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16 julio, 2020

LA ENTREVISTA

SAMUEL GARRIDO MARTÍNEZ, GUARDA DE PESCA

43 años al servicio de la pesca y los pescadores en León.

“Con mayor concienciación, vigilancia y ganas de querer trabajar por los ríos, la provincia de León podría acercarse a lo que fue en los años 70.”

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona.
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Llegó a León en el año 1.956 procedente de la capital de España. Un familiar suyo, un primo, fue el causante del traslado. Éste, secretario que fue del General Moscardó, máximo responsable del deporte a nivel nacional, por entonces, habló con el Ingeniero Jefe nacional del servicio de pesca, Guillermo Muñoz Goyanes. A partir de ese momento, fue cuando un joven de 23 años sin ningún tipo de experiencia en ríos y pesca, llega a la provincia mas truchera del país.
José Derqui, ingeniero del servicio de pesca en León le asignó a Barrios de Luna, recién construida la presa. Después de unos meses en el destino, comprobó el duro invierno leonés, donde las nevadas y las grandes heladas le trasportaron a “un polo norte” totalmente desconocido para él.
Samuel Garrido Martínez, nacido en Villapalacios (Albacete) en 1933, no podía aguantar más aquellas jornadas de frío y soledad, por lo que decide abandonar. El responsable de pesca en León le recomienda no irse. El servicio de pesca en la provincia acababa de crearse y podía significar un buen futuro. Es cuando le ofrece trasladarse a la localidad de La Magdalena, centro neurálgico y comercial de la comarca, en pleno auge por la minería del carbón. La localidad, con mucho más ambiente para un joven de sus características, le sienta “como anillo al dedo”. Tanto que conoció a la mujer de su vida, Florentina González, con la que esposó años después. Por entonces ya era guarda del coto de Villarroquel, donde estuvo seis años. Por cierto, su padrino de boda fue Carlos Mondéjar, ingeniero de pesca. El vehículo que llevó a la novia a la iglesia era un SEAT 600, propiedad de éste.
El dinero de la mina corría con alegría en La Magdalena, pero el sueldo de guarda daba para la pensión y muy poco más. Otra vez Samuel pretende marcharse.
El coto de Santa Marina, en el río Órbigo, era por entonces el “buque insignia” de la pesca en León. No le andaban a la zaga Bachende “El Internacional”, en la zona de Riaño, en aguas del río Esla, coto hoy en las profundidades del pantano.
Florentina era maestra en La Magdalena y para que Samuel pudiese quedarse en la zona, se decide crear, en aguas del río Luna, el tramo acotado de Garaño. Aureliano Criado Olmos, ingeniero de pesca en aquellas fechas, deja el coto a buen recaudo, ofreciendo su cuidado y vigilancia a Samuel Garrido. Sólo le dijo una cosa: “espero que a la vuelta de poco tiempo sea mejor que Santa Marina”. Así ocurrió. En tres años, sus truchas y sus condiciones, le dieron tanta fama que llegó a traspasar las fronteras nacionales, superando al de Santa Marina. Garaño llegó a tener la trucha autóctona más apreciada de la provincia. La calidad de sus ejemplares, su talla y peso, así como su abundancia le situó en cabeza de las preferencias de pescadores españoles y extranjeros, especialmente franceses, que ya comenzaban a utilizar la mosca seca, un arte totalmente desconocido en León, caso del general del ejército francés, Mrs. Pauvus.

