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24 septiembre, 2020

Para truchas grandes, VEGAMIÁN (León)…

Por segundo año consecutivo, en Junio, éste coto en el río Porma nos ha dado satisfacciones

Excelente de caudal, sólo la maleza y “los bolos” del curso son inconvenientes

La infalible de Granizo y un oro viejo las favoritas de las fario. “La carmonina” no me dio ni una sola captura

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

No he podido dormir en toda la noche. Son tantas las imágenes vividas éste martes en el coto de Vegamián (León) que no puedo ni contarlo. Se me amontonan en la mente pero especialmente una de ellas, LA GORDA, un truchón de cerca de dos kilos, más o menos porque, Aunque no la pude ni medir ni pesar, la saqué hasta las piedras y era un ejemplar hermoso. La fotografía ha quedado en mi mente y son tantas “las cábalas” que le he dado a lo ocurrido que aún no me explico como la pude perder aunque de todas formas iba a volver a la vida.

“La gorda” de la jornada, la más gorda, tomó mi señuelo con tanta virulencia que hasta me asustó. Acababa de llegar a la zona donde el río Silván deposita sus aguas por la margen izquierda al río Porma. Me costó trabajo bajar para poder lanzar desde el cemento pero como algún alma caritativa quiso dejar el camino expedito para futuros pescadores, un peñasco pegado al muro de cemento y junto a un árbol, sirvió el uno de bastón para apoyar los brazos y el peñasco para poyar los pies. Con sigilo, por detrás de unos arbustos, lancé mis leonesas río arriba donde el Porma toma las aguas del primer túnel por donde parte de las aguas del Silván caen al curso principal, mientras lAs del túnel más próximo, estaban a mi lado. Según voy recogiendo, siento un tirón tremendo. Era en la zona más profunda donde las corrientes de agua se juntan. Algo gordo tensaba mi caña. Aguanté los primeros meneos, cediendo con mucho cuidado y casi rezando porque, aunque el coto era con muerte, siempre pesco sin muerte y con anzuelos sin arponcillos. Enseguida me di cuenta que se trataba de la infalible a la que venía pinchada la trucha, un hermoso ejemplar que no quería aproximarse a la orilla y tendía a empozarse. Levanté la caña con cuidado y me puse por delante del matorral, ya en las piedras junto al pozo.

Al verme, LA GORDA, volvió hacia lo más profundo. Sabiendo que el anzuelo era sin arponcillo y el hilo del carrete y la cuerda, que siempre monto sobre la línea, era del 16, intenté no forzar y, poco a poco, el truchón fue cediendo. Reconozco que cuando estaba próxima a las piedras de la orilla y viendo su tamaño, no daba crédito. El ejemplar estaba vencido. Intento meter la sacadera y noto que LA GORDA no entraba. Sólo pienso en sacarla a la orilla porque estaba exhausta y efectivamente, entra en las piedras de la orilla del pozo. Me arrodillo para intentar cogerla pero, la mala fortuna que me estaba haciendo gozar con tan hermoso ejemplar, hizo posible que al hincar la rodilla, la trucha diese un salto sobre las piedras y el puntal de mi caña chocase contra la rama del árbol que tenía por detrás. Zás…se rompe el hilo y LA GORDA se rebota sobre las piedras con tan mala fortuna que se metió en el agua. Pese a la profundidad del pozo y como la sacadera la tenía en la mano, me lancé a por ella. Sólo sirvió para que cobrase vida y velocidad y se sumergiese en el pozo con la cuerda completa y sus cuatro mosquitos, además de la boya, sin que pudiese hacer nada. Casi lloro.

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He estado toda la noche sin pegar ojo preguntándome como se me pudo escapar sin poder fotografiarla y disfrutarla algún minuto más. La fotografía quedó en mi retina junto con la “mala leche” que me quedó. El insomnio padecido que ha tenido media jornada “atontado” con el sueño y el cabreo en el cuerpo.

