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28 septiembre, 2020

¿Quién me cura el virus de la pesca?…

Con la pandemia del COVID-19  algunos acabaremos en “La Caleyada” que decían en Asturias

Menos mal que nos quedarán los lagos de pesca

Fotos y texto: Eduardo García Carmona

Mientras las aguas del mar se mueven en olas redondeadas que van y vienen meciéndose sobre la arena y chocando contra los acantilados formando superficies sinuosas, cantarinas y alegres, a veces con caras de “pocos amigos”, el agua de las fuentes, los arroyos y los ríos van desarrollando a cada metro sus “sinfonías” de sonidos cristalinos y transparentes que, con un comienzo de hormigas, van creciendo y desarrollándose hasta formar fuertes corrientes que van de un lado a otro serpenteando desde el goteo de las nieves de las montañas, hasta la salida de las cavernas más oscuras de la tierra formando escorrentías que van cobrando vida y dan vida. Así, juntándose, van formando nuestros ríos que nos hacen soñar con la vida que contienen en sus entrañas.

Millones y millones de seres vivos podrían verse a través de un microscopio, formados de millones y millones de partículas que van dando imagen a cada uno de nuestros ríos y sirven, dando vida a la vida, para crear lo que los pescadores llamamos: TRUCHAS, REOS Y SALMONES.

Claro que sí, existen muchos más peces pero “mi virus” y el de varios millones de españoles tiene una única especie: SALMÓNIDO.

¿Y quién me cura a mi éste virus?

Urruzuno
HOTEL EL PASO HONROSO
Cucharillas Edu
Deportes La Picada

Sobre la superficie brillante de agua estoy viendo “bocanadas” circulares. ¿Estaré loco?
Veo bocas formando olas en superficie queriendo atrapar las moscas y mosquitos que vuelan y se posan para continuar el ciclo de la vida y la muerte, la muerte y la vida.

¿Quién me cura éste virus a mí que me está volviendo loco?
Con tantas zambullidas y salidas fuera del agua mi brazo no deja de “tirar” del sedal pero no siento nada al otro lado de la línea.

¿Quién me cura éste virus?
Encima del agua y exponiéndose a la luz de la mañana, la singular pintona continua jugueteando. La veo desaparecer por debajo de las ondas que forma su boca al comer. ¿Dónde irá?
Baja hacia el fondo haciendo su recorrido natural causado por el hambre. Es la vida dibujada como en los cuadros de mi estimado maestro de pinceles, CUARTERO.
Y vuelve a subir y zambullirse tras atrapar el insecto corriendo hacia el lecho del río.

¿Quién me cura a mí este virus?
Vaya dos meses de confinamiento. No aguanto más, necesito respirar y si a los niños los van a dejar salir unas horas al día para “estirar piernas”, a mí me gustaría estirar líneas y, también salir. No entiendo nada pero el “otro virus”, el peor, el malo y asesino, llegado en forma de corona desde un tortuoso “meandro” asiático nos está haciendo cisco.

¿Cuándo podremos salir a pescar?
Es la pregunta del millón, estimados amigos del sedal, la caña y el carrete.

MENOS MAL QUE NOS QUEDAN LOS LAGOS

Al paso que vamos, ni Junio, ni Julio…quizás Octubre, Noviembre o Diciembre. Vamos, se nos va 2020, año que no querré recordar nunca jamás, aunque será imposible, y no saldremos de nuestro confinamiento que, dicho sea de paso es más UNA CÁRCEL física y mental.No creo, amigos del sedal, que podamos salir a pescar al río ésta temporada. Incluso se oyen voces de que, posiblemente, la temporada NO SE ABRA. Sería lo más lógico aunque por mis adentros continúe “mortificándome” con el virus de la pesca.
Menos mal que aún nos quedará la temporada de lago.

Sobre la lógica existen muchos tratados pero sólo voy a desarrollar el del instinto personal, “mi tratado”.
Si ahora saldrán los niños a jugar unas horas y la “historia” es que nos vayan “soltando” por tandas, a los mayores de 60 años no nos van a quedar días para ir al río a pescar.