ANÉCDOTAS

Recuerda Samuel que por este tramo acotado pasaron las mejores cañas del mundo, así como altas personalidades como el Ministro López Rodó, el Nuncio de la Santa Sede, Monseñor Dagaclio, generales españoles e incluso uno de Argelia, quien al poco tiempo dio un golpe de estado en su país, Marqueses, Duques, Embajadores de otros países…
De Monseñor Dagaclio cuenta una anécdota nuestro protagonista: “Era un 19 de Marzo y hacía un frío tremendo. Por más señas nevaba. El Nuncio de su Santidad, pese a la hoguera improvisada, no aguantaba las inclemencias del tiempo, por lo que le acompañé, junto con sus amigos y séquito, a Vega de Caballeros, donde comieron.
De vuelta al río compruebo que estaba pescando en Garaño un sacerdote asturiano, de Gijón, y tenía una captura preciosa. Se trataba de una trucha hermosa, de pintas rojas intensas, que pesaba algo más de 2 kilos. Le digo que si no le importaría enseñársela al Nuncio. Este, incrédulo por la presencia de tan alta personalidad en el río, en ese momento comiendo, accedió pero insistiendo que solo verla, nada de regalársela, porque “si vuelvo a Gijón diciendo que he pescado una trucha de más de 2 kilos y no la llevo, no me van a creer”, apuntó. Así ocurrió. Monseñor nada más ver tan hermosa criatura no aguantó ni sobremesa. Raudo y lleno de ganas se puso a pescar en la explanada que existe en Garaño y disfrutó de lo lindo. Desde entonces a esa zona se la conoce como la explanada del Nuncio”.
Son tantas las anécdotas de Samuel, que bien se podría escribir un amplio libro.
En Garaño vivió Samuel Garrido los mejores años de su vida de trabajo en el río por la pesca y para los pescadores. Fueron años complicados por la carestía de medios. El río lo era todo para él, así que no importaban las horas de trabajo. La mayoría de las jornadas eran de 24 horas. No importaba. Como vehículo una bicicleta. Como herramienta de trabajo, ilusión y ganas. Aquello parecía su propiedad, de ahí tanto empeño y tanto mimo.
Nuestro protagonista no quiere dejar pasar la oportunidad de dar a conocer una jornada de pesca del escritor Miguel Delibes, en el coto de Garaño, (en la foto con algunas de las capturas conseguidas aquél día). “Le dejé pescando en la zona baja. No conocía el tramo, por lo que se fió de mis consejos. Mientras pescaba Miguel, yo decidí acudir a la zona alta del coto, en Mora de Luna. Allí las truchas se estaban cebando que era una maravilla. Acudí rápidamente a su encuentro, aconsejándole subir a dicha zona. En media hora sacó el cupo: 12 truchas por entonces. Pesaron más de 6 kilos. La única objeción del Sr.Delibes fue que había resultado demasiado fácil. Al año siguiente volvió con su hijo Juan. Entre los dos no consiguieron un cupo. Esto demuestra que no todos los días son iguales para la pesca, aunque quedaron enamorados del río Luna y la trucha de Garaño”.
No todo ha sido de color de “rosa”, en el debe y haber de Samuel Garrido, guarda de pesca, que se jubiló en 1.998 como Subinspector-Guarda Mayor, también hay muchas denuncias por furtivismo, desastres ecológicos con mortandad de miles de truchas y salvamento de pescadores en riesgo de perecer ahogados, como ocurrió con el director, por entonces del Faro de Vigo, quien en una jornada de pesca, metido en la isla que se forma en Garaño, cuando intentó salir no podía porque se habían abierto las compuertas del pantano y a punto estuvo de ser arrastrado por el agua. “Tuve que acudir rápidamente a la Central de Mora para que cortasen el agua. Testigo del rescate fue el director del Hostal de San Marcos que también estaba pescando en la zona”.

