasta los 24º a lo largo de la jornada, cielo cubierto y amenaza de agua. Sólo faltaba que los reos se pusieran a tiro y entrasen a nuestros engaños.
Dejando el coche al lado del campo y mientras Luís terminaba de confeccionar el bajo de su línea, Beni, a mosquito ahogado, ya había salido en dirección al río, saliendo yo al poco rato. Cuando llegó Luís al tramo, me encontraba en medio del río pescando a mosca seca unas raseras donde había conseguido pinchar un par de truchas. La orilla de allá tenía un aspecto sensacional. Hacia allí me dirigí mientras Meana se situaba en la tabla superior a la mía. Conseguí pinchar otras tres truchas más y sólo pude sacar una de unos 22 o 23 centímetros, devuelta al agua. Los reos no aparecían.

Subimos los dos hacia el pozo “El Regato”. Allí, una hermosa tabla con entrada y salida en el pozo y un buen árbol presidiendo. Desde la orilla, en la parte inferior de la tabla, comenzamos a ver los primeros reos. Uno, dos, tres … nos enseñaban las colas. Estábamos nerviosos, ansiosos. Los salmónidos repetían sus movimientos. Me quedé al final de la tabla donde uno de los reos continuaba “pavoneándose” frente a mí, a unos tres metros de unos árboles caídos que había en la orilla opuesta. Luís, se fue a por los otros que se movían más arriba.
Con sigilo, mucho sigilo, sin prisas y pisando el agua con mucho tiento me fui acercando a la zona donde el reo seguía enseñando su cola. Parado a unos diez o doce metros, observaba las evoluciones de la postura del pez. Me decido a soltar cola y a mover la caña. Primer lance y nada. Segundo lance y nada. Cambio el pequeño tricóptero con el que siempre comienzo a pescar y que tan buen resultado me da y coloco la “irlandesa”, mosca que me regaló MANOLO CANEDA y que trajo en uno de sus viajes de pesca a aquellas tierras, mosca en la que tengo depositada mucha confianza y que me dio jornadas muy buenas de pesca en León. El reo no subía a la “irlandesa”, se movía pero, no a la mosca presentada. Cambié a “La Palomino” de Coll. Tampoco. Al final el reo desapareció y desistí en su persecución. ¡Qué listos son!
Por encima, Meana, tampoco conseguía su propósito.

Mientras él subía aguas arriba, me quedé observando la zona donde estaba pescando Luis, en “El Regato” y frente a un árbol y de repente un “obús” sale del agua y se eleva unos dos metros por encima para volver a caer a las aguas del Narcea. Era un hermoso reo saltarín que había salido a ponerme los dientes largos. La estampa fue maravillosa pero, sólo fue estampa pues el reo no volvió a repetir y ni siquiera moverse o enseñar la cola.

CAMBIO DE ESCENARIO

Sin haber conseguido el objetivo marcado ninguno de los tres, partimos hacia El Zarro.
Los coches los dejamos en el Puente Quinzanas, junto al refugio, y caminando por un sendero, al otro lado del puente, nos acercamos hacia El Zarro.
Por el camino que se cerraba por tramos merced a las sebes laterales, fuimos degustando unas moras deliciosas, dulces, gordas y negras.

En la zona baja de El Zarro, en una tabla con una caída sensacional, avistamos los primeros reos. Parecía que nos estaban esperando. Se estaban cebando y repetían continuamente. Como las cebadas estaban distantes unas de otras, mientras me quedaba en la zona baja embelesado con uno que no paraba de cebarse, Luís subió por la orilla, unos metros hasta tener a su alcance a otro par reos. Tampoco. Nuestras moscas no les gustaban a estos “príncipes del río”.
Aburridos estábamos con los reos, aunque tanto Meana, como yo habíamos pinchado alguna trucha e incluso Luís consiguió sacar más de una, que cuando se clavaron creíamos que eran reos por los saltos que daban. Aburridos estábamos y con Beni esperándonos para ir a comer que, Meana me dijo que nos acercásemos hasta La Cabrera, una tabla por encima de donde estábamos. Allí fuimos y nos quedamos observando el río. No se movía nada, tampoco había postura, como casi en toda la jornada.

De repente suena el móvil. Es Beni, preocupado por la tardanza. Si primero le decimos que vamos, primero vemos el dibujo de los redondeles en el agua. Eran tres salmónidos que estaban subiendo a comer. Dos de ellos en la zona izquierda de La Cabrera donde estaba observando Luís. Otro, algo más arriba, donde estaba yo.
Curioso, Meana consigue pinchar y sacar el primer pez, aunque no era un reo, sí una buena trucha. Pinchó el segundo, pero se destrabó. Meana se quedó conmigo, observando el reo que me tocó pescar. Seguía cebándose pero no tomaba mi mosca. Decido volver a poner “La Palomino” de Coll y, en el primer lance, sube y la toma. Al grito…¡ya está!, mirando hacia Meana, el reo o lo que fuese, tras chapotear en defensa por quitarse el hierro clavado, se retorció por encima del agua dando un salto de trapecio, hasta destrabarse.

Así pasó la jornada de pesca. Eso sí llegamos tarde a comer pero conseguimos comer en mesa y mantel. Por el camino a Puente Quinzanas, donde estaban nuestros coches, cogimos unas buenas avellanas, casi maduras y llenas, muy llenas. Estaban deliciosas.

Después de comer, Luis se quedó al sereno pero Beni y yo teníamos que volver a Candás y Perlora donde nos esperaba la familia.

Otra vez será lo de compartir jornada de pesca y quedarse al sereno.

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