Todavía no entiendo que fue lo que hice mal. Ya estaba fuera del agua y rendida a mis pies y, aun así, no quiso dejarme disfrutarla más. Al final, “el consuelo del tonto” porque me hizo gozar un buen rato, no se cuantos minutos, aunque me parecieron una eternidad. Un éxtasis incalculable sin “eyaculación”. Otra vez te volveré a gozar GORDA y si no fuese yo el pescador afortunado, aunque no lo conozca, que te disfrute al máximo porque esa librea que contemplé, esa cabeza enorme, ese cuerpo estilizado por los centímetros y abundante en carne y pintas enormes, dan para gozar muchos porque si estás ahí es porque eres lista y habrás estado en “muchas guerras” porque, ese tamaño no se consigue sólo por comer, si no por saber “guerrear” con la naturaleza y quienes formamos parte de ella.

Al final, he descansado escribiendo esto porque me ha dado cuenta que lo importante ha sido estar allí y que eligieses mi mosca para hacerme gozar, sufrir y casi llorar.

Gracias GORDA y hasta la temporada que viene, si es que quieres esperarme.

EL RESTO DE LA JORNADA EN VEGAMIÁN

Poco más puedo contar, porque después de la historia relatada, lo demás fueron “migajas” pero con truchas de casi un kilo por barba. A la mano cuatro de esas, más otras quince o veinte de entre los 24 o 25 centímetros, aunque alguna algo más.

Las truchas “pequeñas”, como las del Omaña, se convirtieron en mayores en sólo dos días, los que van del domingo al martes. Ahora ya conozco dónde están las truchas grandes: en Vegamián.

Por otro lado es normal porque por debajo del coto está el pantano del Porma o Vegamián, no el de Juan Benet, el arquitecto catalán que diseñó la presa que inundó el valle, y al que quisieron homenajear desde la Administración para que el pantano llevase su nombre. El pueblo es quien manda y, cada vez que colocaban la placa de Pantano de JAN BENET, la placa aparecía arrancada. Seguro que más de una estará en las aguas del pantano.

Mis compañeros de pesca, como casi siempre, fueron Benito Lozano y Benigno Sánchez. El primero dio buena cuenta de una gran jornada particular, aunque sin tanta fortuna como yo.

Un salmonín, así como un lila muy clarito fueron sus moscas de éxito. El segundo, se tuvo que conformar con pescar un tramo muy corto en la zona del camping porque debido a su falta de movilidad, no puede transitar por zonas dificultosas. Mis moscas fueron: saltona común, carmonina, negra del manuscrito, y la infalible. Después hice varios cambios quitando la carmonina, que no me dio ni un solo ejemplar y la saltona común. En su lugar puse, un lila clarito y el oro viejo. Las truchas grandes todas ellas a la infalible de Granizo, que llevaba de ahogada y al oro viejo como saltona. El resto de moscas me dieron truchas terciadas o pequeñas.

El río Porma bajaba muy bien de caudal y con aguas claras. La primera trucha grande que conseguí fue a las 11,45 horas, casi recién metido en el río, a la tercera varada aguas arriba, porque siempre pesco sin rastro.

Lo peor de la jornada, la maleza colindante que cierra el curso del río dificultando las salidas por lo que preferí pescar dentro del curso del río y muy despacio, sorteando corrientes ayudado por mi bastón. No llegué a pescar ni la mitad del coto y aunque mi compañero Benito Lozano comenzó en la zona del río Silván hacia arriba para no molestarnos, cuando llegué a la zona que él ya había pescado, no noté que había pasado antes que yo. Gracias Benito.

A la hora de la comida, en el Restaurante Madrid en Puebla de Lillo, corrieron las anécdotas y sobre la mesa, en la terraza del exterior, buenas viandas de la casa con una cocina tradicional exquisita. Tras los postres, la sobremesa se alargó y “la puñetera política”, no mi suegra, salió a relucir. Nunca nos pondremos de acuerdo porque estos “políticos” lo único que saben hacer es “distanciar”, incluso a los amigos y compañeros, ya no digo dividir porque afortunadmente, por eso somos amigos.
Con lo bonito que es disfrutar de la naturaleza, los amigos y la pesca y siempre se complica la jornada por las pequeñas discusiones a causa de la pandemia, el estado de alarma y quienes nos confinaron tres meses.

Que ustedes disfruten de ésta vida muchos años y la disfruten como la hemos disfrutado y discutido nosotros cuatro en Vegamián porque, aunque a pescar no acudió José Luis, no faltó a la comida.

Y el domingo más, aunque será muy complicado pensar en que será mejor. También tenemos coto.

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