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29 septiembre, 2020

FELMIN, donde salir del río es la “aventura”…

Desde Felmín a Getino una auténtica “selva virgen”…

Lo que debía de ser bueno se convierte en la pregunta de siempre, ¿DÓNDE ESTÁN LAS TRUCHAS GRANDES?

Nos divertimos pero para sacar alguna superior a los 22 o 24 cms. se convirtió en otra “aventura”

¿No podrían abrirse algunas entradas al río?

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Desde el confinamiento estamos que no paramos. Estamos pescando todos los cotos de la provincia de León y, la verdad, es que disfrutando mucho.

En el caso del coto de FELMIN, podemos adelantar que se pescaron muchas truchas pero todas pequeñas salvo cuatro o cinco que pasaron de una medida normal. Las mido por mi “cuarta” que da unos 24 cms. y la verdad es que sólo saqué una de esa medida, Benito Lozano, unas cuatro o cinco y Beni Sánchez, ninguna, sólo pequeñas.

Las truchas del río Torío, en Felmín, son auténticas con una librea especial plena de colorido y belleza y, noble muy noble al tomar con ímpetu los engaños. La pena es que sólo salgan pequeñas pero, lo importante es disfrutar.

Por cierto, lo peor es salir o entrar al río. Toda una aventura para encontrar alguna entrada y, no digamos, alguna salida cuando ya está metido en faena. Medio Ambiente debería tomar cartas en el asunto porque, además de no ver a la guardería en un día sin muerte, bien podría la Junta habilitar brigadas para abrir pasos.

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DE LA VENTA DE GETINO A EZEQUIEL-2

Siempre que pescamos el coto de Felmín mis compañeros y yo aparcamos siempre bajo el ciruelo frente a La Venta de Getino “Casa Amador”. Después de tomar un café y encargar la comida, nos vamos a pescar pero, hoy no hemos podido hacer lo normal y es que con “la nueva normalidad”, La Venta estaba cerrada y después supimos que abrirá éste sábado 4 de Julio. Por dos días nos hemos perdido comer en el lugar de siempre ese cordero al horno que preparan tan sabroso. De todas formas, en 15 minutos, llegamos a Villamanín y comimos donde lo habíamos hecho la semana pasada, en Ezequiel-2 y, como siempre sensacional y con un precio, calidad y cantidad que “abruma”.

Antes de comer, nos repartimos las zonas de pesca y como siempre, lo más cómodo y próximo para Beni. Benito y yo, bajamos entre dos o tres kilómetros por la carretera para subir pescando. Benito se quedó antes de Felmín y yo, en un término medio. Así no nos estorbábamos pescando pues, el río Torío baja escaso de caudal y con aguas preciosas y transparentes. Lo peor, al menos para mí, después supe que también para Benito, fue el poder entrar en el río para pescar. No conozco La Selva Virgen pero “la virgen, que selva” protege el lecho del río.

Lo que sería muy bueno para la pesca, se convierte, a los postres en “un no se cómo puede haber sólo truchas pequeñas”. Parece mentira pero, o salen de tarde noche o nosotros no tenemos ni puñetera idea de pescar porque vareamos el río de arriba abajo y, alguna, se podía haber confundido.
Por si acaso, como siempre, mosquito que no me daba ni pequeñas, lo iba cambiando. Así la mejor cuerda, o al menos la que más capturas me dio fue la formada por: saltona común, tostado claro en pardo flor de escoba, negro brinca avellana – negro del manuscrito o negreta- la carmonina y un salmonín.

El día estaba de maravilla, con nubes y sol aunque amenazó tormenta y esa puede ser la clave del escaso éxito y se levantó una ligera brisa que rizaba el agua, algo bueno para pescar a la leonesa, aunque molesto.

Lo más importante es que disfrutamos con muchas truchas pequeñas y nos dimos una paliza subiendo por el río hasta Getino. Por cierto, como corre “el abuelo Benito” que sin la ayuda de “tercera pata” y siempre por el río, llegó a pillarme a unos cien metros del Balneario de aguas termales.

Un fenómeno.

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