Los cuatro protagonistas del primer viaje a Chile en 2008, se vuelven a reunir “en la patagonia leonesa”

Pesca en el río Porma y el Curueño en los cotos de Cerezales y Valdepiélago

Rutas de montaña a la collada de Tajuña con visita a Lois y al refugio de Valdehuida, en Olleros de Sabero

Y amistad, mucha amistad con grandes recuerdos de nuestro primer viaje “patagón” y un encuentro con un amigo “virtual” de la pesca, Pedro Sienes

Fotos y texto: Eduardo García Carmona y protagonistas

Después de 11 años cuatro amigos que en Febrero de 2008 emprendieron la aventura de La Patagonia chilena, se volvieron a reunir en Felechas, localidad de la montaña leonesa a caballo entre Cistierna y Boñar, zona donde dos de ellos pasaron su más tierna infancia en una de las épocas más difíciles de la historia reciente de la España de la postguerra franquista y, cuando el oro negro sacado de las entrañas de los montes de la zona, hicieron posible una prosperidad económica que sacó a la España olvidada de terruznos, huertas familiares, miseria y hambre, a cientos de familias llegadas de todos los rincones del país dispuestas a salir de la hambruna y sacar a las familias adelante. Era la prosperidad de las minas de hulla y antracita que dejaron los asentamientos esparcidos por las faldas de sus montañas y que en día conservan el cambio cultural y humano de mezcla de identidades, que convirtieron a la zona en historia de las historias de sus gentes.

Los cuatro patagones: Luis Alberto Diaz Suárez, José Luis Méndez García, Eduardo García Carmona y el valenciano, Jorge García Felipe, se fundieron en un abrazo para recordar las historias vividas en Posada de Puelo (Chile), en un lugar de pesca cerca del cielo, con el color azul por techo, y el azul o verde turquesa, a los pies con las aguas de un río maravilloso, el río Puelo y más tarde el Petrohué.

El reencuentro ha sido hermoso. Luis Alberto nos acogió en su casa de Felechas con una sorpresa que nos tuvo toda la noche pendiente del televisor. Había realizado un montaje de las vivencias patagónicas, que nos hizo volver a acariciar todo lo vivido entonces y revivir las partes menos recordadas. Una pasada el vídeo y el trabajo del montaje. Grande Chingli. 

También estuvimos visitando el camping  en El Soto de Boñar, comprobando varias cosas desagradables. Lo primero, que el campamento de verano está prácticamente abandonado y sin actividad, algo que se nota en toda la comarca. Segundo, que Boñar necesita más promoción por medio del turismo ofreciendo la gran calidad de su Soto, como antaño. Tercero, Boñar, además de puerto hacia San Isidro, podría ser “la ciudad” del puerto en invierno y de la pesca seis meses.

Por cierto, cuando visitamos el Soto de Boñar nos encontramos con un madrileño afincado en Boñar seis meses al año, PEDRO SIENES y su esposa. Por la mañana, cuando bajamos desde Felechas a Boñar a por pan, Nicanores y Chuchos, a los primeros que saludamos fue al guarda de Vegaquemada, Fernando que estaba dialogando con Pedro, un amigo “virtual” gracias a la pesca, con el que, después de un abrazo y reconocimiento, espero conservar muchos años. Gracias Pedro por tú amabilidad y diálogo de pesca.

Fuimos a la tienda de Juan y su esposa en Cistierna, amigos de Chingli y la verdad es que nos dejó “patitiesos” al comprobar que aún  despachando a su clientela, tuvo momentos para atendernos, compartir una cerveza allí mismo, obsequiándonos con unos MUSLOS DE POLLO, preparados por él para los amigos, con una preparación a base de cerveza y un “chumichurri especial” que prepara y que nos “dejó como nuevos”. ¡Vaya un detalle, Juan…!

Un día muy completo para comenzar, aunque aún faltaba el “patagón valenciano” que llegaría con la caída de la tarde, directamente a Felechas. Mientras esperábamos por Jorge, hicimos unas fotografías de la iglesia de Colle, que fue monasterio, y a la puesta de sol que estaba llenando nuestras retinas.

