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28 septiembre, 2020

En León, desde Felechas al cielo del refugio de Valdeguida…

Penúltimo reportaje de Pescarmona y fuimos felices comiendo truchas. Confieso que “he pecado”

Amistad, pesca y naturaleza en “acogida” de amigos

Tres jornadas con “la magia leonesa” y sus ríos Esla y Porma

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

¡Qué tendrán estas tierras del antiguo reino de León que no puedo despegarlas de mi adentros…!

Desde que tenía cinco años y la sentí, viví y crecí en ella, no he podido despegarme de su halo mágico y cada vez que la visito hasta mi vello se eriza y mis recuerdos se agrandan con mis juegos infantiles y sentimientos más dispares: vida y muerte.

Boñar, Felechas, Olleros de Sabero, Sabero, Cistierna o lo que es lo mismo del valle del río Porma al del Esla, cómo no iba a ser pescador si sus aguas fluyen en mis memorias y eso que el primer pez lo conseguí en Asturias, la tierra de mi esposa, donde actualmente resido.

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El caso es que un año más y atendiendo a la amabilidad de Luis Alberto “Chingli”, tres amigos nos hemos vuelto a juntar para pasar tres días juntos en la localidad de Felechas, asentamiento de paisajes y paisanaje salpicado por la dura faena bajo tierra para extraer “el oro negro” de la zona. Lugar, como la mayoría de asentamientos del lugar: La Losilla, Veneros, Voznuevo, Vozmediano, Colle, Llama, Sotillos, Olleros, Sabero… donde gentes de toda España llegaban para ganarse el sustento de sus familias sin jamás antes haber encendido aquellas lámparas de carburo para poder ver en la oscuridad de la mina donde muchos dejaron sus vidas.

Han sido tres días maravillosos, como cada año, donde hasta la climatología se alió con los tres (cuatro el último día con la llegada de Jesús) y siete en total para despedir la estancia en el refugio de Valdeguida a 1.259 metros de altitud, donde nos esperaban José Varela y su hijo Ángel (Gelo) y Melquiades (Melqui para unos y Quiades, para otros). Don José había sido compañero de mi padre en la mina La Herrera y en Sotillos, al que reconoció tras mostrarle unas fotos de mí progenitor al que llamaban “el sevillano”. Este año sólo faltó Moisés, el perro y respecto al año anterior, uno de los invitados, el valenciano, Jorge.

 

Desde Felechas al cielo de Valdeguida con la añoranza de tener que pasar otros 365 días esperando para repetir la historia anual con vertientes de amistad, alegría, historias de todo tipo, naturaleza, pesca y cocina salpicados por el “puñetero virus Covid-19” que nos coartaba libertad por momentos.

Por medio, visitas a Boñar y Cistierna para comprar pan y otras viandas, miel para llevar a casa, lotería de Navidad y saludar al amigo, Juan. Nos tomamos algo en ambas localidades y terminamos en Sabero en una terraza, al lado de la iglesia parroquial.

Hemos disfrutado a tope tres días con  dos jornadas de pesca. Una, en el Esla (Pesquera), la otra en Villanueva del Condado, en el Porma.

 

Las dos jornadas fueron muy diferentes en cuanto a la pesca se refiere. La primera, con muerte, aunque la pescamos en captura y suelta que hasta la misma guardería no entendía por qué hasta que lo pudo comprobar mirando anzuelos y que sólo uno llevaba cesta. Si, si, así ha ocurrido cogiendo un coto sobrante con muerte para que uno pudiese llevar alguna para comerlas con los amigos en Valdeguida con un revuelto de “boletus de primavera” conservados y preparados por Quiades que estaba delicioso. La verdad, es que no teníamos otro coto sobrante en la zona, ni siquiera para el día siguiente, por lo que nos conformarnos con ir al día siguiente a una zona libre.

 

En el coto de PESQUERA encontramos el “lugar de esparcimiento de algunos cerdos” que allí van a pescar y tiran latas y otras porquerías en plena naturaleza. Lamentable.

Si el primer día pescamos bien en términos generales, nos quedó LA ESPINA CLAVADA desperdiciando media jornada por lo de siempre: el polígono Industrial de Vidanes y la suelta de SUS PORQUERIAS. Lamentable porque la historia se repite todos los años, para nosotros, y me imagino que para el resto de pescadores de lunes a viernes, salvo sábados y domingos donde la factoría o factorías que contaminan las aguas del Esla, cierran por descanso. ¿Qué pasa, tienen enchufe con algún pez gordo de la CHD?

 

 

El segundo día, en el Porma la situación fue peor porque salvo una pequeña trucha a ninfa que conseguí llevar a la mano y dos toques a la mosca seca, nada más. Mis compañeros de “fatigas”, Chingli y José Luis, más de lo mismo. Al final con el calor que hacía lo mejor fue tomar un baño en las frías aguas del río donde Chingli se quedó sólo ante las aguas que parecían sacadas del congelador.

Si la pesca fue mala ese día, la comida la hicimos en el área recreativa de Villanueva, con fuente de agua fría pero no controlada sanitariamente, una zona central de cobijo o sombra sin nada más y la zona de esparcimiento y meriendas alrededor pero sin sombra para cobijarse del sol. Quién sería el técnico que lo diseñó y quien el político que lo dió de paso. Lamentable obra aunque, quizás fue para gastarse en algo los fondos de Europa.

 

 

Y después de tres días, los cuatro: Chingli, José Luis, Jesús y yo volvimos para Gijón donde nos esperaba una jornada de pesca de cangrejos de río y un “Cachopo” de poco más de tres kilos para degustar en el BODEGÓN DE COYANZA junto a otros dos amigos leoneses y residentes en Gijón, Óscar del Barrio que regenta LA GITANA y Elu Grande. Allí, a los postres y con un trozo de tarta le cantamos “el cumpleaños feliz a Chingli”. Felicidades amigo.

La comida de campeonato y la sobremesa aún mejor y cada uno para casa.

 

Así iniciamos con éste reportaje, la etapa final de Pescarmona como web, que cerraremos el 25 de Octubre, aunque continuaremos en las redes sociales Facebook, Twitter e Instagram de una forma más informal.

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