Ir a la barra de herramientas
13 julio, 2020

Sensaciones de estar pescando en 1624…

…con Juan de Bergara y Lorenzo García y en el Porma

La “rubia verde famosa” me dio dos satisfacciones
y un arranque donde la trucha se llevó dos moscas

Una jornada inolvidable con José Luis García “Pluma,
Seda y Acero. Las moscas del Manuscrito de Astorga”,  Rafa

de Garnica, el profesor de la
Universidad de León y gran amante de la pesca y José Luis Méndez, mi amigo y
compañero de aventuras por los ríos…

Y la delicia de la tortilla de Mari, “la pipirana” de Rafa,  el queso de Gamoneu, el chorizo de

Ezequiel,
la empana casera y la sidrina casera, marca del primo de mi mujer…
 

————————————————————————————————————-

Texto y fotos: Eduardo García Carmona-Rafa Garnica y JLG

—————————————————————————————————-

Pese a desearlo, nunca había podido pescar en compañía de
Juan de Bergara y Lorenzo García, como así se les conoce en el mundo del
“celuloide” en el documental ESCRITO CON PLUMAS. Me refiero a eso dos
magníficos amantes de la pesca a la leonesa que desarrollaron nuestros
ancestros y que demuestra una vez más que en esto de pescar todo está inventado
desde mucho antes de 1624, aunque esa fecha signifique el inicio del Manuscrito
de Astorga que todos conocemos sin llegar a “palparlo” y que llegamos
a “adorarlo” por su significado para León y los leoneses, y que otros
muchos desechan sin darse cuenta de estamos, desde entonces, con la pesca
definitiva. Lo demás, amigos pescadores, son inventos para pescar. Me explico.

He sacado mis dos primeras truchas a varal y con las moscas
del Manuscrito de Astorga, emulando a los maestros Bergara y García. En el
varal de avellano, dos varas empalmadas a la antigua usanza con bramante, sólo
llevaba un puntero del que pendía un trenzado realizado con “crines de
caballo”, como manda el Manuscrito. Un empalme, hilo o bramante y dos
moscas auténticas del Manuscrito, de

las que llegó a descifrar y confeccionar
José Luis García González, un leonés al que los pescadores de esta
especialidad, y de la que sea, deberían hacerlo UN MONUMENTO por lo que está
haciendo por León y la pesca a la leonesa, y por su trabajo en rescatar lo más hondo
de nuestros antepasados en la pesca con varal y moscas.

SENSACIONES DE ESTAR PESCANDO EN 1624

No es fácil pescar, a estas alturas con tanta sofisticación
de cañas y señuelos, con un simple “palo” de avellano. Mejor dicho
dos y empalmados de la forma más tradicional, como se puede ver en la
fotografía, y sin carrete, solo a pulso, manteniendo el varal, y lanzando con
delicadeza.

Primero, ha sido José Luis García quien, como maestro de
ceremonias, me introdujo en lo más básico. Después,

con todo mi cuerpo en
tensión, he intentado lanzar con el varal. Ha sido una primera sensación de
algo distinto, muy diferente a lo que he realizado pescando a lo largo de mis
más de 40 años en los ríos de León, especialmente, y de medio mundo.

Primero, las moscas del Manuscrito que son distintas pero
iguales a las de hoy. Eso sí, con pluma de gallos de los de antes y mezcla de
picapez y otras aves, que son complicadas de conseguir hoy en día por estar
protegidas

muchas de ellas. El tamaño de las moscas es mucho mayor. La pluma,
abundantemente generosa. La cabeza, como muy tosca por estar hecha a la antigua
usanza.

Me preguntaba, ¿y si pierdo una de ellas, sabiendo el
trabajo que le da a José Luis García confeccionarlas? En cada una de ellas,
hecha un dicha para hacerla.

Responsabilidad lo primero y lo segundo, lanzar armando la
“cola” compuesta de crines de caballo y las dos moscas que componen
cada lance, colocándolas lo más próximo a lo que me indicaba el maestro.

Poco a poco, lo fue consiguiendo, especialmente, cuando sus
palabras me tranquilizaron para hacer el lance lo más sencillo posible, sin
lugar a dudas, y teniendo el objetivo en mi mente. La

cadencia en el lance es
primordial, y la delicadeza en la posada, también. El lance se hace frente a
uno, y a no más de cinco o seis metros. Después, un paso hacia abajo, o dos, y
otro lance. Así continuamente.

El maestro me decía que no hacía falta repetir la tirada en
el mismo lugar o sitio y, de repente…¡zassss!!

Mi primera trucha a varal y con las moscas del Manuscrito
que entra. La sensación es indescriptible, hay que sentirlo para poder opinar.

