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29 septiembre, 2020

Pescando en el río Porma con “Juan de Bergara y Lorenzo García”…

Sensaciones de estar pescando en 1624 con JOSÉ LUIS GARCÍA Y RAFAEL DE GARNICA

Pescando “a la antigua” con un varal de avellano, bramante y crines de caballo

La “rubia verde famosa” dio dos satisfacciones y un arranque donde la trucha se llevó dos moscas

Una jornada inolvidable con las moscas del Manuscrito de Astorga

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Con la “cuarentena del Coronavirus” continuamos en Pescarmona presentando artículos de ayer que merece la pena “refrescar” en nuestra web. Es el caso de éste reportaje realizado en 2014 en pleno verano, que nos hizo vivir en tiempos pasados junto con Juan de Bergara y Luis Peña (José Luis García y Rafael de Garnica), gracias a dos grandes amigos, pescadores y “pensadores” de La Pesca a La Leonesa, defensores sin par de un arte que nunca podrá desaparecer pese a los nuevos tecnicismos para pescar. También nos acompañaron otros dos buenos amigos y pescadores de éste arte: Javier Reyero y José Luis Méndez.

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VIVIENDO LA FORMA DE PESCAR ANTIGUA

Nunca podría haber pensado en pescar con la compañía de Juan de Bergara (José L. García González) y Lorenzo García (Rafael de Garnica), como así se les conoce en el mundo del “celuloide” en el documental ESCRITO CON PLUMAS. Me refiero a eso dos magníficos amantes de la pesca a la leonesa que desarrollaron nuestros ancestros y que demuestra una vez más que en esto de pescar todo está inventado desde mucho antes de 1624, aunque esa fecha signifique el inicio del Manuscrito de Astorga que todos conocemos, aunque sin llegar a “palparlo”, aunque lleguemos a “adorarlo” por su significado para León, los leoneses y la pesca.

He sacado mis dos primeras truchas a varal y con las moscas del Manuscrito de Astorga, emulando a los maestros Bergara y García. En el varal de avellano (dos varas empalmadas a la antigua usanza con bramante) sólo llevaba un puntero del que pendía un trenzado realizado con “crines de caballo”, como manda el Manuscrito. Un empalme, hilo o bramante y dos moscas auténticas del Manuscrito confeccionadas por JOSÉ LUIS GARCÍA GONZÁLEZ, un leonés al que los pescadores de esta especialidad deberían hacerlo UN MONUMENTO por lo que está haciendo por León y LA PESCA A LA LEONESA y por su trabajo en rescatar lo más puro de nuestros antepasados en la pesca con varal con moscas.

SENSACIONES DE ESTAR PESCANDO EN 1624

No es fácil pescar con un simple “palo” de avellano, mejor dicho dos tramos empalmados de la forma más tradicional con bramante (como se puede ver en la fotografía) sin carrete, solo a pulso manteniendo el varal y lanzando con delicadeza.

Comenzó a pescar, JOSÉ LUIS GARCÍA quien, como maestro de ceremonias, me introdujo en lo más básico de como coger la caña de avellano y manejar la cola de bramante y crines de caballo con las moscas colocadas. Después, con todo mi cuerpo en tensión, he intentado lanzar con el varal y me temblaba todo el cuerpo. Ha sido una primera sensación de “algo distinto”, muy diferente a lo que he realizado pescando a lo largo de mis más de 45 años en los ríos de León, resto de España, Chile y Alaska.

Primero, por las moscas del Manuscrito que son distintas, algo mayores y más “feas” pero, parecidas a las de hoy. Eso sí, con pluma de gallos de los de antes y mezcla de picapez y otras aves, que son complicadas de conseguir hoy en día, por estar protegidas algunas de esas aves. El tamaño de la mosca, como apuntaba, es mucho mayor; la pluma, abundantemente generosa; la cabeza, como muy tosca por estar hecha a la antigua usanza.

Me preguntaba mentalmente, ¿y si pierdo una de ellas, sabiendo el trabajo que le da a José Luis confeccionarlas? En cada una de ellas emplea un “mundo” para hacerla. Vamos, que le echa mucho tiempo y paciencia.

La responsabilidad me atenazaba y lanzar armando la “cola” compuesta de crines de caballo y las dos moscas que la componen, me resultaba, en principio, muy complicado. Tenía que colocar las moscas en el lugar del río donde me indicaba el maestro.
Poco a poco lo fui consiguiendo, especialmente, cuando sus palabras me tranquilizaron para hacer el lance lo más sencillo posible y teniendo el objetivo en mi mente. La cadencia en el lance es primordial y la delicadeza en la posada en las aguas, también. El lance se hace frente a uno y a no más de cinco o seis metros. Después, un paso hacia abajo, o dos, y otro lance. Así continuamente.