Urruzuno
Deportes La Picada
pescaocio
Restaurante Samuel
Click
Perdices Molleda
Cucharillas Edu

SEGUNDO DÍA: Pesca en Cerezales y Vegaquemada

Los cuatro, tras el desayuno, nos acercamos a Los acotados del río Porma, Vegaquemada y Cerezales para celebrar con pesca el encuentro de Los PATAGONES.
Mientras Jorge pescaba en Vegaqueda, nosotros nos fuimos a Vegas del Condado para pescar el de Cerezales, en la zona más baja. El río Porma bajaba con caudal abundante, aunque mucho menos que en Vegaquemada.
A las 14 horas habíamos quedado todos para comer juntos en el área recreativa junto a la fuente, en previsión de pescar por la tarde mejor. La jornada de pesca, hasta ese momento, no había sido buena y solo Jorge aportó una de la medida, pescada a ninfa en el otro coto. Los demás, muchas pero de 21 o 22 centímetros, devueltas otra vez a su hogar.
Comimos y nos dispusimos a pescar toda la tarde. Jorge, consiguió el cupo pero, nosotros tuvimos que esperar a la caída de la tarde para conseguir seis ejemplares de “campeonato” y gracias a las instrucciones que nos dio el guarda del coto, Aurelio.
Chingli consiguió el mayor de los ejemplares a cucharilla, una trucha de más de dos kilos.
José Luis, tres buenas truchas a leonesa y yo dos pero, vaya seis truchas, de auténtico campeonato.

El compromiso era con Gelo, Melquíades y don José Varela, Pepe, el padre de Gelo y compañero en la mina de mí progenitor allá por años 1958 al 62. Había que subir hasta el refugio, en Olleros de Sabero para, después de muchos años, volver a degustar una suculenta merienda de pintonas, a lo que nos habíamos comprometido. Los dos cotos pescados tenían cupo de cuatro truchas por pescador y día y salvo uno que consiguió el cupo, los demás aportamos menor número pero, más “kilos”. Una pasada.

De vuelta a Felechas no dábamos crédito a lo conseguido a última hora, al sereno. Cenamos, jugamos la partida al mus, nos divertimos y a dormir que la tercera jornada será de ruta de montaña.

TERCERA JORNADA: Ruta por la montaña y final en el refugio de Valdehuída, con truchas y “juerga flamenca”

En el refugio de “Valdehuida” con Gelo y Melquíades, dos grandes de Olleros de Sabero habíamos quedado para cenar pero, teníamos mucho día por medio.
La mañana, y después del desayuno andaluz del Carmona: pan frito a la sevillana, partimos para Riaño.

Se trataba de hacer la ruta al Pico Yordas desde Riaño pero, no había sitio para el parking del coche de tantos aficionados que habían tenido la misma intención. Exagerado. Tuvimos que marchar para Liegos y cambiar la ruta prevista, repitiendo la del año anterior. Desde Liegos, dirección a Lois, por una pista de montaña, pasamos a subir al Yordas pero, acabamos en la Collada de Tajuña. Por frente el Yordas, a un lado unas paredes que parecían el Naranjo de Bulnes y, enfrente, el Pantano de Riaño. Una maravilla de subida y mejor la llegada. Por medio, una belleza inusitada: hayedo, fuente, fresas salvajes, setas de varios tipos, fauna, flores con paisajes que cambiaban cada metro. Demasiado para ser cierto y aunque lo habíamos vivido el año anterior, ha sido totalmente distinto.

Después, comer a la bajada, a base de productos de León pero, sin pan. Se nos olvidó comprarlo en Riaño pero, salió de maravilla. Lo que hace el hombre.
Tras la comida campera con recolección de flores silvestres de azafrán para llevar a Valencia, partimos por la pista de Liegos a Lois, con la bella y monumental “catedral de la montaña” que dejó anonadado a Jorge que no daba crédito a lo que estaba viendo.
Camino para Felechas. Había que acudir a Olleros de Sabero donde nos esperaban dos “de la familia de la montaña leonesa” y que de huida han construido en 1999 un refugio de amigos y familia en plena montaña donde la luna es luna, el cielo está plagado de estrellas y vida, vida en su más amplio sentido de amistad y disfrute.
Con las estrellas como techo el menú era truchas del Porma, con sopas “Cum Laude” para Méndez y, truchas a la “sartén” made in Chingli. Acojonantes es decir poco. Estoy convencido de que me van a criticar pero, cuando después de muchos años unos amigos nos piden “algo que hace muchos años no saborean”, lo mismo me da, que me da lo mismo.