Nunca, nunca había tenido esa sensación. Parecía que la
trucha me había entrado a mi propia mano, o al

menos eso fue lo que sentí. Tres
tirones como nunca en mi vida había sentido, y el truchón, que lo era, se
escapó. Normal, me dice el maestro, estamos pescando sin muerte, si Juan de
Bergara estuviese con nosotros, otro cantar sonaría pero la pesca hoy en día es
así y muchas se escapan…

Otros dos o tres a continuación, y nada.

José Luis, me pide el varal. Mira, y tras las crines de
caballo no había nada. La trucha que había trabado se llevó las dos moscas y el
bajo colocado. Según el maestro,

había entrado a la “rubia verde
famosa”, que va por encima y se llevó, también el rastro. Lo que yo no
quería se acababa de producir. Sentí por dentro culpabilidad por haberlas
perdido.

José Luis colocó otras dos en el nuevo bajo y se dedicó a
pescar, conmigo a su lado. Otra trucha que sube y otra vez que se suelta.
Curiosamente, también se había llevado el bajo con las dos moscas del
Manuscrito. ¡¡¡Vaya tarde!!!

Se monta el tercer aparejo y por fin consigo mi primera
trucha a varal y poco más adelante, la segunda. Sólo eso, dos pero, para mí ha
significado trasladarme a 1624 y pescar con Juan de Bergara y Lorenzo García.
Mi cuerpo

vibraba y las sensaciones que he sentido, creo que jamás podré
contarlo con letras. Son sensaciones distintas, son otro mundo para la pesca y
el pescador que significan que todo estaba inventado y que nada está obsoleto,
aunque nos empeñemos, por modismos, en erradicarlo.

La pesca a la leonesa, la de varal con las moscas de Juan de
Bergara nunca se ha ido de nuestros ríos. Estaba depositada y casi olvidada
pero ha vuelto para quedarse y esperemos que con el libro de José Luis García
“Pluma, Seda y Acero. Las Moscas del Manuscritos de Astorga”, nunca
más vuelvan “al baúl de los recuerdos” porque está muy presente y
tiene la misma eficacia que siempre.

UNA JORNADA EN MUY BUENA COMPAÑÍA

Si a lo que acabo de contar, unimos la amistad compartida a
pie de río, el día ha sido lo más bello que he vivido en mucho tiempo dentro
del mundo de la pesca. Ojo, no quiero decir que haya sido el día más grande, en
cuanto a pesca se refiere, porque sólo he capturado mis dos primeras truchas a

varal, y nada más, pero he compartido sabiduría de la de antes, amistad de ayer
que ahora no se ve por los ríos y donde los pescadores, casi nunca comparten
nada, salvo engaños.

Después, al atardecer, pescando con las moscas de Luis Peña
y las de Juan de Bergara, especialmente, con un negrisco de rastro, pero ya con
caña de spinning y carrete, más la boya, hemos sacado todos varias más y de
gran porte, pero no estaban las “pintonas”

por la labor. El río
bajaba con abundante caudal y una temperatura de 11º, mientras que la
temperatura ambiente era de 29º. Así es imposible, pero se consiguió y con
demasía, el objetivo.

La compañía, en plena naturaleza, compartida con el maestro
José Luis García, el profesor de la ULE, Rafa Garnica, José Luis Méndez, mi
amigo del alma, y la llegada de Javi Reyero, fue excelente. La viandas,
impresionantes.

A la Pipirana preparado por Rafa, una especie de gazpacho, que
nos refrescó el gaznate y el estómago, se unió la sidra casera, totalmente
artesanal, aportada por mí, junto con el queso de Gamoneu, el chorizo de
Ezequiel, de Méndez, la

empanada del maestro y la tortilla impresionantemente
rica, rica, hecha por Mari especialmente para Rafa y sus amigos. Una jornada inmejorable que habrá que
repetir porque el día de pesca no ha sido de los más decoroso, pese a las
capturas


posteriores al varal pero, pese a haber conseguido otras cuatro más
sin el varal, lo cierto es que la sensación de estar en 1624 sólo la tuve
cuando pesqué de aquella forma, no con la de nuestros días.

Mi conclusión final, aunque ya lo he apuntado más arriba, es
que todo estaba inventado hace más de 400 años, y que aquellos antiguos
“cacharros y moscas”, gracias a Dios, Juan de Bergara y José Luis
García, está muy presente hoy en día. Gracias, muchas gracias y que continúe ese trabajo de campo que estáis desarrollando
 con la única intención de acercar, cada día más, la pesca a la leonesa a todo el mundo y que finalizará en un segundo libro, que espero y deseo sea mejor, incluso que el primero.