El maestro me decía que no hacía falta repetir la tirada en el mismo lugar o sitio y de repente…¡zassss!!
Mi primera trucha a varal y con las moscas del Manuscrito de Astorga que traba en el anzuelo. La sensación es indescriptible, hay que sentirlo para poder opinar.
Nunca, nunca había tenido esa sensación. Parecía que la trucha me había mordido mi propia mano, o al menos eso fue lo que sentí. Tres tirones como nunca en mi vida había sentido y el truchón, que lo era, se escapó tras revolotear por encima del agua del Porma.
Normal, me dice el maestro, estamos pescando sin muerte, la pesca hoy en día es así y muchas se escapan.
Otras dos o tres truchas volvieron a subir para tomar la mosca y tras el tirón nada, se quedaba para criar.

José Luis, me pide el varal. Mira y tras las crines de caballo no había nada. La trucha que había trabado en último lugar se llevó las dos moscas y el bajo colocado. Según el maestro, había entrado a la “rubia verde famosa” que va por encima y se llevó, también el rastro. Lo que yo no quería que ocurriese, se acababa de producir. Sentí por dentro culpabilidad por haberlas perdido.
Colocó otras dos en el nuevo bajo y se dedicó a pescar, conmigo a su lado. Otra trucha que sube y otra vez que se suelta. Curiosamente, también, se había llevado el bajo con las dos moscas del Manuscrito. ¡¡¡Vaya tarde!!!
Se monta el tercer aparejo y por fin consigo mi primera trucha a varal y poco más adelante, la segunda. Sólo eso, dos pero, para mí ha significado trasladarme a 1624 y pescar con Juan de Bergara y Lorenzo García. Mi cuerpo vibraba y las sensaciones que he sentido, creo que jamás podré contarlo con letras. Son sensaciones distintas, son otro mundo y como pescador no soy capaz a definirlas.

La pesca a la leonesa, la de varal antiguo, con las moscas del Manuscrito de Juan de Bergara nunca se fue de nuestros ríos. Estaba depositada y casi olvidada pero, ha vuelto para quedarse y esperemos que con el libro de José Luis García “PLUMA, SEDA Y ACERO. LAS MOSCAS DEL MANUSCRITOS DE ASTORGA”, nunca más vuelvan “al baúl de los recuerdos” porque está muy presente y tiene la misma eficacia de antes.

UNA JORNADA EN MUY BUENA COMPAÑÍA

Si a lo que acabo de contar, unimos la amistad compartida a pie de río, el día ha sido lo más bello que he vivido en mucho tiempo dentro del mundo de la pesca. Ojo, no quiero decir que haya sido el día más grande, en cuanto a pesca se refiere, porque sólo he capturado mis dos primeras truchas a varal y nada más pero, he compartido sabiduría de la de antes, la amistad de ayer que ahora no se ve por los ríos y donde los pescadores, casi nunca comparten nada, salvo engaños.

Después, al atardecer, pescando con las moscas de Luis Peña y las de Juan de Bergara, especialmente, con un negrisco de rastro pero, con caña de spinning y carrete, más la boya, hemos sacado los tres varias truchas más y de gran porte pero, no estaban las “pintonas” por la labor de hacernos demasiado felices. El río bajaba con buen caudal y una temperatura de 11º, mientras que la temperatura ambiente era de 29º. Así es imposible pero, se consiguió y con demasía, el objetivo marcado.

La compañía en plena naturaleza, compartida con el MAESTRO JOSÉ LUIS GARCÍA, el profesor de la ULE, RAFA GARNICA, JOSÉ LUIS MÉNDEZ, mi amigo del alma y la llegada de JAVI REYERO, fue excelente. Las viandas, impresionantes.
A la “Pipirana” preparada por Rafa, una especie de gazpacho, que nos refrescó el gaznate y el estómago, se unió la sidra casera, totalmente artesanal, aportada por mí, junto con el queso de Gamoneu, el chorizo de Ezequiel, de Méndez, la empanada del maestro y la tortilla impresionantemente rica, rica, hecha por Mari, especialmente para Rafa y sus amigos. Una jornada inmejorable que habrá que repetir porque el día de pesca no ha sido de lo más decoroso, pese a las capturas posteriores a la pesca con el varal pero, pese a haber conseguido otras cuatro más sin el varal, lo cierto es que la sensación de estar en 1624 sólo la tuve cuando pesqué de aquella forma, no con la de nuestros días.

Conclusión final, aunque ya lo he apuntado más arriba, es que todo estaba inventado hace más de 400 años, y que aquellos antiguos “cacharros y moscas”, gracias a Dios, a Juan de Bergara y José Luis García, está muy presente hoy en día.

Gracias, muchas gracias, José Luis y Rafa y, que continúe ese trabajo de campo que estáis desarrollando con la única intención de acercar, cada día más, LA PESCA A LA LEONESA a todo el mundo.

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