El vino, de pellejo de los que le traían a mi padre cuando trabajaba en las minas de Colominas, Olleros, Sabero y Veneros.

Después, “una actuación de Paco de Lucia en plena montaña leonesa”con su mejor actuación en directo, gracias a Gelo, de la que disfrutamos con sonidos de bafle y baile de amigos. No hay nada mejor para bajar cena, que la diversión sana de amistad, mucha amistad. Conocimos cómo se construyó el refugio, algo que sería imposible hoy en día y seguimos con nuestra jornada única que, mañana, se repetirá en Felechas.

CUARTA JORNADA: Pesca en el Curueño

De la montaña de Olleros de Sabero, al valle del Curueño, con pesca en el coto de Valdepiélago, comida en el Sierra y cena en Felechas con los amigos de Olleros. La jornada de pesca ha sido muy pobre para José Luis y yo. El Curueño baja con escaso caudal y es complicado engañar a las pintonas. Así y todo, conseguí llevar a la mano SEIS truchas de unos 22 a 26 cms. Otras tres se soltaron. Mi compañero, tres.

Lo peor ha sido encontrarnos en las pocas echadas que teníamos, todas las ramas podadas de los árboles. Nocedo de Curueño debe tener por norma tirarlo todo al río, ramas de árboles, poda de parras y lo que es peor, bolsas con basura, plásticos, cajas, cables…y hasta un COLECTOR ILEGAL que vierte toda la mierda al río en la parte de las huertas que existen a unos 100 metros del bar que existe en la zona. Lamentable porque hace dos años lo volví a denunciar y ahí continúa. Chingli y Jorge, se fueron a pescar a Montuerto. Jorge, a tándem consiguió llevarse a la mano siete truchas, una de ellas de poco más de 30 centímetros. Chingli, a la leonesa unas cuántas pero, de escasas dimensiones. No estaba El Curueño para muchas florituras y mientras unos lo dejamos a las 14 horas, cuando dicen es el mejor momento, otros lo dejaron a las 15 horas pero, ni por esas. Después, comida en el bar Sierra, y partida de mus donde los que perdieron, pagaron La Ronda.

Vuelta para Felechas porque la visita que teníamos que realizar para cenar, es de Gelo y Melquíades a quienes teníamos que acoger como ellos nos recibieron en el refugio de Valdeguía o Valdehuída, como también le conocen. Sería una misión muy complicada pero lo intentamos con un “buen pescado a la sidra”. Los cocineros, quien esto escribe y José Luis.
Tenía que estar “el salmón” muy bueno, bueno porque en la cazuela no quedó ni una tajada, sólo el líquido con el que Chingli quería probar a cocinar una sopa especial.
Y como Melquiades tenía las piernas hinchadas por culpa de “una mariscada”, la de la noche anterior en el refugio, se despidió “la juerga” mucho más temprano que en el refugio.

QUINTO DÍA: LA DESPEDIDA

Después de unas jornadas de ermitaños EN FELECHAS, los “PATAGONES” nos dividimos en la partida, tras una emotiva despedida tras cinco días de convivencia total.
Uno se quedó allí, “el dueño del pueblo y su casa”, Chingli. Otro se marchó a Valencia, JORGE “el de la gaita”, por aquello del roncón que posee el instrumento galaico-asturiano. “Fray Sandía”, José Luis, y yo, “el habla poco”, nos quedamos en León para “quitar el hambre” que nos había dejado Felechas después de cinco grandes jornadas que se han convertido en inolvidables y repetitivas, año tras año, seguro.
El FOGÓN DE ISI, en Trobajo del Camino, fue nuestra “ruta final” y, como nos habían “matado de hambre en Felechas”, nos pusimos “tibios” con los platos de Isidoro. Gracias Isi, por darnos de comer, pagando, claro.
Otro, camino de Valencia, se tuvo que conformar con un bocadillo, un gran bocadillo de buen jamón.
Y el año que viene más, seguro.

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