DESASTRES ECOLÓGICOS

Entre los desastres ecológicos vividos por Samuel hay que destacar la gran mortandad de truchas causada en el río Sil por culpa de unos vertidos de la central térmica existente en la zona. Cosas parecidas volvieron a ocurrir en otras ocasiones y en otros ríos. El cambio de compuertas en el pantanín de Selga de Luna, también produjo la muerte de miles de truchas. La suelta de vertidos de cuadras de ganado, en el pantano de Casares, hizo que los purines terminasen con las truchas de todo el embalse, muchas superiores a los 2 y 3 kilos. Otro tanto ocurrió en el Órbigo, por debajo de Veguellina, con los vertidos de la azucarera. No pasaba nada, pese a las denuncias y las sanciones, comenta Samuel. Para algunas empresas era mejor pagar todos los años multas, a tener que montar un sistema de depuración de agua de muchos millones de las antiguas pesetas. Las sanciones, en la mayoría de los casos ni se pagaban. Así comenzó a cundir el desánimo o frustración en la guardería que, cada vez se veía más desprotegida, amenazada y falta de autoridad. Ahí está el desastre ocurrido en Julio de este año en el río Luna, apunta Samuel. El coto de El Castillo, a causa del envenenamiento, por vertido de lejía por unos desalmados, en la zona de Las Cuadras de Manolo, acabó con más de 15.000 truchas muertas, arrasando el coto que necesitará 4 o 5 años para recuperarse, si es que lo consigue. Nadie sabe nada, nadie es responsable y encima ni siquiera pillan a los desalmados causantes del desastre.
Desastre sin precedentes fue la aparición de la Saproleginiosis, enfermedad que aún convive con la trucha en los ríos y que de vez en cuando aparece afectando, con sus manchas blanquecinas, a miles de ejemplares.
A Garrido Martínez le digo que antes los guardas portaban armas y eso imponía, aunque también había más respeto a la autoridad. Samuel replica asintiendo. “Tampoco es menos cierto que nunca las usábamos, dice. Yo tenía una máxima: el diálogo. Furtivo que pillaba pocas veces repetía. Mi método era el diálogo y la invitación a pescar de forma legal, incluso les daba un permiso para poder hacerlo en los cotos. De esta manera se convertían en los mejores guardianes del coto, añade”.

EL FUTURO DE LA TRUCHA EN LEÓN

Garrido asegura que el futuro de la trucha en León está muy complicado, muy mal. Si desde los organismos competentes se pone empeño e interés, se podrá mejorar, aunque nunca se volverá a aquellos años.
Es imprescindible que la pesca tenga su propia guardería, con dedicación exclusiva, aumentando el número de agentes. Ahora los guardas cumplen un horario y nada más, por lo que el río es muy vulnerable. “No se puede estar pendiente sólo del reloj”.
Hay que controlar la contaminación, raíz de los males mayores de la vida acuática.
Controlar y exterminar, en algún caso, la introducción de especies foráneas, que están haciendo perder importantes masas de agua trucheras.
Recuperar fuentes y arroyos, verdaderos pulmones para el río y la trucha.
Recuperar las poblaciones de cangrejo, verdaderos “barrenderos” del río.
Utilizar como piscifactoría natural las cabeceras de ríos y arroyos, pero bien vigilados. Hoy más del 90% de la trucha que existe en los ríos leoneses es de repoblación. Sólo existe trucha autóctona en zonas muy determinadas y a veces convive mezclada. Omaña, Curueño, Tuerto, Bernesga y Torío, son los que conservan algunas poblaciones de trucha autóctona, el resto todo es repoblación con truchas cruzadas de centroeuropea y leonesa.
Hay que dragar o remover los cursos de los ríos, especialmente los controlados por pantano. Al no existir crecidas naturales, por lluvias o deshielo, los fondos se obstruyen impidiendo la vida acuática de larvas, imagos y subimagos, base de la alimentación de la trucha. Es necesario un tratamiento y actuaciones totalmente distintas para ríos naturales y artificiales: montaña y por debajo de pantanos.

Después de conseguir corregir errores, acontecimientos como la Semana Internacional de la Trucha, volverá a florecer y dar prestigio a León y la pesca de la trucha, más allá de nuestras fronteras. Para esto nació la “semana” un 26 de Marzo de 1.966, creada por el ingeniero Carlos Mondéjar, siendo Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, y primer pregonero, Jaime de Foxá Torroba, Jefe nacional del servicio de caza y pesca.