No entiendo por qué no nos dejan a todos a la vez salir, especialmente a los pescadores…jajaja, si, si, me río de mí mismo pero, son las ganas de soltar éste virus que me aprisiona en casa, físicamente, y la mente me la está destrozando de tanto pensar en salir a pescar.
Menos mal que nos quedan los lagos, digo porque “uno” a punto de cumplir el número “guarro”, el seis para arriba y abajo, no se si me incluirán en los de más de 60, o los que estamos a punto de llegar a los 70 y por eso creo que menos mal que nos quedan los lagos.

Esta expresión, “menos mal que nos quedan los lagos” que la dijo mi amigo y compañero de pesca, BENITO LOZANO, con quien comparto éstos días de confinamiento “minutos de teléfono”, al igual que lo hago con el resto de la cuadrilla: José Luis, Chingli, Beni y Marcos.
Este último, también está confinado, aunque en Arabia Saudita y por motivos de trabajo. Marcos fue quien le dijo a su padre: “dile a Eduardo que aún nos queda la temporada de lago”. Qué razón tiene.

Con Benito y Marcos, padre e hijo, he compartido grandes momentos de vida y pesca en especial éste año 2020 en su “nacimiento”. Han sido muchas las jornadas de pesca en tres lagos: El Arenero (Asturias), Jabares (León) y Renedo (Palencia).

Reconozco que no me atrae mucho el ir a pescar a los lagos porque, en ocasiones, me suelo aburrir, prefiero el río. Soy más de ir al río y caminar por la orilla atento al sonido del aire, del agua, de los pajarillos pero, “a falta de pan, buenas son tortas” y aunque me aburra estar confinado, también en un lago, donde en muchas ocasiones si te mueves, pierdes el puesto, como que no. Si encima el agua no se mueve, que no, y tan sólo cuando la fuerza del viento riza el manto superior del estanque es cuando las truchas comen o las puedes engañar, apaga y vámonos.

Lo cierto es que he pasado grandes jornadas de pesca en lago, aunque las menos porque, para mí, no es ir a pescar y sacar muchos peces un día, dos o catorce cuando “la cuba” de la piscifactoría de turno suelta mil kilos de peces en las aguas estancadas. Ir a pescar es “otra cosa” de ahí lo del virus.

En los lagos te quitas el estrés, sí. En los lagos, también, respiras aire más o menos puro. En los lagos, disfrutas de la amistad de los compañeros y amigos. En los lagos, te vas “quitando lo mayor” de la pesca, o sea, “el vicio” de sentir la tensión de la picada.

Mi estimado Marcos Lozano, no quiero quitarte la ilusión porque sabiendo que vienes en Navidad, como el del anuncio, que menos que acompañarte y disfrutar junto con tu padre de jornadas como las vividas, pese a los madrugones. En ti es normal que vengas como “un miura” a pescar porque lo llevas en vena desde que te “amantó” mi estimada Merce, tu madre, allá por el río que pasa por La Robla (León) de tus recuerdos y vivencias infantiles, juveniles y de la pubertad cuando en la frontera de ser mayor te estabas formando para ser algo el día de mañana. Normal que vengas como “un miura” para ir a pescar en Navidad a los lagos de la zona y, seguro, que volveremos a disfrutar “el trío pesquero” de grandes momentos, seguro.

Aquí te esperamos, chaval, con las cañas preparadas porque será lo que nos quede a tu padre y a mí metidos en esa línea que marca “Fray Pinocho con Fray Coletas” para que los “mayores” seamos los últimos en salir del confinamiento. No lo termino de entender pero, es lo que hay.

Resignación, Benito y a esperar a que llegue Setiembre porque, como dice la canción “cuando llegue Setiembre, todo será maravilloso” y, si no es Setiembre, tendremos, Octubre, Noviembre y Diciembre y toda la vida que nos de Dios para poder seguir disfrutando de nuestro “vicio” o nuestro virus de la pesca porque, aún, no se ha conseguido la vacuna como no sea la de salir al río en buena compañía y amistad pero, como apuntaba Marcos, “menos mal que nos quedan los lagos de pesca” porque si no acabaríamos como los locos a los que, antiguamente en Asturias, encerraban en La Caleyada y así no me gustaría terminar.

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